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El poeta del pueblo

“Yo quiero ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupas y estercolas,

compañero del alma, tan temprano.”

 

Hoy, 30 de octubre, recordamos a uno de los mejores escritores que ha habido en este país, un hombre humilde cuyos versos desprenden emotividad, un hombre cuya vida fue truncada demasiado pronto. He aquí un pequeño repaso de sus versos más destacados en honor al poeta y dramaturgo del pueblo.

“Azahar”, octava XXV

“Frontera de lo puro, flor y fría.

Tu blancor de seis filos, complemento,

en el principal mundo de tu aliento,

en un mundo resume un mediodía.

Astrólogo de ramaje en demasía,

de verde resultó jamás exento.

Ártica flor al sur; es necesario

tu desliz al buen curso del canario.”

Incluido en el poemario Perito en lunas (1933), este poema fue escrito durante su primera juventud, en su Orihuela natal cuyo paisaje tantas veces y de una forma tan compleja y al mismo tiempo tan simple describió.

Fragmento de “Elegía a Ramón Sijé”

“Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

un empujón brutal te ha derribado.  

No hay extensión más grande que mi herida,

lloro mi desventura y sus conjuntos

y siento más tu muerte que mi vida.”

Ramón Sijé fue una figura crucial en la vida del autor. Se conocieron en el improvisado grupo literario que Miguel creó en Orihuela y pronto se convirtió, no sólo en su amigo, sino prácticamente en su hermano, en su compañero de inquietudes literarias. Desgraciadamente, el 24 de diciembre de 1935, cuando contaba sólo con 22 años, una septicemia le quitó la vida, lo que hizo que el poeta compusiera uno de los cantos de dolor más desgarradores de la historia de la literatura.

 

Fragmento de “Elegía a Federico García Lorca”

“¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.

Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.

Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.

Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.”

Es realmente difícil elegir una pieza de su recopilatorio Viento del pueblo(1937),de temática bélica y política, incluye himnos de ánimo al bando republicano, a personajes como “La Pasionaria”, críticas a figuras como Benito Mussolini o cantos de aliento a campesinos o jornaleros. En este libro pasa del amor, la intimidad lírica al compromiso social, bélico y político con una ideología a la que servirá de propaganda.

Fragmento de “El herido”

“Para la libertad sangro, lucho, pervivo.

Para la libertad, mis ojos y mis manos,

como un árbol carnal, generoso y cautivo,

doy a los cirujanos. 

Para la libertad siento más corazones

que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,

y entro en los hospitales, y entro en los algodones

como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos

de los que han revolcado su estatua por el lodo.

Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,

de mi casa, de todo.”

De tono más intimista que en Viento del pueblo pero temática muy similar, El hombre acecha (1939), no fue encontrado y publicado hasta 1981, cuando se revisaron archivos ocultos en lo que había sido la Sección de Publicaciones del Comisariado del Cuartel General del Grupo de Ejércitos del bando republicano, encargado de publicar la obra. Como prólogo, el autor escribió una dedicatoria a Pablo Neruda.

Fragmentos de “Nanas de la cebolla”

“La cebolla es escarcha

cerrada y pobre.

Escarcha de tus días

y de mis noches.

Hambre y cebolla,

hielo negro y escarcha

grande y redonda.

En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar,

cebolla y hambre.”

“Tu risa me hace libre,

me pone alas.

Soledades me quita,

cárcel me arranca.

Boca que vuela,

corazón que en tus labios

relampaguea.”

Probablemente sea, junto a la Elegía a Ramón Sijé la pieza más reconocida y célebre del poeta. Tras ser encarcelado por formar parte del bando republicano y tener ideas contrarias al régimen, Miguel recibió cartas de su mujer, Josefina Manresa, en las que ella le relataba su pena al no poder alimentar a su hijo con nada que no fuera cebolla, ya que no podía permitirse nada más al estar en plena posguerra. Al leer esto, el poeta le respondió con esta obra, animándola y añorando la inocencia de su hijo.

Miguel Hernández Gilabert murió el 28 de marzo de 1942, con sólo 31 años, debido a que contrajo tuberculosis en su estancia en prisión, pero su poesía, su valentía, los ideales que tanto defendió, su sencillez y su lucha nunca morirán.

¡Hasta siempre Miguel!

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