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‘Zelig’ y el falso documental

El falso documental es un género muy interesante del que podemos aprender mucho. Tenemos grandes joyas a lo largo de la historia como pueden ser el Operación Palace de Jordi Évole, en el que engañó a toda la audiencia española con respecto a la supuesta ‘auténtica’ historia que se escondía tras el 23-F; el famoso La Guerra de los Mundos (1938) de Orson Welles, con el cual prácticamente toda la población estadounidense cayó presa del pánico; Incidente en el Lago Ness (2004) de Zak Penn, que volvió a hacer dudar a la gente acerca de la existencia del famoso monstruo; o el gran Operación Luna (2002) de William Karel, el cual todo el mundo conoce por hacernos creer que la llegada a la Luna fue en realidad un montaje de Stanley Kubrick.

En esta ocasión, servidor os recomienda un falso documental obvio, ya que está protagonizado (y dirigido) por Woody Allen. Se trata de Zelig, y narra la historia del ‘hombre camaleón’ en un tono humorístico. Nuestro protagonista, por una serie de razones, ha desarrollado un trastorno que le hace adoptar el mismo rol de aquellos que le rodean para adaptarse, llegando incluso a convertirse en negro.  Es un buen comienzo para el que quiera probar con este esclarecedor formato ya que se hace ameno gracias al fino humor de Allen, que en este filme se priva de cualquier tipo de alardeo intelectual para ofrecer una producción detallada mientras aprovecha para satirizar y criticar los sensacionalismos, el merchandising y a los medios de comunicación de aquel entonces.

Zelig es de esas películas que te hacen ver lo fácil que es hacer algo parecido a un documental del canal Historia y conseguir un efecto realmente creíble. Recoge archivos de vídeo de los años 20 intercalados con actuaciones que simulan la época, además de varias manipulaciones incluyendo, por ejemplo, a Woody Allen actuando detrás de ciertas figuras de gran importancia de aquel entonces. La gracia está en que el narrador continuamente consigue relacionar las imágenes ofrecidas sacadas de contexto con la historia completamente ficticia que está narrando, y esto puede hacer que nos preguntemos: ¿no se utilizará la misma técnica para los documentales que, en teoría, son narrados desde la información y la objetividad?

Una buena edición, como comprobaréis, puede conseguir maravillas y confundirnos completamente. Recomiendo que veáis ‘Zelig’  porque, además del motivo cómico, os hará dudar de los documentales que veáis a partir de ahora, os incitará a documentaros vosotros mismos y, consecuentemente, os hará perderle el respeto al canal Historia con sus innumerables falacias, fuente de argumentación para los más cuñados. Disfrutad.