Antifascismo Artículos de opinión

14 de Abril: Lo de la corona es lo de menos

El catorce de abril de 1931 se instauraba en España la Segunda República y, a pesar de sus luces y sus sombras, fue uno de los períodos de mayor auge social, político y cultural: se instauró el voto femenino, el divorcio, la Institución libre de enseñanza, llevar misiones pedagógicas a zonas rurales que no contaba con casi con métodos educativos o la laicidad. Tristemente, todos estos logros junto con la posibilidad de una mejora de las estructuras republicanas llegan a su fin con el alzamiento militar y la posterior victoria del bando nacional. Esto, como es obvio, no solo suponía la disolución de un sistema político sin un rey, puesto que, lo que importaba, lo que verdaderamente se perdía era la posibilidad del progreso. Entiéndase que cuando hablamos de progreso no nos referimos a la semántica capitalista, sino a una semántica que es acorde a la Justicia, llamarlo como queráis, marxista, anarquista o socialista. De hecho, el Franquismo detuvo el tiempo, más bien, la historia, puesto que el individuo no fue motor de nada, ni de cambio ni de avance. Da igual que nos movamos en un concepto de historia más cercano a Hegel o a Marx, ya que, simplemente, la historia no era, ni en un sentido ni en otro. Si no recuerden aquellos párrafos del Cuarto de atrás de Carmen Martín Gaite. También, es cierto que, desgraciadamente, la Transición tampoco supuso la vuelta al Progreso, es decir, un restablecimiento de unas instituciones que estuviesen con el pueblo, que no continuaran con el capitalismo instaurado por el tardofranquismo y el arribismo. No es extraño que Chirbes nos recuerde ese marjal, ese pantano lleno de mierda, de los platos sucios que no se quisieron limpiar y fue mejor ahogarlos.

Cabe, pues, preguntarse si el neorepublicanismo, como ocurre con un montón de movimientos, no es más que una moda postmoderna que, siguiendo los postulados de Foucault, es el enemigo o el rival necesario del poder hegemónico. Es obvio que, primero, se ha de distinguier entre la historia y la memoria. La primera no sirve de nada, no es más que la suma de acontecimientos históricos que marcaron el rumbo de una determinado abstracción llamada país. La segunda es la última posibilidad de justicia después de la masacre y la derrota: es deber de cualquier republicano, recordar pero no solo con imágenes en blanco y negro de la caída de Madrid o de los maquis, sino también poniendo nombres y apellidos, devolviéndoles su lugar a los exiliados y muertos famosos o no. No se trata, pues, de sacar la bandera republicana a relucir cada 14 de Abril, se trata de recordar todo aquello que había detrás de esa bandera, puesto que más allá de la forma que haya tenido en concreto en el Estado español, lo importante es que ha sido la primera vez que la Justicia y la Verdad se impusieron al yugo tiránico del tiempo y su injusticia, capitalista o feudalista. No caigamos, pues, en los tópicos ni en las imágenes bonitas, leamos, devolvamos a cada uno a su lugar, recordemos, no dejemos que el Franquismo siga funcionado, al menos, ideológicamente. Es cuestión de Justicia, Igualdad. Es deber para con aquellos que lucharon, que perdieron pero que jamás se rindieron.

 

[La imagen de la portada corresponde al Campo de los Almendros, campo de concentración provisional que formó después de la caída de Alicante y del agónico final de los republicanos en el puerto de dicha localidad]