Cultura

La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo

Max Weber, sociólogo, abogado y político prusiano, publicó a modo de ensayos entre los años 1904 y 1905 La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo, puesto que tanto la religión como el proceso de racionalización constituían intereses personales del autor y debido a que propugnaba la sociología histórica.

La realización de esta obra puede encontrar su leit motiv en el hecho de que la madre de Max Weber, Helene Fallenstein, profesaba la religión calvinista. Además, esta obra presenta relación con el tratado de Benjamín Franklin.

Esta obra parte del hecho constatado por su discípulo Martin Offenbacher de que “en un país con población protestante y católica, los protestantes ocupaban niveles directivos más altos en las empresas industriales y poseían asimismo niveles más altos de riqueza”.

Weber busca conocer qué tipo de relación existe entre el capitalismo y el calvinismo, siendo este último un subtipo de religiosidad protestante caracterizado por un profundo ascetismo (doctrina religiosa que aboga por la purificación del espíritu mediante la abstención de los placeres materiales). En otras palabras, su objeto es conocer qué elemento de las confesiones religiosas es el que ha tenido efecto en, lo que él llama, el espíritu capitalista.

Al hilo de esto, propone como argumento principal que los calvinistas son más propensos al capitalismo que otros religiosos debido al ascetismo.

El autor alemán determina que el espíritu capitalista es uno de sus tipos ideales que hace referencia a una mentalidad económica que se caracteriza por la búsqueda de la consecución del enriquecimiento – tarea considerada como un deber impuesto por Dios al individuo –. Este espíritu fue anterior al capitalismo, siendo pues el desarrollo de este la causa del capitalismo.

Otro componente esencial que ayuda a entender el pensamiento del autor es el concepto de profesión – o Beruf, en alemán –, el cual lleva implícita la idea de que es una tarea puesta por Dios, pero no concibe la profesión en términos tradicionalistas como hacía Lutero. Weber estima que el sistema económico capitalista subsiste debido a la entrega absoluta a la profesión, la cual consiste en adquirir dinero.

También hemos de destacar la doctrina de la predestinación. Esta consiste en que Dios ha designado a algunos seres humanos para la vida eterna y a otros los ha condenado a muerte. Pero, además, aquellos que han sido predestinados lo han sido antes de que el mundo existiera como tal y es una decisión inamovible. Y, en adición, esta elección ha sido realizada aleatoriamente.

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En relación a la doctrina de la predestinación, Calvino se sentía como un instrumento y estaba seguro de su estado de gracia, mientras que asistimos a dos tipos de consejos pastorales. En primer lugar, se sostiene a la altura de un deber el hecho de tenerse por elegido y rechazar cualquier duda como si de una tentación propiciada por el demonio se tratase. Y, en segundo lugar, se proponía que el medio más acertado para conseguir la certeza de haber caído en gracia de Dios era llevando a cabo un trabajo profesional profano infatigable y perseverante así como tenaz.

Por lo tanto, Weber considera que el espíritu capitalista consiste en una concepción de la vida que ampara el trabajo sistemático, permanente e infatigable en el medio ascético y que surge una ética del trabajo particularmente burguesa. Además, concluye aludiendo a la pérdida de la religiosidad del espíritu del capitalismo en la actualidad.

Así mismo, en relación a la idea que Max Weber propugna en su obra, podemos atribuir cierta dependencia entre este planteamiento y el ensalzamiento del emprendimiento en nuestra sociedad capitalista.