Internacional

El perfil del ¿nuevo presidente de Francia?

Le Pen lidera casi todas las encuestas en la primera ronda de las elecciones francesas aunque, paradójicamente, en un escenario que no será el real, ya que casi todas preguntaban por Juppé como candidato republicain (conservador), pero la realidad es que quien disputará la derecha del tablero electoral a la ultraderechista será Fillon, otro viejo zorro de la derecha francesa. Y todas las previsiones dejan ver que Fillon parte con ventaja con respecto a Marine Le Pen, si no en la primera vuelta, al menos sí en el mano a mano de la segunda ronda (aunque encuestas recientes dejan ver que podría hacerlo en ambas votaciones). Hoy por hoy, cualquier sensato apostaría a que el nuevo inquilino del Palacio del Elíseo tiene rostro, nombre y es François Fillon. Pero, ¿quién es?

Fillon (izquierda) estrecha la mano a Juppé (derecha)
Fillon (izquierda) estrecha la mano a Juppé (derecha)

François Fillon no es un político, digamos, vocacional: llegó casi por casualidad, y como ayudante parlamentario, en la década de los 70. Sin embargo, sí es stablishment: ha sido ministro de Educación Superior, de Tecnologías de la Información, de Asuntos Sociales, ministro delegado de Telecomunicaciones, y primer ministro de Sarkozy (y su número dos). En total, 23 años en lo más alto de la política francesa. Sin embargo, Juppé y Sarkozy (sus dos mayores rivales para lograr la candidatura republicana al Elíso) no contaban con una trayectoria menos dilatada. A su derecha, su mayor oponente pertenece a un linaje relacionado con la extrema derecha, ya que su padre fundó el Frente Nacional; sin embargo, Le Pen hija ya se ha encargado de marcar distancias -sólo formales- con su progenitor.

Entrando en materia, Fillon es posiblemente el candidato conservador más parecido a Le Pen de los tres en la pugna. Tiene un perfil marcadamente xenófobo y es partidario de endurecer la adquisición de la nacionalidad, así como de un mayor control de las fronteras y una reducción de las prestaciones sociales. Además, por supuesto, de pretender llevar a cabo unas políticas islamófobas, como la prohibición del polémico burkini o la expulsión del país para quien tenga algún vínculo con actividad terrorista. Sin llegar a ser Marine Le Pen, el racismo declarado de las políticas de Fillon pueden pesar a la hora de que el votante de derechas le dé su voto en una hipotética segunda vuelta contra Le Pen, ya que son precisamente las pretensiones xenófobas de ésta el enemigo a batir para gran parte de la sociedad francesa.

Otro nexo de unión Fillon-Le Pen reside en la visión de ambos de virar en su política de alianza externas, situando a Rusia, Irán y Siria como aliados necesarios para solucionar la guerra en el país asiático. Siguiendo con la política de alianzas externas, se opone a la entrada de Turquía en la UE y es un convencido europeísta -en lo cual difiere con Le Pen-, hasta el punto de proponer una mayor fuerza diplomática y militar de la Unión Europea, con apoyo entre las naciones que la conforman de las industrias de defensa del resto de países. La cooperación entre países también sería necesaria para el control de la inmigración (la agencia de control de las fronteras Frontex vería triplicado su presupuesto si de él dependiera) y Schengen (el espacio de libre circulación) peligra con Fillon, como lo haría también con Le Pen. Sin embargo, el europeísmo de Fillon se basa en hacer fuertes a los países que conforman a la Unión Europea, más que en hacer fuerte a la institución con sede en Bruselas.

Mientras, la política social y económica de un gobierno presidido por Fillon estaría condicionada por un enorme liberalismo económico. Así, la jornada de 35h peligraría en Fracia, al igual que las prestaciones por desempleo y los contratos subvencionados; los impuestos, por su parte, verían un destino desigual: se reducirían los impuestos corporativos, el de sucesiones y se cancelaría la retención del impuesto sobre la renta al mismo tiempo que el IVA subiría. En cuanto al empleo público, Fillon prevé la eliminación de 500.000 puestos de funcionarios.

La educación también notaría este revés radicalmente neoliberal (se le define en Francia como un liberal radical), y la formación profesional estaría orientada a las demandas del mercado, en vez de a las de los estudiantes, mientras que en la asignatura de economía en secundaria se introduciría la “iniciativa empresarial”. Además, plantea revisar la enseñanza de la historia en la escuela primaria e incluso restaurar los uniformes, así como dotar de más autonomía a colegios, institutos y universidades.

La justicia vería cómo gira hacia una mayor represión, con un aumento de las prisiones (hasta 1.600 plazas más) y del presupuesto de la policía, la creación de un ministerio de seguridad nacional y una mayor estigmatización del musulmán mediante penas especiales (que incluyen la expulsión del país) para penas de nexos con terrorismo o de delitos graves, así como la creación de una lista de personas a la que se les prohibiría volar.

Como vemos, y parafraseando un titular del británico The Guardian, Fillon es una amenaza tan grande para los valores liberales (en castellano, traducido como valores democráticos o progresistas) como lo es Le Pen y, cuando más importante era para la sociedad francesa un “mal menor” a la ultraderecha, las bases conservadoras han decidido dar el papel de “salvador” del país a un liberal-conservador de corte xenófobo y ultracapitalista, en detrimento de un conservador más moderado como era el caso de Juppé. Está claro que Fillon no es Sanders, ni siquiera es Clinton, pero, ¿es el presumible futuro presidente francés mucho mejor que Marine Le Pen?