Feminismo La Partisana LGTBI-GSD

¿Qué es el BDSM? Entrevista a @AsociacionBDSMK


Os dejamos la entrevista con uno de los miembros de la Asociación BDSMK; primera asociación en España que busca visibilizar a la comunidad BDSM y kink.

En primer lugar y para aquellas que no lo sepan ¿Cuáles son los objetivos de BDSMK y cómo nació la idea?
BDSMK es una asociación que tiene cuatro objetivos:
• Apoyo a las personas que practican sexo no convencional, para que puedan hacerlo en libertad y sin culpa. Para ello abrimos espacios de debate, damos asesoramiento, etc.
• Formación de la comunidad kink, sobre todo en temas de consentimiento, negociación, seguridad, primeros auxilios, etc.
• Visibilización: mostrar a la gente de fuera del mundillo que el BDSM existe, que es válido, que se compone de prácticas sanas, que no va asociado a problemas psicológicos y que es divertido.
• Protección: se trata de conseguir una comunidad segura, sin maltrato, depredadores, machismo ni LGTBfobia.

La idea nació de un grupo de personas ya relacionadas con el mundillo. Por ejemplo, uno de los impulsores es Miguel Vagalume, de Golfxs con Principios, que lleva décadas organizando grupos y eventos de sexualidad no convencional. Se trataba de hacer una gran asociación de ámbito estatal que no se centrara en la realización de fiestas sino que abordara el asunto desde una perspectiva menos lúdica y más política.
En ello estamos.

Y para aquellas que desconozcan el término BDSM y sexo Kink o no convencional ¿Qué es y en qué consiste?
Kink es una palabra inglesa que no tiene buena traducción al español. A veces se traduce como “pervertido” o “retorcido”, pero el problema es que estos términos tienen una connotación negativa. El sexo kink es, por lo tanto, aquel que se encuentra fuera de lo que se considera “normal” en un momento dado. Son kink aquellas prácticas que asustan o que escandalizan, que a veces están patologizadas o son ilegales, que tienen un estigma asociado, etc. Un ejemplo muy claro son los fetichismos.
El BDSM está dentro del kink. Son aquellas prácticas kinksters donde se produce un intercambio de poder de manera consensuada. Es decir, una de las personas que participa en la relación sexual cede durante un rato su autonomía: se deja azotar, dominar, humillar, atar, cubrir de cera, etc. Correlativamente, la otra persona queda a cargo de la sesión y es la que da las órdenes, realiza las ataduras, azota, etc. Llamamos a la primera persona bottom y a la segunda top, aunque dependiendo de la práctica concreta reciben nombres específicos (masoquista, dominante, modelo de cuerdas, etc.).
Las siglas BDSM significan lo siguiente:
• Bondage: ataduras eróticas. Esta práctica tiene herencia japonesa y muchas veces busca seguir unos principios estéticos, aunque no es necesario. Es de las caras más visibles del BDSM, porque las ataduras se pueden hacer con toda la ropa puesta y primando el carácter estético sobre el sexual. Eso quiere decir que es posible atar en lugares públicos, como bares o parques. Los eventos de cuerdas son más amigables para las personas novatas o curiosas que una fiesta en una mazmorra.
• Disciplina: adiestramiento de la persona bottom mediante premios, castigos, etc.
• Dominación / sumisión: aquí el disfrute procede del control que una de las personas involucradas ejerce sobre la otra. La persona bottom encuentra placer en la obediencia de órdenes y prohibiciones que le da la persona top. Es quizás la práctica con menor componente físico, pues se puede hacer incluso a distancia.
• Sadismo / masoquismo: práctica en la que se obtiene el placer a partir del dolor, sea físico (cera caliente, azotes, agujas) o mental (humillaciones). Normalmente cuando se habla de BDSM fuera de la comunidad la gente piensa en el sadomasoquismo.

Cada uno de estos términos, por supuesto, abarca docenas de prácticas.

Shibari

¿Por qué es tan importante el SSC? ¿Y la palabra de seguridad?
SSC son siglas para “seguro, sensato y consensuado”. Se trata de tres requisitos que diferencian una relación BDSM sana de un caso de maltrato. “Seguro” porque se trata de reducir los riesgos que muchas veces van asociados a las prácticas BDSM: al fin y al cabo jugamos con azotes, con cuerdas, con cera… y eso puede provocar daños. “Sensato” porque se espera que el BDSM no se salga de ciertos límites: que no invada la vida laboral de los sujetos implicados, que se realice sin alcohol ni drogas, etc.
En cuanto al requisito del consenso, es el más importante de los tres. Las prácticas BDSM no son (o no deberían ser) meramente “consentidas”. Esto no es que uno de los miembros de la pareja se excita con los azotes y el otro “se deja”. No: consenso significa que a ambas partes les apetece jugar a lo mismo y que, para ello, hablan. ¿De qué? De límites, de cosas que desean, de seguridad, de fantasías, etc. Evidentemente, tienen que llevar esta negociación sin manipulaciones ni coacciones. Y una vez llegan a un consenso, ya juegan a lo que sea.
La palabra de seguridad es uno de los iconos del BDSM. En estas prácticas a veces el juego consiste en que la parte bottom se resiste y forcejea. La palabra de seguridad permite diferenciar esas resistencias falsas de un deseo real de detener la sesión. Sin embargo, no tiene por qué estar presente. Si no se ha pactado palabra de seguridad, se aplican las reglas de cualquier relación sexual: cualquier cosa que no sea un “sí” explícito y entusiasta es un “no”, y el “no” no se discute.
Además, aunque se haya pactado palabra de seguridad, hay que aplicarla con un poco de cabeza. Si estás jugando con alguien y pasa cualquier cosa rara (sale muy evidentemente de rol, te pide parar con voz seria), lo adecuado es detenerte un momento y preguntar si está todo bien antes de hacer nada más. No va a pasar nada por detener la sesión unos segundos, y si no lo haces te estás arriesgando a empeorar cualquier problema que haya habido, así que pocas bromas con el tema.

Muchas voces, sobre todo, de la teoría radical feminista se han mostrado contrarias a la visibilización del BDSM por considerar que es intrínsecamente heteropatriarcal ¿Cuál es vuestra posición al respecto?
La postura de la asociación es que el BDSM y el feminismo pueden compatibilizarse perfectamente. El BDSM plantea una cesión consensuada de poder, y la palabra importante es “consensuada”. El consenso tiene que negociarse desde una posición de igualdad (o, al menos, desde la máxima igualdad posible en un mundo heteropatriarcal), sin presiones ni coacciones. Muchas veces esa negociación se hace incluso unos días antes de la primera sesión. Esto genera un contexto adecuado para que las mujeres puedan hablar de sus deseos, de sus límites, de sus fantasías, etc. Creo que no hay ámbito de la sexualidad donde se hable tanto del consentimiento como en el BDSM, la verdad.
¿Las fantasías de dominación y sadismo son producto del patriarcado? Puede ser. Por desgracia no conocemos una sociedad no patriarcal con la cual podamos comparar la nuestra para responder a esta clase de preguntas. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Y la práctica es que estos deseos existen y no van a desaparecer a corto plazo. El BDSM permite darles salida de una manera consensuada, placentera, intensa e incluso bonita, sin sentir culpa y sin hacer daño a terceras personas. No creemos que haya nada de malo en eso.
Además, el BDSM es muy diverso. Dentro de esas siglas hay muchísimas prácticas. Esto permite relativizar la importancia del coito vaginal que culmina en orgasmo masculino, supuesto “fin último” hacia el que tiende el sexo heterosexual normativo. Se borra esa distinción tan perversa entre “preliminares” y “sexo propiamente dicho”. Es perfectamente posible que en una sesión de BDSM no haya coito ni orgasmo y que sea muy satisfactoria para todas las partes implicadas. Atacar así el falocentrismo y el coitocentrismo me parece positivo.

De todas maneras, es innegable que existe una clara influencia social en las prácticas de esta índole, ya que en la mayoría de casos vemos como el rol sumiso lo suelen realizan mujeres y el rol dominante, hombres ¿hasta qué punto el patriarcado influye en este tipo de prácticas?
La idea de que el BDSM es un pequeño grupo de señores dominantes que dirige a una gran masa de chicas jóvenes y sumisas no es más que un tópico. Es una imagen popularizada por los medios de comunicación y por ciertas obras de ficción producidas por gente ajena al mundillo. Mucha gente asocia BDSM a “hombres que dominan a mujeres”. Pero la cosa no tiene por qué ser así.
Para empezar, estas prácticas nacieron en el ambiente gay, y ahí siguen teniendo mucha fuerza, así que puede haber perfectamente hombres que dominen, aten o azoten a hombres. Olvidar eso es olvidar nuestra historia. También hay una buena cantidad de espacios BDSM sólo para mujeres. En Madrid, por ejemplo, está el Hitchin’ Bitches (espacio de bondage no mixto) y el Spank&Té (eventos mensuales para el aprendizaje horizontal entre mujeres, bolleras y trans, aunque esto está parado ahora mismo).
En cuanto al BDSM heterosexual, tiene de todo: hay mujeres dominantes, sádicas y atadoras igual que hay hombres bottom. Y finalmente están las personas switch, que son aquellas que se sienten cómodas en roles top y en roles bottom, y que se sitúan en uno o en otro dependiendo del momento, de la persona, etc. En definitiva, el BDSM es diverso y no creo que se pueda hablar de una tendencia mayoritaria.
Dicho esto: sí, en el BDSM hay machismo y, en consecuencia, también lo hay en las imágenes del mismo que se generan en el mundillo. Me extenderé más sobre el tema en la última pregunta, pero la comunidad BDSM es una parte de la sociedad patriarcal en la que vivimos. Hay gente dentro de la misma que no acepta toda esta diversidad y que quiere parecerse lo más posible al tópico. Por lo que sé, están en retroceso.

¿Se puede considerar al BDSM y a las prácticas no convencionales unas de las muchas sexualidades disidentes? ¿Hasta qué punto se puede empoderar una mujer a través de estas prácticas?
No soy un experto, pero por lo que tengo entendido el término “sexualidades disidentes” se refiere más a las identidades y a las orientaciones que a las prácticas.
En cuanto a la segunda parte de la pregunta, me temo que no puedo contestarla por mí mismo, puesto que soy un hombre. Así que lo que he hecho ha sido preguntar a varias mujeres de mi entorno, y me han salido respuestas de todo tipo:
• “La sumisión es la forma principal que tengo de obtener placer sexual. Decidir que quiero sentir placer sexual me da poder, por muy paradójico que pueda ser”.
• “El BDSM es una práctica más y para mí no supone empoderamiento”.
• “Para mí el BDSM fue un descubrimiento de mi sexualidad real después de cinco años de vida sexual activa y no satisfactoria. Sí, encontrar tu rol, tus fetiches y tus dinámicas ayuda mucho, pero hay dos cosas que no veía como importantes y en las que el BDSM hace hincapié: el consentimiento (a día de hoy si repaso mi vida sexual previa pocos momentos cuentan con mi consentimiento real, nada más allá del “no me queda otra”) y la importancia de mi placer (mi primer orgasmo ocurrió hace apenas tres meses, y fue en una situación con alto contenido exhibicionista).
Aparte de esto, que ya considero un regalo muy positivo a mi vida, el BDSM me reconcilia con mi cuerpo y ayuda a mi autoestima. Me ayuda a decir “esto es lo que me gusta y no hay nada de malo en ello” y borra poco a poco ideas tóxicas de mi cabeza, como la de no estar a la altura. Con el BDSM he aprendido que mi cuerpo, mi sexualidad y mis decisiones me pertenecen más allá de la teoría, y esto me sirve para crecer como persona y enfrentarme en muchos ámbitos a lo que la sociedad espera de mí”.
• “Me parecen empoderantes, más que las prácticas en sí, las normas de consenso que me he encontrado en este mundo. No me he encontrado en ningún otro lado con la posibilidad de hablar tan claro de gustos, de normas, de límites y de apetencias. Por otro lado, creo que el juego de roles es muy interesante a nivel de experimentación. Creo que experimentar con libertad prácticas sexuales es empoderante en general”.
• “No hay relación directa entre el BDSM y el empoderamiento. Si una mujer se adueña de su cuerpo y de su destino mediante BDSM, pues se empodera con ello; si no, no. Además, el BDSM es íntimo y la intimidad puede empoderar en sí misma”.
• “No diría que es algo empoderante tanto si eres sub como si eres dom. Es decir, no creo que pueda ser empoderante como tal. Sí que hay cierto estigma con ello y puede ser liberador darte a conocer como perteneciente a este mundo, pero ya está. ‘Empoderante’ es una palabra jodida y que realmente tras haber sido tan usada y con tantas interpretaciones, significa poco”.
• “Es liberador, a un nivel sexual, poder realizar tus fantasías sin tener en cuenta los prejuicios. Pero no creo que el BDSM sea de por sí empoderante: opino que te hace aún más libre si ya estás empoderada”.
• “Todo lo que sea tomar las riendas de tu propia sexualidad es bueno”.

He intentado que la muestra sea variada: he preguntado a mujeres cis y trans, de distintas orientaciones sexuales y que tienen distintos roles.

Privación sensorial e inmovilización

¿Cómo influye el poder? ¿Hasta qué punto la violencia sexual y por ende el intercambio de poder son liberadores, al menos, sexualmente?
El poder es la esencia del BDSM, más que todos los símbolos externos. El BDSM se define por ser un intercambio de poder consensuado y negociado. Así que su influencia es completa, claro.
La otra pregunta creo que ha quedado más o menos respondida en las anteriores. El BDSM permite sentir que no eres un bicho raro ni una mala persona por tener fantasías con cuerdas, órdenes o azotes. Normaliza el deseo y permite darle rienda suelta de forma placentera y segura. Todo eso libera y, de alguna manera, tranquiliza. Además, una buena sesión de BDSM puede ser muy catártica.

La normalización y visibilidad del BDSM, donde se prioriza el deseo y el placer por el placer ¿no son una rama más de la posmodernidad y del neoliberalismo? ¿El neoliberalismo se ha apoderado del sexo?
La pregunta parece dar por supuesto que el placer es malo o que necesita una justificación externa a sí mismo. Yo niego esa premisa. Considero que el placer, el sexo y el juego son cosas buenas por sí mismas y que no hay que justificarse por buscarlas.
Con este matiz, no podemos negar que el BDSM se ha popularizado. La aparición de 50 sombras de Grey y su difusión machacona por todos los canales publicitarios ha provocado que aumente el interés por nuestras prácticas. Hay artículos sobre BDSM en prensa, se venden packs de juguetes eróticos Grey y ves a la gente hablar de la película por la calle. Claro, la visión del BDSM que se difunde en estos medios es forzosamente neoliberal, machista y mainstream, porque no se basa en la práctica real (que es, como digo, muy variada) sino en textos escritos por personas que no han pisado una mazmorra en la vida. Es la última versión del mito del amor romántico, ahora con un 30% más de látigos.
En la comunidad no podemos controlar lo que publican los periódicos o las editoriales sobre nuestras prácticas. Pero sí podemos aprovechar la curiosidad que suscita la moda para aclarar conceptos a las personas que se hayan creído a Grey. BDSMK nace, entre otras cosas, para eso.

El término BDSM fue acuñado en 1991 pero es cierto que antes de que se le diera un nombre ya existía ¿Cuáles son verdaderamente los inicios del mismo?
Es bien sabido que el término “sadismo” deriva del marqués de Sade, un noble dieciochesco que escribió relatos donde los personajes unen el dolor al sexo y donde el vicio triunfa sobre la virtud. Luego, los psicólogos y psiquiatras del siglo XIX hablaron extensamente del sadismo y del masoquismo como trastornos, así que debían estar presentes en la sexualidad de la época. Y la verdad es que no creo que aparecieran de la nada en ese momento.
El bondage (afición erótica a las ataduras) se difunde en occidente después de la Segunda Guerra Mundial. Se suele decir que lo trajeron los soldados estadounidenses que habían combatido en Japón, pero no sé hasta qué punto esta afirmación está contrastada. Otras prácticas como la dominación y la sumisión tienen una historia más oscura.
Todas estas prácticas cristalizan después de la Segunda Guerra Mundial en la llamada “cultura leather”. Se trata de varones homosexuales, muchos de los cuales se habían conocido durante la guerra, que al volver a casa siguieron en contacto y formaron clubes y asociaciones. Es aquí donde nace el BDSM en su concepción actual. Estos clubes fueron evolucionando, aparecieron también asociaciones leather lésbicas, pasó al mundo heterosexual, etc. El último “gran hito” de la comunidad es la aparición de Internet, que ha permitido que practicantes de todo el mundo nos pongamos en contacto, liguemos, discutamos e intercambiemos ideas y fetiches.
En EE.UU., las dos asociaciones más importantes de apoyo y promoción del BDSM se fundaron en los años ’70: la Eulenspiegel Society (para la costa este) en 1971 y la Society of Janus (para la costa oeste) en 1974. Siguen activas, lo cual es una buena muestra de que la comunidad tiene una historia continua.

¿Cómo de presente está entre estos círculos la LGTBIfobia y el machismo?
Ojalá pudiera responder que “muy poco”, pero no sería cierto. Creo que la respuesta es “más o menos igual que en todas partes”. Además, en el BDSM hay una cuestión generacional bastante marcada. La gente que lleva más años en la comunidad tiende a defender una visión del BDSM muy rígida, cercana al tópico y machista. En este enfoque los dominantes son hombres heterosexuales, las mujeres son siempre sumisas, tu rol te impone obligaciones de protocolo (incluso ante personas con las que no juegas), las personas switch no existen, ciertas prácticas no son “BDSM de verdad”, etc. Muchas veces las personas que pertenecen a esta corriente tienen opiniones conservadoras en otros ámbitos relativos a la sexualidad y al género.
En el otro extremo están las personas más jóvenes, muchas de ellas mujeres (cis y trans), que vienen pisando muy fuerte y haciendo notar que esta visión tan rígida no se corresponde a la realidad. Son ellas quienes llevan los espacios no mixtos que he mencionado antes, pero también quienes subvierten las dinámicas tradicionales de los eventos mixtos. Su BDSM es mucho más inclusivo y diverso, y pone el acento en la experimentación, en el consenso libremente negociado y en el juego. Lógicamente, las personas de este ambiente son muchísimo menos machistas y LGTBfóbicas.
El tema no es sólo de edad, porque hay jóvenes apuntados a la primera corriente y personas maduras que se adscriben a la segunda. Se trata de un debate bastante vivo actualmente, de tal manera que la primera experiencia que tengas en el BDSM dependerá de si contactas primero con los unos o con los otros.
En conclusión: el BDSM es un conjunto de prácticas que pueden servir para luchar contra el machismo, por el énfasis que se pone en la negociación, el consenso, los límites y los deseos. Pero también, por desgracia, pueden servir para perpetuarlo, porque se habla de jerarquías y de protocolo, y esos conceptos tienden a salirse de su sitio y a normativizar la vida de la comunidad. Y cuando se establecen jerarquías ya sabemos quién queda debajo.