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El día que España dejó de ser potencia naval

Hace 211 años, las marinas británica, francesa y española se enfrentaban en una de las mayores batallas navales de la historia: la batalla de Trafalgar. Con decenas de buques de línea en cada bando, la costa de Cádiz fue testigo de una batalla decisiva en las guerras napoleónicas y del final del poderío naval español, quedando la marina española desde entonces relegada a un segundo plano frente a las marinas británica y francesa.

Disposición de los buques británicos, franceses y españoles en la batalla
Disposición de los buques británicos, franceses y españoles en la batalla

Pero, retrocedamos un poco para ver bien este asunto. Se ha hablado mucho de la rivalidad entre Francia y Reino Unido en las guerras napoleónicas, pero voy a hablar de otra parte del trasfondo. En el siglo XVIII, las pugnas navales entre España y Reino Unido estaban en su apogeo. Ambos imperios rivalizaban por tener la marina de guerra más poderosa y capaz, centrándose en el número de buques los británicos frente al poderío individual de cada buque en el caso español.

Santísima Trinidad, buque insignia de la flota española
Santísima Trinidad, buque insignia de la flota española

Y la joya de la corona es el Santísima Trinidad, buque insignia. En 1769 se bota en Cuba, siendo el mayor buque militar de madera en la historia. Con cuatro cubiertas de cañones, desplazaba unas 4.500 toneladas a plena carga y portaba 140 cañones (no hubo buques de mayor desplazamiento hasta la década de 1860 con el acorazado Numancia, de 7.500 toneladas). Por comparar, el buque insignia británico en Trafalgar, el HMS Victory, desplazaba 3.500 toneladas y portaba 100 cañones, y el buque insignia francés, el Bucentaure, desplazaba 600 toneladas y portaba 80 cañones. Era la prueba viviente del poderío naval español.

 

Y en Trafalgar tuvo un final digno de un buque de su renombre y tamaño: fue rodeado por siete buques británicos y hundido en la batalla tras haber dañado varios de ellos, algunos seriamente. Luchando una batalla que no iba a beneficiar a sus marineros, y que de haberse ganado solo habría servido para acrecentar las ansias imperialistas de Napoleón Bonaparte.

 

Pues ese era el plan francés desde el principio: aprovechar el poderío naval español para invadir Reino Unido, acabando con el principal enemigo de la “Revolución” que ahora venía a representar un nuevo monarca, un Emperador que, si bien más progresista, destacaba por su racismo. Por otro lado contradictorio, pues, si bien consideraba a los españoles como inferiores -en sus propias palabras “un pueblo de curas y monjas”- después bien que procuraba tener las fuerzas armadas españolas de su parte siempre que podía. Sin embargo, Trafalgar puso fin a ese sueño de Napoleón, posiblemente debido a la incompetencia del almirante francés Villeneuve, el cual pese a estar con más buques y en posición favorable, dio una serie de órdenes desacertadas y a menudo contradictorias.

 

Quiero terminar este artículo con un homenaje a los caídos en la batalla, sufridos españolitos, francesitos e inglesitos de a pie, que murieron por un ideal noble en una guerra que no estaba motivada por ningún ideal realmente noble y que atendía a rivalidades imperialistas. Como decía Marx, “la guerra es cuando burgueses mandan a proletarios a matarse entre ellos en defensa de los intereses de la burguesía”.