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Lo que Adam Smith no sabía y la organización del ViñaRock sí

A diferencia de lo que piensa mucha gente, llevada por un fuerte sesgo ideológico, Adam Smith no era ningún personaje abominable. Al contrario: vinculado personalmente con la serie de filósofos que se han dado en llamar «sentimentalistas escoceses» (entre quienes estaba Hume, al que cualquiera conocerá por su breve aparición en bachillerato), él mismo escribió un tratado moral; y no sería el primero en asumir cierto análisis sobre la economía. Es cierto, aun así, que los intereses de clase le cegaban cuando se trataba de entender el mundo. Y así, en esa «fábrica de alfileres» en la que celebra el potencial de producción que resulta de la división del trabajo, el mismo Smith no pretendía ver que esos individuos (con una media de horario laboral de doce horas diarias) eran los que le permitían a su clase social educarse en las artes, la literatura y el pensamiento. Adam Smith era un excelente pensador de clase.

Sin embargo, hay que entender también que Smith era un liberal, no simplemente en cuestiones de economía, sino en asuntos políticos: asumía sin reservas que era necesaria una educación pública de calidad, proporcionada por el Estado. De esta forma, la clase trabajadora se cuidaría a sí misma de una cultura de la ignorancia. Es decir, había cuestiones básicas con las que el autor no quería negociar lo que hoy asumimos como derechos básicos. Curiosamente, a la misma famosa aseveración de que «no es la benevolencia del panadero la que los lleva a procurarnos nuestra comida, sino el cuidado que prestan a sus intereses», podríamos contestar con relativa facilidad: lo mismo sucedería con el banquero, y quizá por eso estamos donde estamos.

Alberto Fabra: «Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades».

Pero quizá eso no sea lo más curioso de su pensamiento en cuestiones humanas. Hay autores que relacionan el ser humano que imaginaba Smith con lo que se ha llamado el homo oeconomicus. Sin embargo, el concepto es posterior. Se usa comúnmente para referirse a un modelo teórico (tanto como la famosa mano invisible, de hecho) prácticamente ideal, que designa a un ser humano perfectamente racional, en términos utilitaristas. El discípulo de Smith, Stuart Mill, lo especifica así: «[Political Economy] is concerned with him [the man] solely as a being who desires to possess wealth, and who is capable of judging of the comparative efficacy of means for obtaining that end». «La Economía Política trata del hombre solamente como ser que desea poseer riquezas, y que es capaz de comparar la eficacia de los medios para obtener tal fin». (Essays on Some Unsettled Questions of Political Economy, v. 38).

 

El homo oeconomicus es una de las asunciones ideológicas con mayor recorrido en cuanto a teoría popular. Es la misma antesala del relato que reza: «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades»; es decir, nos responsabiliza directamente de nuestro papel como consumidores en la economía global y globalizada. Si pudiéramos darle una perspectiva de clase a esta idea de Smith, tendríamos claramente alguna forma de revolución de por medio. Y sin embargo sabemos que, en pleno siglo XXI, el mundo no es para todo el mundo, de la misma forma en que aquella mano invisible no ha funcionado en ningún momento. Casi al contrario, todo apunta a que el Estado es una forma de organización-marco muy estable, y a que el mercado va a representar siempre, al menos, las zonas más oscuras y desgastadas de la humanidad.

Desde luego, ni Adam Smith ni Stuart Mill, liberales de la vieja escuela, entenderían una Europa donde el sector servicios ha fagocitado de tal forma la naturaleza humana de sus consumidores. No sólo eso, sino que claramente replantearían sus ideas de forma radical. Marx, en cambio, podría comprenderlo fácilmente, como fenómeno; aunque quizá entristecería hasta la enfermedad. Para cualquier buen empresario y en particular para la organización del ViñaRock, que un grupo de gente estéticamente alternativa y políticamente anticapitalista esté dispuesta a pagar más de 40€ por una entrada al festival, es sin duda una genial noticia.