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Caravana a Grecia: expedición protesta a la cuna de la democracia

Salimos de Castilla y León, dirección Barcelona, pensando en la larga ruta que nos espera por el Sur de Europa, pero también llenos de emoción e incertidumbre por saber qué nos encontraríamos en Grecia.

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Castilla y León aportó un autobús a la Caravana a Grecia; en él íbamos personas llegadas de casi toda la Comunidad: Palencia, León, Salamanca, Valladolid… e incluso gente de Extremadura, Andalucía o Asturias.

Durante el trayecto a Barcelona, nos fuimos presentando y conociendo poco a poco. Cuando llegamos a Barcelona, recibimos una calurosa bienvenida por parte de los distintos colectivos que nos estaban esperando, los cuales habían preparado unos actos en el paseo marítimo de la ciudad. Mientras, el resto de autobuses de las distintas comunidades del Estado iban llegando.

Al día siguiente, estábamos todos listos para empezar el viaje: cinco autobuses y más de 250 personas deseando comenzar la experiencia hacia el país heleno. No fue un trayecto fácil, ya que había que atravesar tres fronteras, soportar el intenso calor, la falta de sueño… en definitiva, todo el esfuerzo que suponían diez horas de autobús diarias durante tres días.

Al poco de atravesar la frontera francesa nos topamos con una retención kilométrica, debido a un grave accidente de tráfico. Estuvimos allí atascados durante una hora, intentando hacer más amena la espera con cantos y bailes bajo el sol abrasador en aquella autovía. Una vez volvimos a estar en marcha, recorrimos la costa mediterránea, pasando por ciudades como Marsella y Niza. Por la noche, cansados y hambrientos, cruzamos la frontera italiana y llegamos a Milán, donde nos esperaba el personal de la fábrica okupa Ri-Maflow, fábrica que nos habían cedido para que pasáramos la noche. A la mañana siguiente partimos de Milán hacia Ancona, donde nos esperaba el ferry que nos llevaría a Grecia. Tras 20 horas de ferry, por fin desembarcamos en tierras griegas, en Igoumenitsa, donde ya nos esperaban las autoridades griegas para escoltarnos y vigilarnos durante toda nuestra estancia en Grecia. Las autoridades no nos permitían hacer ninguna parada, hasta que llegásemos a nuestro destino.

Llegamos a Tesalónica, donde nos esperaba el colectivo No Border, una agrupación de nivel internacional. El campamento No Border se encontraba en la Universidad Aristóteles de Tesalónica, la más grande del país, y en pleno centro de la ciudad. A nuestra llegada fuimos recibidos calurosamente tanto por las personas del colectivo como las familias refugiadas que allí estaban; después de montar las tiendas y cenar, con el cansancio de tres días de viaje en el cuerpo, dimos una vuelta por el centro de la ciudad, donde a cinco minutos del campamento vi, sorprendido, un edificio completamente rodeado por las autoridades griegas. Se trataba nada más y nada menos que de la Embajada de Turquía, que estaba cercada por el intento de golpe que se había dado el día anterior.

Al día siguiente tuvimos una asamblea informativa con el colectivo No Border, del cual ya formábamos parte, para hacer el reparto de tareas: cocina, limpieza, ayuda sanitaria, traducciones… Esto era muy importante, ya que éramos unas mil personas conviviendo en el campamento y se necesitaba estar bien organizado por diferentes motivos, como los distintos idiomas que allí se hablaban (árabe, inglés, francés, castellano, etcétera). El resto del día lo dedicamos a conocer el campamento, a la gente con la que íbamos a tratar, y también un poco a la ciudad.

El día 20 de julio, con dieciséis autobuses, salimos del campamento con dirección a los Centros de Internamiento de Extranjeros de las ciudades de Paranesti y Xánthi, para protestar contra las políticas migratorias europeas.

Llegamos a Paranesti, después de tres horas viajando por las viejas carreteras griegas, y disfrutando de los paisajes del país. Allí nos encontramos con un amplio cordón policial que nos impedía el paso a las puertas del centro; tras protestar y negociar con las autoridades durante casi dos horas, permitieron a una comisión de veinte personas entrar en el centro para poder atender las necesidades de las personas refugiadas. Durante la espera a la comisión, la protesta continuó y la situación se fue poniendo tensa, debido a la presencia de anarquistas frente a la policía griega. Las anarquistas nos advirtieron de que darían tiempo a que la comisión saliese y nos fuéramos, pero que después era probable que hubiese cargas policiales. Al final no ocurrió nada; hicimos una breve parada para comer y nos fuimos en dirección a Xánthi.

Nuestro autobús fue el primero en llegar a las puertas del CIEs, donde, por supuesto, esperaba la policía. Poco a poco, los demás autobuses fueron llegando; empezó la protesta, pero esta vez se respiraba mucha más tensión que en Paranesti. Las anarquistas obstaculizaron la vista de los antidisturbios con una enorme pancarta negra, mientras que otros se subían al edificio de enfrente del centro para colgar pancartas y hacer pintadas; también, cizalla en mano, cortaron un buen tramo de las alambradas del centro como acto simbólico. Por esto, las autoridades empezaron a ponerse nerviosas, y decidieron cargar. No llevaríamos ni 45 minutos protestando cuando los antidisturbios griegos lanzaron la primera lata de gas lacrimógeno; a los pocos segundos lanzaron la segunda lata, mientras las anarquistas respondían lanzando su bengala de humo rojo. Este momento de confusión provocó que la manifestación quedase partida en dos, con las autoridades en el centro, impidiéndonos el paso de un lado al otro.

La protesta continuó en uno de los laterales del centro, donde uno de los manifestantes lanzó una pelota de tenis con la frase “Refugees Welcome” por encima del cordón policial y por encima de las alambradas del CIEs. De repente, nos dimos cuenta de que las personas refugiadas nos saludaban y repetían nuestros cánticos desde el interior del centro; les devolvimos los saludos, pero a los pocos minutos las autoridades les cerraron las ventanas para impedirles que viesen lo que estaba sucediendo tras las alambradas. Nos fuimos reagrupando poco a poco y se atendió a las afectadas por los gases lacrimógenos. Una vez nos reagrupamos de nuevo, subimos a los autobuses de vuelta a Tesalónica. Fue un viaje silencioso, con los cuerpos agotados y llenos de frustración, tristeza y mucha rabia. Llegamos al campamento, cenamos y nos fuimos directamente a dormir, a intentar reflexionar sobre lo ocurrido ese día y a coger fuerzas para el día siguiente.

La tarde del séptimo día de la Caravana en Grecia tuvimos la gran manifestación por la ciudad de Tesalónica, a la que habíamos sido invitadas por el colectivo No Border. Se enviaron tres autobuses a CIEs y campos para poder traer a la manifestación a las familias refugiadas. La manifestación comenzó en el campamento, en la Universidad Aristóteles de Tesalónica. El ambiente era muy animado: familias enteras felices, payasos haciendo reír a niños y adultos…, personas de todo el mundo unidas por un mismo objetivo. La manifestación avanzó por las calles céntricas de la ciudad hasta llegar al paseo marítimo, dejando pintadas por aquellos lugares por los que pasábamos: empresas, bancos, supermercados… y, sobre todo, cada consulado europeo que nos encontrábamos por el camino ─ como el español o el suizo. La manifestación continuó su recorrido durante unas tres horas aproximadamente, seguidos en todo momento por un grupo de antidisturbios, que no nos dejó hasta que regresamos al campamento.

Ya en el campamento, el ambiente era calmado, festivo, con conciertos, actuaciones, proyecciones de películas… Tardamos en irnos a dormir, teniendo en cuenta que al día siguiente estaríamos de viaje hacia Atenas.

Otro día más en la carretera. Nos enteramos de que la pequeña delegación que había partido la noche anterior hacia Atenas para ser recibidos en la embajada española tuvo un recibimiento nada deseable, siendo atendida de malas maneras ─en la calle y por un funcionario─, cosa que molestó a parte de las personas de la caravana. En vista de ello, se decidió, antes de la llegada a la capital y como medida de protesta, pasar la noche en la embajada. A nuestra llegada a Atenas, el alcalde del distrito en el que nos íbamos a alojar nos esperaba para darnos la bienvenida. Más tarde hubo una asamblea en la que se comunicaba el porqué de la protesta en la embajada esa noche y quienes participarían ─ese acto fue improvisado y había desacuerdos, por lo que se decidió que la protesta no estuviese vinculada con la caravana.

Una vez en el centro de la ciudad, anduvimos algo más de una hora hasta encontrar la embajada, que se encontraba situada al lado del Partenón. Se decidió que la protesta sería silenciosa; más exactamente, sería un velatorio. Evidentemente, las autoridades no permitieron que nos acercásemos a la puerta de la embajada, pero aun así un gran número de personas se quedó allí toda la noche, hasta que se volviera a reunir allí toda la caravana al día siguiente. Esa mañana también hubo una protesta frente a la embajada, pero fue rápida, porque teníamos que irnos a Patras para coger el ferry que nos llevaría de vuelta a Italia.

En el ferry cenamos todos juntos, compartiendo nuestra comida. Resulataba imposible evitar estar pensativos: algo había cambiado en nosotros desde que nos subimos a los autobuses en nuestras ciudades. Era inevitable quedarse mirando al Mediterráneo, aquel que es la mayor fosa común de la historia, pensando en todas aquellas personas que se lanzaban a ese mar sin saber qué les depararía el futuro…

Al día siguiente llegamos al puerto de Ancona, y continuamos el resto del día viajando, hasta llegar por la noche a Marsella. Por la mañana teníamos unas pocas horas libres, así que las dedicamos a conocer un poco la ciudad. Antes de la hora de comer ya habíamos empezado otra vez el viaje hacia casa. Fue un viaje largo y difícil, pero por fin llegamos de nuevo a Valladolid, donde nos esperaban para recibirnos las compañeras que no pudieron hacer el viaje. Nos despedimos del resto de nuestras compañeras del autobús de otras ciudades. Sabíamos que eso no era un adiós, sino el comienzo de algo que podía ser muy grande.