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Orfeo en los infiernos

“Me violaron a los seis años.

Me internaron en un psiquiátrico.

Fui drogadicto y alcohólico.

Me intenté suicidar cinco veces.

Perdí la custodia de mi hijo.

Pero no voy a hablar de eso.

Voy a hablar de música.

Porque Bach me salvó la vida.

Y yo amo la vida.”

 

Así comienza la que es probablemente  la biografía más dura, descarnada, desgarradora y polémica de los últimos años. James Rhodes, concertista británico de piano, nos relata su compleja trayectoria a ritmo de música clásica. Cada capítulo es, de hecho, una pieza musical que ha marcado su vida de una u otra manera. Y es que, él viene a hablar de música.

A muy temprana edad, su vida se truncó, sufriendo repetidos abusos sexuales por su profesor de gimnasia y boxeo, lo que le causo un trastorno de personalidad múltiple, problemas en la digestión y lesiones en la espalda. Después llegó la adolescencia, y con ella el descubrimiento del alcohol, tabaco y otras drogas que se prostituía para conseguir. Fue expulsado de la universidad, tuvo un matrimonio fallido, le quitaron la custodia de su hijo, fracasó como empresario en la City londinense e ingresó en varias instituciones mentales.

Pero no olvidemos que él ha venido a hablar de música. Su salvación. Así fue como con siete años descubrió a Rachmaninov y ya no se pudo sacar la música de la cabeza. Y, cosas del destino, cuando mejoró tras salir de una de las instituciones mentales, quiso hacerse agente de pianistas. Y así fue como conoció a Franco Panozzo, quien al oírle interpretar a Chopin le envió directo a Italia para formarse como pianista, no como agente.

Tras ésto llegaron los números 1 en todo el mundo, cuatro discos, un documental en la BBC y un éxito jamás esperado por un niño cuya única razón para vivir era precisamente esta, la música. Porque, sobre todo, este libro está cargado de vida, una vida cruel, salvaje, que  responde a cada golpe más fuerte aún, que deja cicatrices muy profundas, pero que es posible salvar. Porque a él se la salvaron. Y él la ama.

 

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