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Definir el poliamor

Hace poco menos de unos dos años asistí con H., mi pareja, a una charla sobre el poliamor en uno de los locales de Amantis. Siempre habíamos sido reticentes a acudir a una charla o reunión sobre poliamor por ese miedo constante a no sentir nuestra relación identificada en el discurso, como me ocurría a menudo con el soporte escrito. La charla fue bastante liviana, de carácter introductorio: se explicaron conceptos básicos sobre el poliamor, suscitando bastante interés en algunos y suspicacia en otros. Sinceramente, y para mi sorpresa, por primera vez en mucho tiempo no me disgustaba todo lo que estaba escuchando. Se habló también de temas legales, de temas sanitarios y por supuesto, de los celos.

Durante la charla, hubo varios momentos en los que se abrió turno de preguntas, pero yo me quedé con el último de ellos: en una de las intervenciones, un hombre que se sentaba a mi lado nos contó una historia sobre sus amores y desamores: él quería saber si lo suyo era poliamor o no. Este participante se dedicaba al transporte de mercancías y trabajaba en puntos distintos de la Península, y tenía, como él mismo lo definía, “un amor en cada puerto”. Ellas no se conocían entre sí y aparentemente no había un vínculo amoroso: simplemente eran mujeres con las que se veía ocasionalmente, según dónde le tocara viajar. Mantenía el contacto con todas ellas, en mayor o menor medida, intercambiando mensajes o llamadas cada cierto tiempo.

Es innegable la dificultad que entraña casi siempre explicar qué es el poliamor y sobre qué principios se sustenta: hay mucha gente que lo vincula tanto al amor romántico como a la práctica sexual. Bajo mi punto de vista, el concepto de poliamor, o al menos lo que intentamos definir bajo esa etiqueta que se nos ha puesto tan de moda y cuya proximidad ideológica que se le presupone con el universo del sexo sin compromiso, ya sea en un ambiente liberal o más convencional, tiene una serie de diferencias fácilmente delimitables o perceptibles.

Destacaría en primer lugar, la aparente ausencia de vínculo amoroso o romántico según su propio relato. Es necesario que para que exista una relación de pareja, por ejemplo, haya un vínculo muy estrecho de compromiso mutuo entre esas personas: el compromiso es el elemento esencial y la base de toda relación romántica, sea del tipo que sea. Evidentemente, hay diversos tipos y grados de compromiso, y la tarea de ubicar los límites solo corresponde a cada persona y sus relaciones. Es un universo muy complejo y que cada individuo adapta a su forma de ser: hay personas que disfrutan de su pareja formando una unidad familiar, viviendo bajo el mismo techo, y hay otras parejas que viven separadas o tienen una relación a distancia.

Hay un punto en la narración que resulta bastante revelador: todos los ‘amores’ de la historia de este hombre desconocen la existencia de otras mujeres. Claramente, posiciona este tipo de relación fuera de los márgenes de lo que entendemos por poliamor, puesto que éste último está basado en el acuerdo mutuo entre todas las partes. Es uno de los componentes que determinan la honestidad de la relación: ser ‘poliamoroso’, en definitiva, no es engañar u ocultar otras relaciones a tu pareja. En este caso no parece haber engaño alguno, sino más bien ausencia de compromiso por la propia naturaleza de la relación: son dos adultos que disfrutan de su libertad sexual siendo plenamente conscientes de que no se ha contraído ningún compromiso de fidelidad entre ambas partes. Lamentablemente, hay muchas personas que se escudan bajo esta forma de vivir el amor y las relaciones, pero carecen de una base esencial de honestidad. El uso malintencionado del concepto como etiqueta es cada vez más frecuente, y detrás de éste solo encontramos a gente que, a veces por desconocimiento y casi siempre por puro egoísmo, siembra una ideología volátil que acaba hiriendo a todo el que está a su alrededor, cuando no a sí mismo, generalmente por una malinterpretación de la libertad individual.

Finalmente habría que dirimir qué parte de sexual, sentimental y romántica tienen cada una de las relaciones. Hay muchas que se basan única y exclusivamente en el sexo, y tendemos a confundir el concepto de relación poliamorosa cuando otros aspectos sentimentales y afectivos entran en juego. Para mucha gente, la diferencia es cada vez menos clara, por lo que se suele etiquetar cualquier tipo de relación sexoafectiva, como puede ser una amistad en la que el sexo es algo recurrente, como poliamor.

No existe un manual que delimite lo que es una relación poliamorosa de lo que no lo es, así como no existe tampoco nada semejante que ayude a clasificar qué es una relación de pareja de lo que no. Lo que sí está claro es que hay una diferencia existente entre el sexo esporádico, aunque pueda surgir un vínculo sentimental de algún tipo, y el amor, en el que la relación adopta un carácter mucho más profundo y comprometido. El engranaje de las relaciones de tipo poliamoroso suele ser más complejo de lo que realmente se ve desde fuera y se necesitan grandes dosis de comunicación; aun así no están exentas de conflictos porque, pese a lo que muchos esperan, no es ningún camino de rosas.