Reseñas Semanal

Nerve, ¿eres observador o jugador?

Estrenada en 2016, la película estadounidense dirigida por Ariel Schulman y Henry Joost (directores de Catfish) transcurre en el año 2020. El comienzo nos introduce en la historia de Vee (Emma Roberts), una joven que está a punto de ingresar a la universidad, pero se encuentra condicionada para tomar decisiones respecto a dónde estudiar porque su madre quiere tenerla cerca debido a que está en un momento delicado por la muerte de su hijo, el hermano de la protagonista. Resulta ser un inicio muy atinado, ya que desde los primeros minutos nos plantea el tema central de la película: ¿decides, o deciden por ti?

    Nerve es un juego virtual en el que no hay reglas (como bien lo dice su eslogan) en el cual los participantes pueden ingresar como observadores o jugadores. Nuestra protagonista responde al cliché de la chica tímida y bastante introvertida, un personaje quizás demasiado frecuente en toda película ambientada al estilo del bachillerato; sin embargo, estas características no dejan de ser claves para expresar que, en su vida, Vee actúa más como observadora que como jugadora.

    Luego de ser desafiada por su mejor amiga (y de quedar herida por la indiferencia del chico que le gusta, otro momento también bastante típico, y ya aburrido, de las películas adolescentes) toma la decisión de unirse a Nerve como jugadora.  Tras una serie de desafíos pequeños conocerá a Ian (Dave Franco), que será su compañero durante el juego.

    La historia de base, personalmente, no me pareció muy innovadora: la chica perfil bajo enamorada del chico cool que, por la indiferencia que muestra hacia ella, la obliga a cambiarse a sí misma para transformarse en una mujer desafiante y osada. Bastante androcentrista, ya que la joven sólo cambia su forma de ser para tratar de llamar la atención de un muchacho. Sin embargo, el videojuego, que pareciera ser una fusión de muchas aplicaciones actuales (Facebook y los likes, Pokemon Go y su realidad virtual, Youtube y los vídeos en vivo) deja ver también cómo las complejas dinámicas de Internet atraviesan nuestras vidas y nos hacen construir lo que Aristóteles llamó, en sus tratados de La Retórica, un ethos: una imagen que creamos todo el tiempo para mostrarle a los demás quiénes somos y cómo queremos que nos perciban. El problema es: ¿hasta qué punto la imagen, desesperada por poder de persuasión y aprobación, se distancia de nosotrxs?

¡Alerta spoiler!

    Claramente, el éxito comercial de Los Juegos del Hambre fue fuente de inspiración para muchos realizadores audiovisuales. El final de Nerve no es la excepción: el enfrentamiento de los finalistas en un estadio repleto de observadorxs anónimxs recuerda las últimas rondas de combate de los juegos del hambre, donde lxs observadorxs ven el show a través de televisores, por lo que también recepcionan lo que ocurre de manera anónima.

    Si bien esta película apunta a hacer una reflexión a cuán inmersxs estamos en las redes sociales, también hay una crítica política muy explícita en el último nivel: los finalistas se ven obligados a combatir a muerte para ganar el juego. Lxs espectadorxs decidirán si Ty (el tercer vencedor) dispara o no a Vee mediante votación anónima, a lo que ella argumenta (y creo que es la frase más interesante de todo el filme):

Es sencillo ser valientes en una multitud, ocultos tras seudónimos, ¿no se dan cuenta aún que serán responsables de lo que pase esta noche aunque sólo lo estén observando?

    El poder de la multitud, entonces, no recae sólo en votar “No” para que no la maten, sino en dejar de ser observadorxs del juego para que no le ocurra lo mismo a nadie más. Un llamado de atención que deja en claro que el silencio es tan cómplice y responsable como la cara visible del crimen.

Juana Lo Duca
Estudiante de Ciencias de la Comunicación Social en la UBA. @Jualoduca en Twitter. Apasionada por la Psicología social, feminista y ácrata. La palabra como arma.