Artículos de opinión La Partisana

Yo también me masturbo

Siempre que se habla de la masturbación suele aparecer acompañada de sintagmas que connotan una cierta masculinidad falocentrista. De hecho, muchos disfemismos del término masturbación tienen que ver con el aparato reproductor asociado a los hombres: “hacerse una gayola”, “sacudírsela”, “hacerse una paja”, “cascársela”, etc. En cambio, en caso de la mujer, y moviéndonos en parámetros cisexista, parece que carece de una sexualidad, digámoslo así propia. Asimismo, es muy difícil para una mujer, en un ámbito menos privado, afirmar o reconocer que se masturba; obviamente, es muy difícil que alguna bromeemos sobre el tema y reconozcamos alguna de nuestras fantasías en tono satírico. No caben muchas dudas sobre el tabú de la masturbación femenina.

En primer lugar, ¿qué hay de malo en masturbarse? Obviamente, nada. La pregunta es casi retórica, pues, desde luego, que no cabe ninguna respuesta. En cambio, son muchas las ocasiones, y ya no solo en el caso de la mujer, en la que masturbación se ve como un fracaso. Ello suele ser porque se considera peor o inferior al sexo con otra u otras personas. Claro está que esta jerarquía no tiene más base que la de considerar el sexo como un logro, un triunfo, sobre todo, en el caso de los hombres que necesitan “cazar”. El problema, además de ser un argumento y una forma de concebir la sexualidad cisheteropatriarcal, es que el sexo tiene muy poquito de competición, y mucho de disfrute, de descubrimiento, de goce, de alegría. Así pues de ninguna manera es necesaria una segunda persona, puesto que cualquiera puede querer satisfacer aquellas fantasías que no pueden hacerse realidad, masturbarse pensando en el chicx que viste y que te recordó a tiempos pasados o descubrir cuál es la mejor forma de frotarte el clítoris. De igual modo, hay personas que prefieren tener relaciones consigo misma antes que con otras personas por los motivos que sean. Y, sin lugar a dudas, las mujeres, también, se masturban y sus motivos no son una escasez de sexo o cualquier otra posibilidad patriarcal descabellada.

Por tanto, las mujeres nos masturbamos y las feministas tenemos que entender que ser pro-sex no implica la defensa de una sexualidad exhibicionista, dantesca y liberal económicamente hablando, sino una sexualidad natural, donde quepamos todas y se respete nuestro placer. Del mismo modo, este feminismo debe abogar por una nueva forma de sexualidad que se aleje de lo ya conocido y se base en escuchar al propio cuerpo y deseo más allá de los imperativos sociales o políticos. Por ello, es clave defender y visibilizar la masturbación, pues nuestros referentes a la hora de aprender a darnos placer están imbuidos en un sistema cisheteropatriarcal y la única solución es jugar, aprender y escuchar a nuestro placer. Para ello, en muchas ocasiones, no hay nada mejor que la masturbación. Así que sí, señoras, practiquemos el onanismo si nos apetece y dejemos volar la imaginación (la policía del sexo no puede intervenir nuestras fantasías eróticas).