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¡Esos locos carlistas! (I)

El carlismo le sonará a la mayoría de algún tema de Historia de España que rápido se olvidó, otros tantos, lo leen de vez en cuando por Twitter entre memes y Cruces de Borgoña. Así que vamos a hablar de lo que fueron y lo que son, uno de los mejores ejemplos de este esperpento al que llamamos España.

El carlismo nace de una disputa dinástica a la muerte de Fernando VII, quien acababa de restaurar el Antiguo Régimen tras el paso de la Revolución francesa por tierras peninsulares. Este monarca, puso en práctica la Pragmática Sanción acordada por su padre, Carlos IV, la cual levantaba la prohibición de que una mujer accediera al trono, prohibición impuesta por la Ley Sálica de Felipe V. Pero dejémonos de leyes y vamos con la chicha.
Resulta que al poder reinar una mujer, la que sería Isabel II, apartaba del trono al otro candidato, a tío Carlos María Isidro, del que viene el término “carlismo”.
Pero no se trata sólo de una simple disputa dinástica, eso en el siglo XIX ya era difícil de ver, se trataba del clásico enfrentamiento de dos Españas que se darán de palos hasta hoy día.
Desde que las ideas liberales y las tropas de Napoléon cruzaron los Pirineos para rápidamente hacerlo en dirección contraria predominaban dos corrientes de pensamiento totalmente opuestas: por un lado estaban los liberales que querían poner a España al nivel del resto de Europa (cosa que nunca pasará en nuestra Historia reciente), herederos de lo poco que quedaba de las Cortes de Cádiz, con gran apoyo entre burguesía y ciudades. Y por otro lado los absolutistas, muy conservadores ellos, se negaban a abandonar el Antiguo Régimen, y tenían gran peso en Iglesia, nobleza y mundo rural, sobretodo en Navarra y El Maestrazgo.
Los primeros, los isabelinos, se aliaron con la legítima heredera Isabel -válgame la redundancia- que aún en su infancia, era representada por la futura regente Maria Cristina; y los segundos, los carlistas, con el hermano de Fernando: Carlos Maria.

Así pues, nada más morir Fernando en 1833 se pusieron en marcha las alianzas y comenzó a oler a pólvora en la mayoría de rincones de la geografía española, dando paso a la primera de lo que llamamos las Guerras Carlistas, que realmente fueron guerras civiles, pero reservamos ese término para un siglo después.
Para no aburriros con batallas, os diré que la Primera Guerra Carlista duró hasta 1840, se llevó la vida de unos 200.000 pobres desgraciados para que al final se firmara el Abrazo de Vergara por el que se les reconocía la victoria a los isabelinos pues parte de los carlistas, liderados por Maroto ya se habían cansado de tanta guerra, pero otro sector, el de Cabrera, lucharía sin cuartel durante un año más, buen ejemplo de ello es la bandera que usaban: sólo les valía la muerte.

La calma sólo duraría 6 años, y hasta 1849 serían una especie de guerrilla en zonas de Cataluña, Navarra y Aragón pidiendo el trono para Carlos VI, hijo de Carlos María Isidro, que no causó mayores problemas al Gobierno. La Tercera Guerra Carlista sería desde 1872 hasta 1876 y esta vez buscaba el trono para Carlos VII (durante varias generaciones no le echarían imaginación a eso de poner nombres en su familia),  en la práctica no fueron más que otro dolor de cabeza más para Amadeo I, Primera República y Alfonso XII.

Dejaron de molestar por un tiempo, pero el carlismo ya era algo presente en la cultura española, por factores políticos o puramente románticos. El propio Sabino Arana, fundador del PNV, antes de pasarse al nacionalismo vasco fue carlista, veremos que estos dos entes irán en ocasiones de la mano en el futuro.
Se adaptaron a la vida política española, llegando a tener representación parlamentaria, pero sin perder su esencia tradicionalista. Tras el desastre del 98 planearían un levantamiento que no se produjo hasta el 1900 en Badalona, por parte de unas decenas de hombres que fracasaron rápidamente.
Hasta la Guerra Civil se fueron sucediendo herederos a un trono al que nunca se acercaron, participaron en las elecciones de la República en alianza con la CEDA en 1933 se unieron a la Revolución del 34, aunque por motivos bien diferentes a los de anarquistas y comunistas, y contaron con la simpatía de personajes tan ilustres como Valle-Inclán, quien se declaraba “carlista por estética”.

Con el estallido de la Guerra Civil limarían asperezas con alfonsinos como hicieron en la República para aliarse contra el enemigo común, esa horda marxista judeo-masónica.
Agrupándose en Tercios de Requetés, tuvieron una participación muy destacada en la contienda con más de 50.000 soldados, la mayoría voluntarios. Durante la Guerra, y en parte motivado por la muerte del pretendiente Alfonso Carlos, algunos sectores fueron absorbidos por la Falange Española Tradicionalista de las JONS, que intentaba unificar todas las corrientes dentro de la zona nacional.

Con la victoria de los sublevados también ganaron los carlistas, aunque durante el franquismo poco se les dio, más juego dieron en la Transición, pero esa historia os la contaré más adelante.