Internacional LGTBI-GSD

Por una Chechenia libre

Chechenia no quiere homosexuales. Su tradición y cultura no lo permiten. Es por eso que están tomando cartas en el asunto y has iniciado una purga.

Pero vamos a adentrarnos un poco en Chechenia antes de seguir denunciando dicha purga.

Chechenia es una república de la Federación Rusa ubicada en el norte del Cáucaso y a menos de 100 kilómetros del mar Caspio, en la parte más meridional de Europa del Este. Su religión predominante es el Islam desde que se convirtieran al Islam sunní entre los siglos XVI y XIX.

Es bien sabido que religión y diversidad sexual no son afines, tanto la religión cristiana católica como el islamismo; aunque bien es cierto que este último parece mostrar un mayor rechazo hacia el colectivo LGTB como por ejemplo en países como Marruecos, donde el mero hecho de ser homosexual es castigado con pena de cárcel o con una multa y hace que vivas con la incertidumbre de que te apalicen si descubren una orientación sexual diferente a la heterosexualidad.

Este es el caso de Chechenia, donde en abril, gracias a la periodista Elena Milashina del periódico ruso Novaya Gazeta sale a la luz la posible existencia de innumerables torturas cometidas a homosexuales y toda persona sospechosa de pertenecer al colectivo LGTB, y así “limpiar” el país de hombres que tengan una “orientación sexual no tradicional”. Según declaraciones de prisioneros liberados “varias veces al día nos golpeaban para intentar sonsacarnos información: querían hacer una lista de contactos. Para ellos, el hecho de que hayas sido tomado como rehén comprometía a toda tu lista de contactos telefónicos de ser probablemente homosexuales. Por esto mismo, nos prohibían apagar nuestros teléfonos a la espera de recibir algún mensaje o llamada. Cualquier hombre que llamase o escribiese algún mensaje se convertía en una nueva víctima. A menudo, las personas eran invitadas a través de señuelos para ser posteriormente capturadas.

Tras salir a la luz las declaraciones de Milashina, obligada a ocultarse por amenazas de muerte, que afirmaban la existencia de “campos de concentración” para homosexuales, han sido personalidades y asociaciones en pro de los Derechos Humanos las que están pidiendo desde abril, fecha en la que salió a la luz la noticia, que el gobierno ruso tome cartas en el asunto y se acaben las torturas y detenciones. La ONU (Organización de Naciones Unidas) se hizo eco sumándose a los repudios, condenando y denunciando la persecución y acusando al país de cometer serias violaciones de las leyes internacionales de los Derechos Humanos.

Se ha pronunciado también el portavoz de Chechenia, Alvi Karímov alegando que: “Si los homosexuales existieran en Chechenia, las fuerzas del orden público no tendrían que preocuparse de ellas: sus propias familias se encargarían de enviarlas donde no pudiesen volver”

Para las familias chechenas el honor es lo más importante y sagrado. Si un miembro de la familia es homosexual, el resto de familiares deben limpiar su imagen y restaurar el honor perdido cobrándose la vida de aquellos marginados por la tradición y la cultura del país.

El hecho de ser homosexual afecta además al resto de familiares, como nos contaba un chico asustado pero que no quiere huir de su país ya que eso supondría la deshonra para su familia y para su hermana, que no podrá casarse. Para ello tienen pensado casarse cuanto antes y poder encubrir su orientación sexual.

Según los datos recogidos del diario ruso que siguió el caso, la Red Rusa LGTB comenzó a recopilar información y denuncias de testigos de detenciones o supervivientes de los campos de concentración, y lograron contabilizar por lo menos tres hombres asesinados, sin ser esta cifra clara dada la dificultad para confirmar las distintas hipótesis.

En una entrevista a Nikita Safrónov, periodista y activista de derechos humanos en Rusia, conocemos un poco la situación que él vive en Rusia, país homófobo en el que se distingue un poco de claridad. Pese ser abiertamente homosexual no tiene problema con nadie; pero ser aceptado no es lo habitual.

Nos cuenta que Rusia no prohíbe el hecho de ser homosexual sino la “propaganda”, como por ejemplo una manifestación.

Ha formado junto a otros periodistas y militantes de los derechos humanos un colectivo para ayudar, en conexión con la Red Rusa LGTB, a evacuar a aquellos en riesgo comprándoles billetes para escapar de Chechenia y también de Rusia. “El proceso no es tan rápido porque tenemos un protocolo de seguridad para no poner en riesgo nuestras vidas, porque puede haber infiltrados. Por eso ninguno en la red dice su nombre, nadie tiene direcciones ni teléfonos. El protocolo es muy riguroso.” Se consiguen por medio de donaciones y han logrado realizar al menos una decena, pese a tener tantas otras pendientes.

El hecho de que Rusia no haga nada es la poca capacidad de miras que tiene el gobierno, donde los partidos que llegan al parlamento tienen todos la misma ideología política ya que el resto ni siquiera llega a él.

Poco a poco se ve más movilización por parte de sociedades de distintas partes del mundo, ya que el colectivo LGTB tiene una gran aceptación, hecho que hace unas décadas habría parecido algo muy lejano.

La defensa de la libertad sexual es fundamental para tener un mundo diverso y donde ser aceptado no sea un sueño para algunos sino una realidad.

Es por ello que celebraciones como el día del Orgullo (este año celebrado en Madrid como capital mundial) son un gran paso en la lucha a favor de la diversidad sexual.