Internacional

La incertidumbre de una política francesa que pivota entre la derecha y la extrema derecha

Quedan siete meses para las decimoprimeras elecciones presidenciales y las decimocuartas elecciones legislativas de la Quinta República Francesa y ya ha comenzado a especularse sobre los posibles escenarios que pueden darse. La compañía TNS Sofres, en concreto, nos ha ofrecido en su última encuesta hasta ocho diferentes escenarios para las elecciones presidenciales, que son sobre los que vamos a reflexionar.

Estos escenarios dependen básicamente de los candidatos que presenten los principales partidos, a excepción de Marine Le Pen, matriarca indiscutible de la extrema derecha francesa; y de la participación o no del liberal Bayrou que, con el Mouvement Démocrate, ya había perdido en 2012 la mitad de los apoyos que cosechó en los comicios de 2007, y de Macron, ministro de economía de Hollande dimitido el pasado 30 de agosto que fundó el mes pasado el movimiento En Marche!.

Escenario 1: Hollande, Macron, Sarkozy y Bayrou

En este primer escenario nos encontramos una virtual repetición de las elecciones de 2012, con Sarkozy y Le Pen midiéndose de nuevo al actual presidente francés Hollande, con Bayrou y Mélenchon, por el centro y por la izquierda, como alternativas. Sin embargo, en este supuesto se contempla la novedad de la posibilidad de que el hasta hace unos días era ministro de economía de Hollande, Emmanuel Macron, quien podría aprovechar el innegable apoyo que cuenta y la repentina fama que se ha granjeado en estos dos años al frente de la cartera de economía.

En este escenario puede apreciarse la crisis que sufre la izquierda francesa: Mientras en países como Grecia, España o Bélgica, en donde el partido socialdemócrata ha visto reducidos sus apoyos, otros partidos situados a su izquierda han tomado su relevo (Syriza, Podemos y Partido del Trabajo, respectivamente), el debilitamiento del Parti Socialiste no ha producido, en absoluto, un aumento de los apoyos de los comunistas de Mélenchon, que repetiría resultado cinco años después. Parte de la culpa la tiene el socioliberalismo de Macron, quien, a caballo entre Hollande y Bayrou, se haría con 16 de los 17 puntos que se le escapan al Partido Socialista, quien, con tan sólo el 11% de los votos, conseguiría el peor resultado -con diferencia- de su historia y podría ser, por primera vez, 5ª fuerza del Parlamento, si bien es cierto que, con la inclusión de más agentes en la pugna por esa tercera plaza, el porcentaje de votos ha de leerse de forma relativa. Tanto es así que Le Pen, con menos apoyos que Sarkozy y Hollande en las legislativas de 2012, se convertiría en la vencedora absoluta de la primera vuelta, a aproximadamente un millón y medio de votos del segundo partido, el conservador Les Républicains.

Escenario 2: Hollande, Macron, Sarkozy (sin Bayrou)

En este caso, la encuesta repite los mismos candidatos, excluyendo de la contienda a Bayrou, pese a que éste dijo que se presentaría exclusivamente si el candidato conservador era Sarkozy.

Como era de esperar, el ex ministro Macron sería el más beneficiado de la renuncia de Bayrou, debido a los planteamientos liberales que mostró en sus dos años en el ejecutivo. Sin embargo, este aumento sería, quizás, menos de lo esperado: tan sólo 2 puntos más obtendría quien apela al discurso de “ni de derechas ni de izquierdas”, los mismos que un Sarkozy que seguiría lejos de alcanzar a Marine Le Pen.

Escenario 3: Hollande, Macron, Juppé

En este caso, además de suprimir a Bayrou, la encuesta sustituye al candidato del LR (análogo del PP), siendo éste Juppé en lugar de Sarkozy, lo cual tendría un efecto interesante: además de relanzar al LR, dejándole en una posibilidad de disputar el triunfo en la primera vuelta a Le Pen, también incrementaría el apoyo de la ultraderechista, reduciendo el número de votos que recibirían tanto Hollande como, sobre todo Macron.

Esto, en primer lugar, evidenciaría que una parte sustancial de los votantes de Macron (pese a definirse como alguien de izquierdas en un proyecto “ni de izquierdas ni de derechas”) son simpatizantes del LR descontentos con la gestión de Sarkozy, que volverían a votar a los conservadores de cambiarse el candidato. En segundo lugar, la candidatura de Juppé haría que se percibiera al LR como un rival real para disputar la victoria a Le Pen, por lo que es posible que parte del voto de Debout la France, liderado por Dupont-Aignan, fuera a parar a ella para derrotar al conservador moderado.

Mientras tanto, Hollande consolidaría al Partido Socialista como quinta fuerza y segundo partido de la izquierda, adelantado por el Front de gauche, en unas elecciones en las que la derecha contaría con el 57% del apoyo, por el paupérrimo 25.5% que sumaría la izquierda (además de los extraparlamentarios Nuevo Partido Anticapitalista y Lucha Obrera).

Escenario 4: Hollande, Sarkozy, Bayrou (sin Macron)

La renuncia de Emmanuel Macron, como refleja la encuesta, beneficiaría principalmente a la derecha tradicional, representada por Sarkozy y Dupont-Aignan, ex LR, lo cual refleja el carácter transversal del movimiento del ex ministro socialista, quien tan sólo no bebería de los extremos representados por Lucha Obrera y el Frente Nacional, además del ecologista EELV. Sin embargo, y aunque permitirían subir a Hollande hasta el 13% de votos (siendo aún la peor marca histórica del PS) auparía a Bayrou hasta empatar a los socialistas y permitiría al FDG seguir a rebufo de éstos en la pugna por el tercer puesto.

Escenario 5: Hollande y Sarkozy (sin Macron ni Bayrou)

Estas dos renuncias -las cuales, vista la situación de Macron y en un escenario en el que Sarkozy sea candidato, parecen complicadas- significarían sin duda un bofetón al Frente Nacional, pues provocaría el aumento de todos sus competidores, sobre todo los que corren por su mismo carril (Les Républicains y Debout la France). Sarkozy se colocaría, de este modo, a tan sólo 2 puntos de distancia y la derecha-extrema derecha se haría con el 63% de los sufragios, lo que una vez más evidencia el perfil derechista de los votantes de Macron y Bayrou, aunque Hollande se vería notablemente beneficiado (con un aumento de 4 puntos con especto al primer escenario) y, en menor medida, el Front de gauche, el EELV e, incluso, los anticapitalistas, que podrían entrar en el parlamento duplicando el resultado obtenido en 2012, en el caso de repetir resultado en las elecciones legislativas. Como venimos señalando, el carácter de partido atrapalotodo de los dos candidatos liberales haría que su presencia redujera los porcentajes de voto de casi todos los partidos del espectro, ya que, al no definir una clara ideología, beben de numerosos nichos electorales.

Escenario 6: Hollande y Juppé (sin Macron ni Bayrou)

Sin duda, el escenario predilecto para la derecha francesa: sin Sarkozy en la lucha, sí es posible que Bayrou anuncie que no se presenta a las elecciones. Además, si Macron decide no llevar a cabo su periplo como candidato a la presidencia de Francia, los republicanos de Juppé podrían alcanzar hasta el 33% de los votos, superando por 4 puntos a Marine Le Pen. Parte de los apoyos podrían venir de su derecha (Debout la France, que volverían a votar a los republicanos al no presentarse Sarkozy) o incluso de los socialistas o los verdes, como forma de evitar el triunfo de Le Pen. También es posible que el aumento de porcentaje de votos se produzca por una mayor abstención en la izquierda, pues verían que tanto el FDG como el PS serían incapaces de competir contra una derecha que acumularía el 68% de los sufragios. En ese caso, el partido de Le Pen no se vería beneficiada de una mayor abstención ya que algunos frentistas volverían al conservadurismo moderado, pues muchos habrían optado por el FN como castigo al ex presidente Sarkozy.

Escenario 7: Motenburg, Macron, Sarkozy y Bayrou

Un escenario totalmente temido por los socialistas franceses, quienes, con la sustitución de Hollande por Montebourg, quien ya quedara en tercera posición en las primarias socialistas de 2011. Y es que el fuera diputado, como la propia encuesta refleja, se sitúa detrás del aún presidente en apoyos tanto dentro del seno de su partido (gráfico de la izquierda) como dentro del conjunto de votantes de izquierdas (en la derecha).

En ambos, el socioliberal Macron es el candidato de mayor consenso entre los votantes que podrían situarse dentro de su parcela de electores. Dentro de los simpatizantes del PS, por tanto, el único candidato alternativo a Hollande sería un Manuel Valls que no suscita siquiera una mayor simpatía que un presidente que podría llevar al partido a los peores resultados de su historia, lo cual evidencia una crisis de liderazgo en un Partido Socialista que ve cómo los dos candidatos de izquierdas mejor valorados (Macron y Mélenchon) no forman parte de su partido. Es, además, curioso cómo quienes eligen a Macron en primer lugar como el candidato idóneo -18%- en su mayoría sí optarían por el ex ministro (sus apoyos electorales irían entre el 15 y el 18%), mientras que en el caso de Mélenchon, aunque el 23% de electores de izquierdas le sitúen como el mejor candidato posible, sus apoyos en ningún caso superarían el 13%. Muy similar a lo ocurrido en otros países de Europa, como España, en donde Alberto Garzón, pese a ser el líder mejor valorado, capitaneó una Izquierda Unida que en ningún caso superó el 10% de los votos.

De este modo, la izquierda francesa se encuentra con un escenario en el que, por un lado, tiene una seria crisis de liderazgo (PS) y, por otro, un proyecto que no acaba de seducir a un electorado que, sin embargo, sí apoya a su líder (FDG).

Escenario 8:  Montebourg, Macron, Sarkozy (sin Bayrou)

Como ya ocurría en el anterior escenario en donde Bayrou era borrado de la pugna, Macron se haría con una parte del electorado socioliberal y no atado a etiquetas ideológicas del espectro, al menos explícitamente. De esta forma, podría incluso luchar por arrebatar la segunda plaza a un Sarkozy que no se vería beneficiado, más allá de los votos que hubiera podido arrebatar a unos socialistas que seguirían hundidos. La otra gran beneficiada en ese escenario sería Dufiot, que alcanzaría el 4% de los apoyos, en parte gracias también a esa indefinición ideológica tradicional de los partidos ecologistas y animalistas en Europa, casi duplicando su último resultado en unas presidenciales.

Escenario 9:  Montebourg, Macron, Juppé

De nuevo, la inclusión de Juppé relanzaría las expectativas conservadoras de cara a la primera vuelta, con posibilidades de disputar la victoria a Marine Le Pen, quien, como hemos visto, apenas ha visto variado sus apoyos en los nueve escenarios, lo cual muestra la gran fortaleza de la extremista: un electorado profundamente convencido y muy fiel a la lideresa del Frente Nacional. Justo lo contrario de un partido conservador y unos socialistas cuyas variaciones son de hasta 10 puntos en el caso del PS y 13 para los republicanos, lo que muestra una gran dependencia de los dos partidos tradicionales del liderazgo de cada uno.

La nominación republicana, vistos los diferentes escenarios, debería estar clara: Alain Juppé es el candidato que más seduce a la derecha francesa; mientras que en la orilla socialista no contamos con datos de posibles candidatos como el primer ministro Manuel Valls, quien ya se declaró “libre” y al cual el círculo cercano de Hollande critican un “doble juego” al “apoyar públicamente al candidato, pero hacer todo lo posible por que Hollande no se pueda presentar para ser candidato en su lugar”, como señalaba La Voz de Asturias, e incluso ven visos electoralistas en algunos de sus discursos, como el del pasado 29 de agosto.

Sin embargo, y fuera quien fuese el candidato socialista, el PS está prácticamente descartado para una segunda vuelta que se disputará Le Pen con el candidato que finalmente presenten Les Républicains. De este modo, y vista la incapacidad del Front de gauche para sacar provecho de una situación profundamente ventajosa, Francia vive estas presidenciales como una decisión complicada: derecha conservadora tradicional o extrema derecha euroescéptica y xenófoba, quienes se repartirían entre el 49 y el 68% de los apoyos populares. En esta disyuntiva, muchos votantes de izquierdas, descontentos, no se acercarán a las urnas en la segunda vuelta; otros, como puede ocurrir con los simpatizantes de Sanders en EEUU que han declarado apoyar a Donald Trump, incluso es posible que se decidan por apoyar a una candidata de un perfil anti-stablishment y contraria a una Unión Europea contra la que también carga parte de la izquierda.

De esta forma, los votantes de izquierda se convertirán en decisivos en un país en donde los partidos de izquierdas están profundamente heridos.