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Dobles por duplicado

Un individuo que descubre que existe otro ser con su misma voz y apariencia es una trama, cuando menos, singular; ésta se ha contado en numerosas ocasiones en obras literarias, pero su presencia en el cine ha sido mucho menor; sería en 2013 cuando, no solo una, sino dos películas, tratarían este tema.

La primera sería Enemy, de Denis Villenueve, director que ha estrenado recientemente La llegada y que está preparando tanto Blade Runner 2049, esperada secuela de la película de Ridley Scott, como Dune, y que se atrevería en Enemy a realizar una adaptación (muy) libre de “El hombre duplicado” de José Saramago; en la película, un modesto profesor de universidad descubre por casualidad a un actor idéntico a él, provocando ésto que quiera conocerlo en persona; la película, mas allá de un montaje algo tramposo, nos guía a través de una historia sencilla contada con cierta complejidad en la que se entremezclan imágenes de corte subjetivo con otras escenas cotidianas; en su conjunto, Enemy no posee grandes pretensiones filosóficas/psicológicas y se entiende más bien como un thriller de lo más original, eso sí, todos aquellos que padezcan de aracnofobia, que se mantengan alejados del filme.

 

En la segunda, El doble, Richard Ayoade (cuya anterior y primera película, Submarine, es altamente recomendable) se atrevería a adaptar la novela del mismo nombre de Dostoyevski; en la película, un oficinista que lleva trabajando 7 años en el mismo puesto pero no obtiene el reconocimiento que se merece por parte de sus compañeros de trabajo, es sorprendido al descubrir que el nuevo trabajador de la empresa es idéntico a él, aunque nadie parece darse cuenta de éste hecho, salvo el propio doble, que usará al protagonista para conseguir un éxito que no se merece. La película realiza, a través de ciertos toques de humor negro, una constante crítica social para contar su historia, teniendo además un alto contenido tanto filosófico como psicológico.

 

Teniendo en cuenta la premisa de ambas películas, y a pesar de que se estrenasen el mismo año, ambas lo hacen de maneras radicalmente distintas, consiguiendo resultados completamente diferentes. Enemy es una especie de puzzle cuyas piezas van apareciendo poco a poco en la narración (que resulta por momentos angustiosa) consiguiendo finalmente que el espectador mismo sea el que junte la piezas y entienda lo que ha pasado; aún así, la película deja momentos (como la escena final) que cada espectador podrá interpretar de la manera que considere adecuada. El doble, sin embargo, no busca eso, sino que cuenta un relato que a pesar de centrarse en un sujeto determinado, podría generalizarse y hablar de cualquier individuo, planteando cuestiones filosóficas que llevan siendo realizadas casi desde el inicio de la filosofía.

Es por ello que, ni ninguna de las dos es más recomendable que la otra, ni tampoco se puede decir que alguna de las dos consiga expresar mejor la idea de un individuo que cuenta con un doble suyo, pues, por suerte, ambas películas cuentan con identidad propia y abordan la premisa a su manera.