Artículos de opinión Estado Español

Amnesia histórica

Y ya hace 41 años que aquí en España se extinguió la dictadura que dejó al país con un sólido segundo puesto en la lista de países del mundo con mayor número de desaparecidos. Sin embargo, las ascuas de esas llamas que engulleron a tantos parecen no haberse extinguido. Parecen querer hacer olvidar y con ello, hacer desaparecer toda la tierra quemada que ha quedado por detrás, en el pasado en el que hubo ese gran incendio del cual son residuos. Pero el pasado tiene una fuerza que no puede remitir.

Walter Benjamin, víctima de la perspectiva aciaga de su deportación a Francia (y el consecuente abrazo de la Gestapo)  por la policía española en 1940 , tuvo una visión muy lúcida de las implicaciones del pasado. Una de sus concepciones de este era la de “pasado inconcluso”, en la que no se ve la voluntad frustrada del pretérito como algo que se paralice y se disuelva con el paso del tiempo, sino que se transmite al presente, en el que todavía puede ser consumada.

Sin embargo, otro coetáneo suyo, Max Horkheimer, defendía una idea completamente distinta, basada en que “la injusticia pasada no puede ser reparada” ya que a la voz y al sufrimiento los ahoga la muerte. Esto se corresponde con un pensamiento más evolucionista, más afín al cinismo propio de todos los detractores de esa voluntad aparentemente minoritaria de “reabrir heridas del pasado” que acaba siendo únicamente respondida en el extranjero, donde el ejercicio de la empatía, guiada por un sentido de la justicia que parece haberse perdido en esencia en nuestro país a causa de esa enfermedad degenerativa que es la politización del todo, parece ser de más fácil acceso. El juicio arbitrario que se sigue en este ámbito a la hora de decidir qué leyes merecen la vida y cuáles no se ha demostrado desde la imposibilidad de derogar la Ley de Amnistía de 1977, caduca desde que se completó la Transición y protegida por el principio de legalidad recogido en nuestra constitución, hasta la derogada de facto desde los Presupuestos Generales de 2013 Ley de Memoria Histórica de 2007.De esto se podría deducir que la única voluntad común a todos los colectivos parece ser la de proteger la ascendencia, ya sea manteniendo la  amnistía para los criminales impunes o reclamando la dignidad de aquellos a los que se les fue arrebatada, heredando de a ese antagonismo entre los bandos que nos ha precedido. Pero esta contradicción por parte de los cínicos  basada en las dobles morales acaba dándole la razón a Walter Benjamin, con aquella pregunta retórica de “¿Acaso no hay en las voces a las que prestamos oídos un eco de otras, enmudecidas ahora?”. Si de verdad piensan que las generaciones pasadas son algo dejado atrás que sólo entorpece el desarrollo del presente, es que no se ha querido ver de dónde viene la fuerza que nos hace movernos. No se puede amoldar un principio moral en pos del beneficio personal eternamente, ni mucho menos mantenerlo en calidad de dirigente político en contra de la voluntad democrática del pueblo al que se representa (aún habiendo divisiones en este). El olvido no es algo selectivo y no puede ser impuesto sobre el pasado de nadie

 Poco a poco, los que mueven los hilos se van dando cuenta de la insostenibilidad de sus posiciones, tomando como ejemplo más cercano la tramitación sin oposición de la Ley de Memoria Democrática de Andalucía o el proyecto de una ley similar en la Comunitat Valenciana, pero esto no hace más que dejar en evidencia las endebles ideas despóticas a las que se aferran. Es el pueblo, con la voluntad redentora del recuerdo, el que tiene que zarandearles hasta que se vean forzados a dejarlas ir.