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¿Y si el problema del Legia es un problema de Polonia?

El Legia de Varsovia, equipo de fútbol polaco, visita mañana el Bernabeu para el choque de Champions League que medirá al modesto equipo varsoviano y al todopoderoso Real Madrid de Zidane, vigente campeón de la competición europea. Pero hoy es noticia el Legia (llegando a los Trending Topics españoles) por un asunto poco relacionado con lo que mañana se verá sobre el verde tapiz de la catedral blanca y más relacionado con lo que se presenciará en la gradas del Santiago Bernabeu: Los Teddy Boys 95, los ultras radicales del club de Varsovia. Por desgracia, que los clubes de fútbol tengan una ideología marcadamente ultraderechista y filofascista es habitual en Europa y en España: Por ejemplo, Ultras Sur, Frente Atlético y Boixos Nois, radicales del Real Madrid, Atlético de Madrid y Barcelona, respectivamente, dejan aparcadas sus diferencias futbolísticas para abrazar la misma doctrina ultraderechista.

Entonces, ¿por qué es noticia una afición más de ideología fascista? En primer lugar, por su especial agresividad, más común en otros estados europeos (como Grecia, Turquía o la propia Polonia) que en España. En este vídeo quedan resumidas algunas de sus fechorías:

Pero, además, y esto es algo en lo que ningún medio ha reparado, quizás porque es un análisis algo más elaborado, es especial porque la coyuntura socio-política de la ex República Popular de Polonia es también diferente.

Y es que se trata de un país en donde el partido más a la izquierda con representación parlamentaria es Nowoczesna (“Moderno”, en castellano), que vendría a representar un partido al estilo de Ciudadanos. ¿La socialdemocracia y el comunismo? Totalmente desaparecidos a día de hoy, a pesar del peso que tuvo en el pasado el SLD (partido de corte socio-liberal), que en 2001 consiguió el 41% de los sufragios. Sin embargo, pese a que en 2015 se presentó en una alianza con socialistas, laboristas y verdes, en una coalición que en España, tanto por el nombre como por el logo, llamará poderosamente la atención, perdieron toda representación pese a suponer el 7.55% de los sufragios.

Zjednoczona Lewica, traducida como Izquierda Unida, se presentó en 2015 con un logo que se parece increíblemente al de Unidos Podemos
Zjednoczona Lewica, traducida como Izquierda Unida, se presentó en 2015 con un logo que se parece increíblemente al de Unidos Podemos

Las encuestas, además, no parecen augurar un gran cambio: El SLD bajaría hasta el 5.3% de los votos, mientras que Razem (catalogado en algunas ocasiones como el Podemos Polaco) se mantiene por debajo del 4%. Mientras tanto, la derecha católica conservadora del PiS se mantendría en torno al 30% y el Kukiz’15, partido presidido por un ex-cantante punk que se autodenomina “antisistema” y que concurrió a las elecciones del pasado año con el apoyo de un grupo ultraderechista y unas proclamas profundamente populistas, bajaría hasta el 7% de los sufragios, aunque otras encuestas contemplan la posibilidad de que llegara hasta el 12%, aupado por el apoyo de unos jóvenes que en 2015 ya les votaron masivamente (consiguieron un 42% del voto comprendido entre los 18 y los 29 años). Por su parte, los liberales subirían en tan sólo un año del 7.6% hasta el 22.9, pasando a convertirse en la primera fuerza de oposición a los conservadores, frente unos demócratas cristianos -también liberales- que llevan años en caída libre y las encuestas tan sólo le aseguran entre el 13 y el 16% de los apoyos. Todas estas cifras demoscópicas se basan en la encuesta realizada por IBRiS el pasado 13 de octubre.

Centrándonos en el PiS, se trata de un partido de extrema derecha al uso, pese a que en este caso hemos utilizado la etiqueta de “conservador cristiano” debido a que no es considerado, al contrario que el Movimiento Nacional que forma parte del K’15, como un partido de extrema derecha. Sin embargo, se trata de un partido profundamente conservador, llegando al integrismo católico, proteccionista y ultranacional. El catedrático y analista Cesáreo Rodríguez-Aguilera describía en El Peródico la concepción de democracia del PiS como “las elecciones dan carta blanca al vencedor que, despreciando el consenso, los derechos de las minorías, los controles y las garantías, se cree legitimado para imponer por completo su ideario. Se trata, en definitiva, de aplicar el modelo del húngaro Víktor Orbán de una «democracia iliberal», una auténtica contradicción en términos”. Esta comparación con el húngaro Orbán va explicando el porqué de mi calificación de extremista a este partido que aglutina a uno de cada tres votantes polacos.

Pero la pregunta es: ¿Por qué? ¿Por qué una ex república socialista de pronto borra cualquier rastro de izquierdismo en su sociedad? Pues en primer lugar tiene que ver el propio fin de la República Popular de Polonia: en los últimos años, el gobierno socialista decreta la ley marcial, lo cual implica la entrada en prisión de numerosos opositores,

Ejemplo de propaganda anticomunista del Sindicato Solidaridad
Ejemplo de propaganda anticomunista del Sindicato Solidaridad

llegándose a ilegalizar el sindicato derechista Solidaridad (Solidarność en polaco). Además, en 1985 llega Gorbachov a la URSS y comienza a realizar unas reformas que debilitan sustancialmente a todo el comunismo europeo, al perder el referente clásico desde comienzos de siglo. Además, la deuda externa y, no olvidemos, la presión de la Iglesia acaban forzando al gobierno a pactar con Solidaridad y el resto de opositores en 1988. Al año siguiente, el gobierno convocó elecciones y, pese a ganarlas, el PZPR no consiguió el gobierno. En 1991, con el PZPR ya dividido, acababa definitivamente la experiencia socialista en Polonia con un gran aura de derrota a su alrededor.

A partir de entonces, se iniciaba una ardua campaña de desprestigio de todo aquello relacionado con el comunismo, al que los sucesivos gobiernos (incluidos los socialdemócratas) han relacionado como uno de los enemigos al que el pueblo polaco ha de vencer, llégandose, en 2010, a prohibir cualquier simbología comunista en el país, lo cual incluyó incluso camisetas del Che o Lenin o libros de Marx, así como toda simbología nazi, con el fin de igualar ambas ideologías. Pero en 2007, el PO de Donald Tusk ya había decretado la Ley de la Lustración en un claro movimiento de persecución de todo aquel disidente y que obligaba a 700.000 ciudadanos polacos a tener que conseguir su “certificado de limpieza política”, respondiendo a la pregunta de  “¿Ha colaborado secretamente y conscientemente con los antiguos servicios de seguridad comunistas?”. Medidas como éstas contaron con el pleno apoyo de unos medios de comunicación fuertemente controlados por el gobierno ultraconservador, llegando a declarar el líder de la Asociación de Periodistas de Polonia que dicha ley “no atentaba contra la vida privada de las personas; se ha exagerado su objetivo”. Sin embargo, el Tribunal Constitucional de Polonia paró los pies al ejecutivo, declarando la ley inconstitucional, pero es un ejemplo gráfico del papel de propaganda profundamente anticomunista que los sucesivos gobiernos polacos (más aún a partir de las victorias de la derecha liberal y de la derecha ultraconservadora) han llevado a cabo de forma fervorosa. La respuesta del partido definido como “poscomunista”, el SLD, era condenar tajantemente el comunismo y llevar a cabo políticas neoliberales.

Antes de las elecciones de 2015, sin embargo, pareció aparecer la esperanza para la izquierda polaca con el Razem; sin embargo, sus postulados enormemente moderados -pese a que eran vistos como radicales en una lógica sociopolítica ultraconservadora- y un resultado electoral paupérrimo no consiguió ni de lejos cumplir las aspiraciones de un partido que en su fundación apelaba a movimientos como Podemos o Syriza, con contextos mucho más propicios y propuestas electorales más radicales.

Bajo este contexto de profundo anticomunismo y proclamas cada vez más ultraconservadoras y nacionalistas, grupos violentos fascistas, con altercados xenófobos u homófobos no son hechos aislados sino un síntoma más de una sociedad profundamente imbuida en una ideología cada vez más ultraderechista debido a las campañas de propaganda llevadas a cabo por gobiernos conservadores, liberales y socioliberales. Otra muestra es el nivel de abstención sistemático: La participación ha subido desde el 53.88% desde el año 1989, muestra de desligitimación del pueblo polaco a la democracia construida en torno al anticomunismo, llegando a registrarse un 59.47% de abstención en las generales de 2005.