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Semáforos, feminismo y universalidad masculina

En pocos días he tenido la misma conversación con diferentes personas: lo masculino es lo universal, y lo femenino, un ente particular que gira alrededor, normalmente por debajo.
Es difícil ignorar que, aún siendo la mitad de la población de este planeta, seguimos siendo un caso secundario que se adapta a la norma: El Hombre, como medida de todas las cosas.
Para no alargarme mucho, no voy a explicar qué significa el “techo de cristal”, pero cabe decir que es un término que tiene bastante relación en el hecho de que, legalmente, en esta sociedad, las mujeres tenemos las mismas oportunidades que los hombres. Pero claro, la legalidad y la realidad son cosas bastante distintas.
Como lo universal, la norma, es lo masculino, los “temas de mujeres” son particularidades: “Se cuelga la etiqueta de “literatura femenina” con un tono peyorativo, como en el caso de la novela romántica, totalmente estigmatizada; y los géneros específicos, como el cómic feminista, son prácticamente desconocidos. Nos han hecho creer que la literatura masculina es una narración universal y que la nuestra es particular, excluyente, específica”.
Y eso no sólo pasa en la literatura. Está por todas partes.
Lo normal es lo de ellos. Lo nuestro es una cosa extraña que está en otro lado. En un lado rosa y con falda.
Y desde el feminismo rompemos a diario con esa relación obligatoria entre lo rosa, la falda y las mujeres. Y también rompemos con el binarismo establecido. Y nos cortamos el pelo. Y dejamos que nuestros hijos jueguen con muñecas y nuestras hijas con tractores. Y nos maquillamos cuando nos da la gana. Y dejamos de maquillarnos cuando nos da la gana también. Y los tacones los llevamos porque queremos llevarlos, y si no queremos llevarlos, no los llevamos.
Pero, por encima de todo, lo hacemos siendo conscientes de que vivimos en una sociedad en la que, para romper, hay que alejarse del estereotipo o coger el estereotipo y ocuparlo con cuidados feministas. Y siempre que no rompamos, deberemos tener en cuenta esas contradicciones que van a perseguirnos continuamente hagamos lo que hagamos.
Porque las mujeres nunca somos las protagonistas de nada ni tenemos voz ni podemos decidir. Todo el mundo decide por nosotras. Sólo servimos para que hablen y hablen y hablen de nosotras y nos critiquen y nos llamen putas por decir sí, y nos llamen estrechas por decir no.
Y entre toda esta sociedad machista que nos mata a diario, en 2015 conseguimos que en Valencia empezase a gobernar un conjunto de personas que quiere romper el techo de cristal. Y además, saben perfectamente cómo romperlo para que no nos caigan los trozos encima. Porque la sociedad patriarcal, esta construcción tan y tan dañina, hace que muchos hombres y mujeres vean correctísimo que lo masculino sea lo universal, y piensen que las cosas están perfectamente tal y como están.
Y, claro, cualquier medida que vaya en el camino de la igualdad entre géneros, sexos y personas, les parece algo secundario, algo despreciable. Que lo que hacía el gobierno anterior sí era útil, sí.

Total, que todo lo que haga el nuevo gobierno, según la caverna, va a estar mal, como po ejemplo, los semáforos igualitarios. Aunque en muchas otras ciudades españolas y europeas existan desde hace años.

Pero más allá de lo que piense la derecha, la cuestión es la poca formación en feminismo que se respira en general.
Queremos romper la sociedad binaria para que todas, TODAS, las personas se sientan incluidas en nuestras ciudades, pero hay que tener en cuenta la base desde la que partimos y ver cómo aplicar medidas para llegar al mundo justo que deseamos.
El símbolo de la mujer en los servicios (que ojalá no fuesen binarios, para variar) es el de un personajito con falda. Y en todas partes donde hay un personajito con falda, damos por hecho que es algo sobre la mujer. Bien. Pero, ¿realmente el feminismo debe estar a favor de que estemos representadas por una falda? No, claro que no, pero el punto del que partimos es ése. La teoría feminista es que las mujeres no necesitan falda para ser mujeres, de hecho, las mujeres ni siquiera necesitan vagina para ser mujeres. Las mujeres y los hombres somos diferentes todos, no hay dos iguales. Y ningún símbolo podría representarnos jamás en un mundo de igualdad total. Un mundo que desgraciadamente está muy lejos del actual. Así que:
-Sí, la única manera de simbolizar a una mujer en la Valencia de 2016 es poner un personajito con falda.
-Sí, para conseguir la igualdad, hay que educar en igualdad, y para ello hay que hacer que haya mujeres en TODOS los ámbitos de la sociedad, INCLUIDOS LOS SEMÁFOROS (y que haya Magas de Oriente, y que haya cuotas que aseguren a mujeres en cargos de responsabilidad en empresas públicas y privadas…etc).
-Sí, los semáforos no le costaron nada al ayuntamiento porque “Es una medida modesta, sin coste económico porque se aprovecha el cambio de semáforos antiguos por otros de led, que ya presupuestó el Ayuntamiento”. Y habrá que poner semáforos aun más inclusivos, sonoros para los invidentes, claro que sí. Y para eso sí tendrá que hacerse un presupuesto más elevado porque ésos no están incluidos en los que había que cambiar. Y a mí, personalmente, siempre que sea para que las minorías no se sientan desplazadas, no me parecerá un gasto en vano.
-Sí, hay que seguir avanzando pero “Grezzi ha admitido que es difícil representar toda la pluralidad de colectivos y personas en una figura o en un símbolo, pero “lo que es indudable es que la figura del peatón que actualmente aparece en los semáforos es masculina y nuestro deseo es que en las calles haya un lenguaje integrador y diverso a través de las señales de tráfico“.”
-Sí, el nuevo ayuntamiento de Valencia es feminista y sabe lo que hace: “Grezzi ha afirmado que “aunque mucha gente puede pensar que las figuras son ‘neutras’ el caso es que todo lo masculino se ha naturalizado siempre como si fuera lo universal”, de ahí esta apuesta por incluir símbolos femeninos en los semáforos para “poner en evidencia que hasta ahora solo eran símbolos masculinos”,” como todo en esta sociedad, vaya.
-Y sí, voy a criticar constructivamente todo lo que haga mi ayuntamiento, como siempre he hecho. Pero, sinceramente, cuando la caverna ladre, antes de acompañarles en su ladrido, me informaré bien y le daré un voto de confianza a Ribó, porque todo lo que han hecho él y su equipo en este últmo año y medio merece una oportunidad. Y ojalá sigan en ese camino y lo pinten aún más de violeta.