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No es país para listos

En primer lugar siento la necesidad de aclarar ciertos aspectos. Este artículo no viene a ensalzar ningún tipo de sistema educativo extranjero, tampoco pretendo comparar los resultados académicos de alumnos españoles con los resultados obtenidos por esos brillantes niños y niñas del norte de Europa. No viene a sentir envidia por lo ajeno, ni pena por lo propio. No viene a contar los brillantes proyectos que realizan los alumnos alemanes, el mínimo porcentaje de fracaso escolar en ciertas áreas del planeta, no viene a hablar de noruegos, suecos o finlandeses. Toda comparación es odiosa. Viene a sentir ira, enfado, cólera, rabia, impotencia, odio,  resignación. Este es un artículo producto del descontento, impulso y sentimiento de alguien que cursa 2º de bachillerato.

Hace dos semanas dio comienzo el nuevo curso escolar. Sillas y mesas de todos los centros de España empezaron a ser desempolvadas. Mientras todavía algunos intentan coger el ritmo de partida, una sombra amenazadora se cierne sobre todos nosotros. Allá en lo alto, demasiado onírica para reconocerla, o quizás demasiado inesperada para entenderla, se alza la amenaza y pesadilla de todo profesor y alumno de 4º de ESO y 2º de bachillerato. Aquí está, más cerca que nunca, la demoníaca y enrevesada creación del tan querido ex ministro Wert (que por cierto, aprovecho para desearle una feliz estancia en su lujosa residencia parisina).

¡Bienvenidos sean los tan innovadores como retrógrados estándares de aprendizaje! ¡Hola competencias! ¡Adiós PAU! ¿Qué tal estás revalida? La LOMCE ha llegado, y está aquí para quedarse. ¿O quizás para irse? O a lo mejor solo está de paso. ¿Creéis que es una amenaza? Otros dirán que es solo una broma para atormentarnos ¿Quién sabe? Hoy en día en educación nadie parece tener nada seguro. ¿Gobernará PP? ¿Gobernara PSOE-Podemos? ¿Qué pasará con Ciudadanos? ¿Felipe González no estaba muerto? ¿Se ha convertido la educación en un chicle desechable a gusto de cada partido?

Reconozcamos el engaño, a poco de comenzar Octubre la, ya no tan respetada figura de los profesores, se encuentra deambulando sin sentido cual pollo sin cabeza. Las nuevas programaciones y la falta de libros que correspondan con dicho temario desconciertan a cualquiera. Los interminables bloques temáticos abruman hasta a los más veteranos funcionarios. La Religión (Católica, claro está) aumenta de importancia ante la ya difunta Filosofía. La incertidumbre de los alumnos ante las pruebas finales, todavía sin aclarar, agrava el agobio y no hace más que remarcar este ineficaz sistema educativo.

Pediría cierta organización a toda nuestra clase política en lo que respecta a la educación, aunque luego recuerdo que no son capaces de llegar a un acuerdo ni siquiera para formar gobierno.

Pero pensemos, si la educación ya no es confiable, ¿qué se puede esperar de un país?