Estado Español

Javier Maroto: La homofobia y el racismo del PP

Era uno de los fichajes estrella de este “nuevo” PP con el que Mariano Rajoy quería volver a conectar con una juventud que las últimas elecciones dejó en doble tic azul al partido de Génova 13, junto con Andrea Levy, la político indie y Pablo Casado, sí, el de “las fosas de nosequién”. Maroto, por su lado, era aquel “si tengo un amigo gay” del mismo Mariano Rajoy que recurrió al Tribunal Constitucional la ley de matrimonio homosexual de Zapatero.
Sin embargo, ni tan siquiera los nuevos fichajes han significado una brisa de aire fresco a un partido en el que se presuponía que los jóvenes traería tesis más propias del siglo XXI. Si Pablo Casado ya había roto la veda años atrás en su etapa en las Nuevas Generaciones del PP, acusando de carcas a quienes querían enterrar dignamente a sus familiares asesinados por el golpe de Estado fascista, Andrea Levy se unía a la fiesta de la moderación y la renovación hace apenas unos días, cuando, tras el ataque al mercado navideño de Berlín, aseguró que provienen de “una civilización quiere imponer sus valores mediante el terror”. Como diría el humorista Ignatius Farray: “¡Fascismo del bueno!” (el del malo es igual pero con canas y con Bertín Osborne -y no Nacho Vegas– en la radio del coche -nunca en Spotify).

Caras nuevas, valores antiguos: Javier Maroto, Andrea Levy y Pablo Casado (de izqda. a dcha.)

Y, tras ellos, el nuevo pipiolo popular en sumarse al carro ha sido Javier Maroto. Y no, no nos referimos al joven progre modernito de pelo escarola de La Que Se Avecina, sino a otro joven modernito que, aunque se nos presentó como la cara progre del PP, ya era un veterano de salirse del tiesto. Y es que, como alcalde de Vitoria, ya criticó el supuesto fraude de inmigrantes magrebíes en el cobro de la Renta de Garantías de Ingresos (aun sin base alguna para ello) y llegó a acusar a este mismo colectivo de venir “a vivir de las ayudas sociales” y “no tener interés en trabajar”, al más puro estilo ultraderechista. La última declaración, ya desde Madrid y después de su ascenso divino gracias a la mediación del dedo mágico de Mariano Rajoy, no se queda atrás: En primer lugar, aseguraba que “los parados españoles deben tener prioridad para encontrar empleo“. ¿Discriminación positiva a las mujeres? Inventos feminazis. ¿Discriminación positiva a los españoles? Sentido común y orden. Sí, orden. Porque en el PP han parecido adaptar aquel chascarrillo cuñado-racista que decía aquello de “no soy racista, soy ordenado”. Muestra de ello es que, en la misma entrevista, Maroto decía que sí, que estaba a favor de la inmigración, de una inmigración “ordenada”. Porque sí, se están muriendo de hambre, ¡pero que sean ordenados y vengan de uno en uno!

Pero esta enésima muestra de xenofobia y racismo no fue el único ejemplo que dio Maroto en la entrevista que concedió esta mañana a la Ser de que la podredumbre conservadora también se instala en el tuétano de las nuevas generaciones. Y es que, como creyendo que esas declaraciones eran demasiado livianas, consideró oportuno decir que “el PP nunca ha tenido un problema con los homosexuales“. Y razón no le falta, no ha tenido uno: ha tenido bastantes más. Desde, como dijimos, recurrir las bodas gays al Constitucional por “desnaturalizar” el matrimonio hasta declarar que les impediría adoptar o incluso planteó un problema la boda del propio Maroto: ¿debían ir sus compañeros de partido o no? Al final, claro que fueron. Y, gracias a ello, decenas de hombres y mujeres homófobas hasta la médula, hoy pueden decir: “¿Homófobo yo? Pero si tengo un amigo gay”.

¿Indies? Sí.

¿Homosexuales? Sí.

¿De las Nuevas Generaciones? ¡Claro!

¿Progresistas? Ilusos: es el PP.