Feminismo Latinoamérica

Invisibilización laboral

A principios del siglo XX la mujer era relegada de actividades referentes a la situación del país. No podía votar (¡gracias al sufragismo por existir!), no poseía pensamiento propio, no era un foco importante en la sociedad y por tanto sus logros intelectuales, artísticos o deportivos carecían de reconocimiento. su rol en la sociedad se basaba en ser madre, hija, cocinera, ama de casa, costurera,… Durante un proceso histórico progresivo se han ido inculcado valores laborales que han condicionado tanto a hombres como a mujeres, centrándoles en diferentes ámbitos completamente condicionados por unos estereotipos sexistas y machistas.

La situación era parecida en todo el mundo; pero a medida que surgían movimientos revolucionarios, la mujer empezaba a abrirse camino ante la imagen patriarcal que ejercía el hombre en la sociedad. Las mujeres, aunque seguían siendo relacionadas por ser hija o esposa de, cada vez tenían más peso en decisiones antes impensables, como el mundo laboral, siendo empresarias, dueñas de negocios, con un esfuerzo que empezaba a ser reconocido, o incluso científicas, con mentes tan brillantes que nos han dejado un legado y unos avances muy importantes que a ojos del mundo son invisibilizados por la relevancia social masculina.

Otro ámbito en el que esta invisibilización laboral sigue presente es en la gran pantalla. Hoy día es cierto que hay cada vez más papeles femeninos alejándose del modelo machista y más mujeres detrás de las cámaras; pero hay muy pocas directoras de cine con reconocimiento, y muchas de ellas no son precisamente directoras que acaban de empezar. Sí, tenemos a Sofía Coppola, a Pilar Miró, Isabel Coixet o Kathryn Bigelow; pero hay muchas otras que no han alcanzado la fama dada la influencia y presencia del valor masculino en las productoras cinematográficas.

Con los movimientos revolucionarios que surgen poco a poco en los distintos países las cosas cambian. En el caso de Latinoamérica, con la revolución cubana la mujer comenzaba a reclamar su lugar en los mass media y se decide mostrar a la mujer como heroína y con capacidad de decisión. Es mediante la reivindicación cuando el rol femenino cambia. En la cuna de Latinoamérica es donde crece Gabriela Samper, primera directora de cine colombiana.

Su pasión por el cine, el teatro y su actividad en movimientos políticos le abren las puertas en una época complicada. Cuando ella decide hacer cine, la poca participación femenina en el “mundillo” se limitaba a las maquilladoras, encargadas de vestuario, alguna asistente de dirección y, bueno, actrices,

Estudió Literatura inglesa y cuento corto en Nueva York; además de danza, Filosofía y Letras, y enseñó durante varios años inglés, Historia y danza. Viajó en busca de conocimientos por Europa y Estados Unidos y descubrió su interés por los elementos autóctonos, rescatando tradiciones colombianas.

Buscaba con su cine recuperar el arte para toda la sociedad y en especial para quienes carecían de recursos y para quienes estaban en contra de la homogenización de pensamiento, trabajo o comportamiento. Para ello se inmiscuía en el entorno que quería reflejar en su cine y que constituían cortometrajes de unos 30 minutos. En El Páramo de Cumaday, ella y parte de su equipo viven con campesinos para poder escuchar las historias que tienen que contarles y familiarizar a esas gentes con la cámara a fin de generar naturalidad; operación que también realiza en El hombre de la Sal o en Los Santísimos Hermanos.

Llegaron tiempos oscurantistas de persecuciones a artistas, campesinos, intelectuales o indígenas, y Samper fue apresada bajo la acusación de pertenecer a una célula del Ejército de Liberación Nacional, que tras ser torturada y maltratada en prisión, es desterrada a EEUU enferma. Es en 1974 cuando decide volver a su tierra natal, donde muere a los 56 años.

Gabriela abrió el camino a todas las mujeres que vendríamos después; poniendo todo su empeño en sacar adelante aquello en lo que creía, llegando a la quiebra y a ser juzgada por intentar culturizar y hacer pensar a la sociedad de la época.

Con ejemplos como este se ve el esfuerzo que ha tenido que hacer la mujer para incursionarse en el mundo laboral y las trabas que se le han impuesto, y sí, es cierto que la situación ha cambiado desde entonces, y sí, la mujer actualmente forma parte de todos o casi todos los diferentes puestos de trabajo, y sí, es cierto que cuenta con un apoyo social que va en aumento y que hace que se valore a la mujer por su dotes intelectuales; pero no es cierto que haya desaparecido la imagen tradicional de mujer como objeto de deseo y su belleza sigue estando considerado como su “punto fuerte”, no es cierto que haya total igualdad laboral en cuanto a puestos y salarios, no es cierto que no haya reticencias a aceptar a una mujer en determinados puestos de trabajo sin cuestionar antes un “¿Y tienes pensado tener hijos en un futuro?”.

En esta tabla vemos una clara diferencia porcentual dividida por tipos de trabajos y sexos y donde se aprecian diferencias que varían de un año a otro. La presencia femenina es cierto que es mayor en trabajos administrativos (la “típica” secretaria que llevamos viendo en el cine desde la incursión de la mujer al mundo laboral, a las órdenes de un jefazo), en trabajos de servicios de restauración, y en un ámbito impensable hasta hace no tantos años: como técnicos y profesionales científicos e intelectuales. Trabajos arraigados a la figura masculina como los relacionados con el sector primario y secundario o con las directivas de las empresas siguen siendo mayoritariamente ocupados por hombres, pero es gratificante ver como aumentan las cifras para el sector femenino. ¡MINIPUNTO PARA NOSOTRAS!