Artículos de opinión

Ciberactivismo

Podemos apreciar que hay un gran debate en torno a esta cuestión desde hace unos años, en otras palabras, desde que esta práctica tiene cierta relevancia.

Podemos entender el ciberactivismo como una forma de acción política no convencional en el contexto de las tecnologías y la comunicación según Fernández Prados en su artículo Ciberactivismo: conceptualización, hipótesis y medida.

Mi intención en este artículo no es ahondar en la cuestión de la videopolítica o el e-Gobierno, sino tratar el asunto del movimiento político-social.

¿Es el ciberactivismo una forma de actuación política lícita? ¿Es esta forma de lucha la sustituta del activismo a pie de calle?  ¿Ha de ser rechazada? o ¿Han de ser complementarias?

Teniendo todo esto en cuenta, podríamos decir que el ciberactivismo presenta tanto ventajas como desventajas.

¿Qué ventajas tiene? A través de la participación social y política en la calle, los actores políticos pueden hacer llegar su mensaje a personas que ya están politizadas – es decir, que están concienciadas en cuanto a la causa en cuestión que se esté reivindicando –, o a aquellas personas que estén afectadas y se vean, por lo tanto, condicionadas a actuar – podemos considerar a estos dos tipos de persona como tipos ideales weberianos, puesto que pueden darse conjuntamente –.

Por lo tanto, el rasgo diferenciador con el que cuenta el activismo virtual es que dota de la posibilidad de hacer llegar el mensaje reivindicativo a más gente, es decir, a personas que no han tenido previo contacto con el tema en cuestión, o a personas que no están interesadas o que tienen un posicionamiento contrario al que se propone. De esta forma, se podría experimentar que más personas, gracias al conocimiento del suceso o de la organización en cuestión, se interesaran por la causa y decidieran apoyarla. Y, en este caso, pasar a la acción política a pie de calle.

O sea que, en un primer momento, podríamos entender el ciberactivismo como un modus operandi para establecer mayores conexiones con un mayor número de personas y que esto se viese reflejado en la acción política exterior.

También podríamos destacar como ventaja el hecho de que, al no depender de una previa y costosa – en términos de trabajo y tiempo, aunque también de dinero – organización, el activismo virtual permite la posibilidad de ejercer cierta presión en algunos asuntos al instante de que un determinado hecho suceda.

¿Qué desventajas tiene? En sí misma, podría ser una desventaja el hecho de sustituir el activismo en la calle por el activismo en las redes. Ojo, con esto quiero decir que es un error sustituir una por la otra en el caso de que la persona en cuestión no tenga impedimentos para realizar la acción política en la calle.

También es importante hacer hincapié en la cuestión de la presión que se ejerce mediante distintas vías. Mediante las vías convencionales de actuación como la manifestación o el piquete, se ejerce una presión directa que no se pude lograr mediante el activismo virtual.

Por lo tanto, podríamos delimitar que el ciberactivismo acompañado del activismo es muy efectivo. Y quizás, el activismo virtual tenga un carácter mucho más reflexivo que el que se consigue mediante la actividad política en la calle, y es por eso que no debe ser rechazado, sino aceptado y utilizado en favor de los intereses que se busquen defender.