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Reseña sobre: “The Purge: Election Year”

Election: la Noche de las Bestias (The Purge: Election Year en inglés), la tercera entrega de la saga The Purge, aún se puede ver en los cines, y recomiendo encarecidamente a toda persona provista de conciencia social o de clase a que acuda a ver este film.

Puede parecer la típica película de terror, suspense, tiroteos y gore sin más atractivo que hacer que el espectador se quede pegado a la silla, preso del pánico y la expectación (que también), pero esconde mucho más; desde que la primera entrega de la saga se convirtiera en la película de bajo presupuesto más taquillera de la historia en 2013 (hasta que ese honor se lo arrebató la “indescriptible” Sharknado), el director James DeMonaco ha ido aderezando esta saga con una crítica social cada vez menos sutil y mas hardcore, una deriva que se dejó ver en la segunda entrega, The Purge: Anarchy, aún más acentuada en esta tercera entrega.

Sinopsis: Estados Unidos está gobernado con mano de hierro por una secta ultra-religiosa que se hacen llamar “Los Nuevos Padres Fundadores”, la mayor seña de identidad de su régimen es la “Purga Anual”, durante 12 horas al año todo tipo de acto criminal, incluido el asesinato, es completamente legal, “para purgar y redimir los pecados de la sociedad”. Esa es la versión del régimen, la realidad es que durante la Purga millones de personas indigentes o de clase obrera son asesinadas, “limpiando” así la sociedad, haciendo que el estado se ahorre millones de dólares en gastos sociales que van a parar a manos privadas, para mantener así el status quo social de desigualdad y acaparación de riqueza, por no hablar de que tanto la Asociación Nacional del Rifle como las aseguradoras hacen “su agosto” durante las fechas previas a la Purga, la cara del “capitalismo más depredador”, como se dice durante la película. Una corrupción denunciada por la senadora Charlie Roan (Elizabeth Mitchell), cuya familia fue asesinada durante la Purga, candidata a la presidencia que pretende abolir la Purga y que está ganando demasiados apoyos, razón por la cuál los Nuevos Padres Fundadores intentarán utilizar la Purga para quitársela de en medio.

A lo largo de esta película se pueden ver otras numerosas críticas de carácter anticapitalista, como: la señalización de la extrema derecha como instrumento de las oligarquías, caracterizada por los mercenarios contratados para asesinar a la senadora Roan, engalanados con todo tipo de simbología fascista, nazi y del Ku Klux Klan; la denuncia de la división racial de la sociedad como una expresión inherente a la sociedad de clases, se puede ver que la mayoría de los asesinados en la Purga son negros y latinos residentes en guetos; críticas al neocolonialismo y al status quo colonial en el tercer mundo, países donde “todos los días son la Purga”; y unas ácidas críticas al rapaz imperialismo yankee y la moral que hegemoniza por el mundo de “asesinar al más puro estilo estadounidense”. Unas críticas que acompañan a una explícitas imágenes de ultraviolencia y parafernalia, y un humor ácido y pustuloso, destinados únicamente a impactar al espectador, unos recursos que normalmente resultarían burdos, pero que DeMonaco ha logrado hacer que alcen y dignifiquen esta pelíicula.

Sin embargo, lo más interesante de la película es el continuo debate que se presenta entre parlamentarismo y revolución, representado el primero por la senadora Roan, y la segunda por el activista anti-Purga Dante Bishop (Edwin Hodge); el pregón del pacifismo como característica diferenciadora ante el régimen y el uso de la violencia en casos de necesidad, dos puntos de vista y estrategias mutuamente rechazados de forma continua a lo largo de la trama, un debate que se alarga hasta el inesperado final de la película. Aviso al lector: si eres de los partidarios de la segunda opción, los argumentos de la senadora te acabarán sacando de quicio.

Es sorprendente ver que el principal productor de este film sea Michael Bay, el director más chovinista de Hollywood, cuyas películas nos muestran una bandera con barras y estrellas por cada fotograma. Y la película a lo mejor os producirá ciertos momentos de conspiranoia en los que veáis reflejado a Donald Trump en la pomposidad y los aspavientos del sacerdote Edwidge Owens (Kyle Secor), candidato de los Nuevos Padres Fundadores, o en la cara de Earl Danzinger (Terry Serpico), líder de los paramilitares neonazis; no queramos pensar que la senadora Roan es una representación de Hilary Clinton…

No obstante, reitero mi recomendación de ver esta película a toda persona que tenga una conciencia social arraigada en su ser, le gustará.