Feminismo

Relato de una esquina cualquiera

Estás en camino a la facultad. Deberías haber llegado a clases a las 11 a.m., pero te retrasaste media hora porque hoy decidiste vestir diferente. Probaste una camisa rosada, pero no te sentías bien usando una prenda con florcitas, te pareció demasiado infantil, así que preferiste cambiar el atuendo y vestir un suéter de un color más avejentado con un jean ajustado.

Llegando a la esquina, ves que se aproximan: ellos visten remeras de manga corta, bermudas y zapatillas. Son dos. Cargan con bolsas de almacén, que parece pesadas. Cuando te ven, el más alto se te acerca. Te inspecciona desde los zapatos, pasando por la cintura y los pechos, hasta la cara. En ese punto detiene la mirada, da un paso adelante y dice con su voz gozosa: “hola, mi amor”.

Respondes con un ceño fruncido. Sin palabras, no sabes qué decir, te desestabiliza la aproximación sin tu consenso. Das dos pasos para tratar de seguir y esquivarlos. En ese instante, el que intentó entablar diálogo se lanza encima tuyo, chocándote con su cuerpo. Pretende besarte. Mientras, el otro ríe con las bolsas de los mandados tambaleando.

 Te sentís débil, no sabes defenderte y nadie te va a defender ahora, ni después. Ahí, en esa esquina, en esa calle, estaban ellos y vos, pero la situación en tu mente se dibujó como ellos o yo.

Sólo atinas a correr, alejarte, dejarlos atrás.

No te mataron, ni te violaron, así que no necesitas reclamar escribiendo paredes. No sos un caso especial, sos una más del montón.

Al fin y al cabo, sos una muchacha linda y joven que le atrae a los hombres: qué raro que no te sientas halagada.

 

Juana Lo Duca
Estudiante de Ciencias de la Comunicación Social en la UBA. @Jualoduca en Twitter. Apasionada por la Psicología social, feminista y ácrata. La palabra como arma.