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¿Identidad andaluza?

El regionalismo andaluz y, más tarde, nacionalismo andaluz debe su consistencia en gran medida al reconocido Blas Infante. Este dotó al territorio andaluz de algunos de los marcadores de identidad indispensables para la configuración de la misma – en este caso, cultural –; la bandera y el escudo andaluz – a los que han de sumarse el himno de la mano del compositor José del Castillo -. Sumándose estos al indispensable: el dialecto.

Blas Infante en su obra El Ideal Andaluz (1913-1936) abordó gran cantidad de cuestiones que concernían a Andalucía y la transformación de su realidad, por ejemplo, económicas – influenciadas por la ideología georgista –. Con este, los expertos en materia sostienen que el político andaluz buscaba la categorización política de “un pueblo”, es decir, del pueblo andaluz.

La identidad andaluza cuenta con la “ventaja” de que no se ha construido como una identidad predatoria, a la que Appadurai en El rechazo de las minorías definiría como aquella que necesitara de la extinción de otras categorías sociales similares y este, considero que es un elemento que dota de muchas pistas a la hora de determinar el estado actual del andalucismo.

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Así mismo, atendiendo a la clasificación de identidades que realiza Manuel Castells podríamos catalogar a la identidad andaluza como una identidad proyecto, es decir, elaborada para cambiar la posición de dichos actores dentro de la sociedad.

También, como ya se ha comentado, existen elementos culturales que alimentan la creación de dicha identidad, elementos que buscan, en parte, marcar las diferencias con el resto de regiones o naciones para constituirse de este modo como un sujeto político distinto.

Los andaluces no gozan de una fuerte identidad como pueblo, a diferencia de otras regiones como podría serlo Cataluña. Aun así, hay que tener en consideración que uno de los rasgos característicos de las identidades es que son cambiantes y, al ser realidades construidas, no tiene, en este caso y en cualquier otro, que mantenerse como una identidad débil dentro de un periodo indeterminado de tiempo.

A pesar de todo lo anteriormente comentado, una cuestión que resulta bastante atractiva con respecto al nacionalismo andaluz, es que no arrastra un componente ideológico definitorio. En otras palabras, la identidad andaluza no está ligada a una postura ideológica determinada, sino que rebasa esos límites – a diferencia de lo que ocurre con la débil identidad española –.

Esta desideologización de la identidad andaluza puede ser útil, aunque en un primer momento no lo pudiera parecer, en el ámbito de la acción política a la hora de atraer a personas no involucradas en la lucha social. Pero, aun así, la utilización de la despolitizada identidad andaluza para expandir las demandas sociales planteando únicamente como nexo de unión que estas se producen en el mismo territorio – concebido como Andalucía –, puede desembocar en la lucha por la independencia andaluza como – única – vía para conseguir las mejoras sociales-económicas que tanto ansiamos, en otras palabras, como un requisito para la salvación.

Por lo tanto, y al hilo de todo lo anterior, la identidad andaluza además de estar dotada de un carácter – por el momento – débil, roza la ambigüedad como consecuencia de su bajo nivel de politización. Como cantó la agrupación carnavalesca “Yesterday” en su conocido pasodoble Aunque diga Blas Infante:

“Vamos a ponernos serios

que vamos a cantar el himno

los andaluces queremos

volver a ser lo que fuimos.

 

Lo que fuimos antiguamente

pobrecitos y vasallos

siervos de terratenientes

y de chulos a caballo.

 

Si este pueblo se disparata

con la boda de un matavaca

y la niña de una duquesa,

si este pueblo se le arrodilla

a una espada y a una mantilla

este pueblo me da vergüenza,

menos rollos de verdes mares

de campiñas y de olivares

que así luego nos luce el pelo.”

Andalucía es una región en la que se refleja la realidad desigual tanto, o más, que en el resto de España y, por lo tanto, limitarnos a luchar en nombre de “los andaluces” no es más que un mero reduccionismo que contribuye a la estabilidad social y la hegemonía de la clase dominante.

¿Es acertada la estrategia de recurrir al sentimentalismo, a la creación de la identidad andaluza para conseguir nuestros objetivos como sujetos políticos?