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Mientras Lennon leía un libro de Marx…el Che moría en la selva

Es bonito imaginar a John Lennon sentado junto a la ventana, celebrando su vigésimo séptimo cumpleaños, leyendo El Capital mientras la televisión británica abre el informativo con el asesinato del Comandante Ernesto Guevara de la Serna, a quien la historia convertiría leyenda con el nombre de El Che.

La idea, en parte, es un sueño húmedo de un servidor; un sueño que alguno trató de materializar con montajes como el de la foto de cabecera del artículo. No, Lennon y Guevara nunca llegaron a verse; tampoco se vio el inglés nunca con Fidel Castro, pese a que le admirase, cosa que Castro lamentaría años después.

Por otra parte, ese sueño se ve influenciado por unos versos de Don McLean, uno de esos extraños ejemplos de la historia musical en los que un músico relativamente desconocido acaba creando un himno. American Pie no fue un himno, lo admito, pero si la versionó Madonna y sirvió de título a una de las sagas cinematográficas de humor más exitosas de la historia, algo relevante debió -o debe- ser. Y, aunque la canción iba dedicada al líder de The Crickets -ídolo en los años cincuenta y cuya muerte conmocionó al mundo hasta el punto que ese 3 de febrero pasó a denominarse “el día que murió la música”-, rescato el tema por motivos diferentes: En un momento de la canción, McLean dice aquello de while Lennon read a book on Marx / the quartet practiced in the park. “The quartet”, imaginamos, se refiere a los Beatles (aunque sin Lennon, sería más bien un trío); con la primera parte, McLean quiere ahondar más allá de uno de los mitos -o El Mito- de los años 60, más allá de la revolución musical que supuso.

Y bien, ¿por qué era Lennon, y no otro melenudo quien leía un libro de Marx? Porque, de hecho, lo hacía. En una entrevista, en 1971, al Red Mole, periódico de la organización de ideología trotskista Corriente Marxista Internacional (IMT), citaba frases del pensador prusiano tales como “A cada cual según su necesidad”, a la vez que alababa la capacidad de “intelectuales” como “Fidel, Marx o Lenin” de hacer comprender a los trabajadores de que “estaban reprimidos”. Además, expresó su esperanza de que en Occidente se creara, como en China, una “figura paterna como imagen casi imaginaria de los propios trabajadores”; en Cuba, auguró que sería el Che o Fidel. Sin duda, acertó.

Uno de esos dos líderes cubanos que Lennon citó habría sido el protagonista inconfundible de su vigésimo séptimo cumpleaños, allá por 1967. Ese mismo año, el de Liverpool publicaría como beatle dos álbumes: uno anterior y otro posterior a la muerte de Guevara. Este último (Magical Mystery Tour), por casualidades de la vida, fue estrenado el 8 de diciembre: justo 13 años antes de su asesinato. En plena vorágine comercial de los Beatles, alguna historia ha trascendido de un Che que detestaba a los británicos (santo y seña del imperialismo de las islas), pero que acabó cogiendo el gusto a alguno de sus discos. ¿Y quién no?

Guevara, muerto en 1967, nunca vio al Lennon más marxista, quien se manifestaba en público en apoyo al IRA irlandés. Posiblemente, aun así le habría echado en cara un pacifismo que en Cuba, como el propio ex beatle confesó, fue necesario romper.

Un 8 de diciembre, otra bala acababa con el segundo protagonista de la historia. Era 1980, y algunas teorías apuntan a que pudo ser el mismo gobierno -el estadounidense- quien decidió acabar con dos de las figuras más representativas de la segunda mitad del siglo XX: el peligro que suponía el argentino era evidente, era militar, ideológico y geopolítico; el del inglés era simbólico: el hombre que fue más famoso que Jesucristo encabezaba manifestaciones cada año más politizadas, más alejadas del “all you need is love” o del “imagine all the people living life in peace” y más cercanas al ejemplo bolchevique y ruso. Cada vez más influenciado por aquel hombre que moría en la selva boliviana mientras el cumplía 27 años.

Décadas después la historia, más allá de absolverles, como dijo Fidel Castro, les alzó a la categoría de leyendas.