Estado Español Internacional

Feliz día de la raza y el genocidio

Hoy, 12 de octubre, debemos sentirnos más españoles que nunca porque es nuestra fiesta nacional. Conmemoramos el día de 1492 en que Cristobal Colón llegó a América para descubrira así al continente europeo y comenzar un periodo de regeneración para los pobres nativos. Celebramos que llevamos la civilización y la religión a aquellos paganos que habían malvivido todos esos siglos sin la palabra de Dios presente en sus vidas. Era un milagro que siguieran vivos. Nos enorgullecemos de nuestra patria el día que comenzó una vida de esclavitud para millones de personas, y que perecieron las otras tantas que se resistieron al frío sabor de nuestras armas, demasiado avanzadas para sus lanzas y arcos, solo por querer seguir viviendo en armonía, por no querer ser saqueados, y por intentar evitar que esclavizaran a sus mujeres e hijos.

Seamos sinceros, celebramos el día de la hispanidad el día que llevamos la desdicha a aquellos pobres que habían vivido tan felices sin que les diésemos con la civilización en la boca. Damos asco. Aquel que diga que fue lo mejor para todos ese desafortunado encuentro entre civilizaciones porque vivían como bárbaros, que se lea lo que es el relativismo cultural. Y si el mismo sigue sosteniendo que nuestra cultura es mejor que las demás, quiero recordar que en ésta sigue siendo un arte observar la tortura y matanza de animales por mera diversión, a pesar de ser considerado un principio de la psicopatía. En  la cultura que les llevamos a los indígenas americanos estaba bien quemar gente por contravenir la palabra de Dios. Y así un largo etcétera.

Según Bartolomé de las Casas (1474-1566, misionero, escritor y apologista de los indígenas) los muertos desde el descubrimiento de américa hasta los 100 años posteriores se cuentan alrededor de las 30 millones de personas, no solo a causa de los exterminios ya que también los europeos trasladamos a América enfermedades desconocidas para ellos, como la viruela, lo que les resultaba mortal. E incontables son las personas que fueron esclavizadas, obviamente.

Como los europeos nunca teníamos (ni tenemos) suficiente, los negreros vieron en América posibilidades únicas ante tierras tan fértiles y con plantaciones tan exóticas, y por si los nativos no funcionaban bien o no eran suficientes en número, se hicieron de oro capturando y esclavizando aún más negros en África y vendiéndolos en América. Dos continentes con su población en la ruina por el precio de uno. Un chollo para el progreso y la civilización, ¿o no será que después de todo somos nosotros los bárbaros? ¿En qué cabeza cabe enorgullecerse de la patria el día que mayores desgracias llevamos a la mayor cantidad de gente posible?

Hemos de recordar que en el modelo de civilización que exportamos por la fuerza al mundo entero es el modelo que engendró el capitalismo salvaje en que vivimos. La guerra es la inversión más segura. La clase baja sigue creciendo de forma desmedida en beneficio de una clase alta que, conformando menos del 1% del mundo posee ya más que todo el 99% restante. La pobreza infantil en nuestro propio país supera el 26%.

Pero qué más da. Hoy todo el mundo a colgar la bandera reaccionaria española en el balcón, a tararear el himno de España (o el cara al sol, para los más atrevidos) y a enorgullecernos de que un día nuestro país fue la metrópoli del imperio donde nunca se ponía el sol. Y cuantísimos millones de vidas arruinadas por la ambición de riqueza y poder.