Artículos de opinión La Partisana

La hipocondría es un trastorno

La RAE define la hipocondría como una afección caracterizada por una gran sensibilidad del sistema nervioso con tristeza habitual y preocupación constante y angustiosa por la salud (link aquí)Por su parte, el DSM IV lo engloba dentro de los trastornos somatomorfos, es decir, aquellos trastornos en los que el paciente se ve sometido a procesos de somatización en los cuales aparecen dolencias que no pueden ser explicadas por daño orgánico. Asimismo, el DSM IV establece seis criterios para diagnosticar la hipocondría, que se resumen en un trastorno sin ideas delirantes en el cual, a pesar de que los resultados médicos no muestren ninguna anomalía, el paciente está convencido de que sufre una enfermedad grave; y ello le causa angustia y ansiedad. Como se observa, y a pesar de que en repetidas ocasiones escuchemos “hipocondríaco” como sinónimo de una persona que tiene una preocupación, quizá, excesiva por la salud, estamos ante una enfermedad mental que, probablemente, haya sido banalizada. Así pues, sumado al hecho de que las mayoría de enfermedades mentales son estigmatizadas, nos encontramos con que esta ni siquiera es tenida en cuenta, pues se desconoce que esta enfermedad mental sí que tiene importante repercusiones en la vida de aquellas personas que la padecen.

Toby Allen, 2013
Toby Allen, 2013

Por lo mencionado anteriormente es de suma importancia que los trastornos o enfermedades mentales no sean banalizados. No es raro que una persona se considere bipolar, depresiva o hipocondríaca pero, ciertamente, muy pocas de ellas sufren verdaderamente estas enfermedades. Cabe señalar que el hecho del auto-diagnóstico, tan discutido en RRSS y por la comunidad científica y en cuyo debate no me adentraré, asume que cualquier persona con unos mínimos conocimientos de psicología y acceso a una biblioteca o a Internet puede diagnosticarse dichas enfermedades. No obstante, este auto-diagnóstico no tiene por qué ser positivo y menos en casos en los que la persona sufre de hipocondría, puesto que se puede pasar a creer que se tiene esquizofrenia o cualquier otro trastorno psicótico. Asimismo, en muchas de las ocasiones a través de estos auto-diagnósticos banalizamos las enfermedades mentales, pues el hecho de pasar una mala racha o preocuparse porque salió un lunar con una forma rara no implica que tengas depresión o hipocondría. Ello se debe a que para el diagnóstico de casi cualquier enfermedad mental es necesario el cumplimiento de una serie de síntomas y, aun así es complejo señalar cuál es enfermedad la que sufre el paciente.

En resumen, y hablando en primera persona como hipocondríaca y enferma mental, me es difícil y hasta doloroso escuchar cómo se banaliza una enfermedad que es sumamente compleja y que requiere, si no queremos caer en la romantización de las enfermedades, un tratamiento. Es molesto y dañino que, además de tener que soportar las constantes bromas sobre nuestras inútiles visitas al médico por nuestra imaginaria enfermedad, tener que encima soportar cómo la hipocondría deja de ser considerada un trastorno mental para empezar a significar simplemente aquella persona que alguna vez muestra lo que para los ojos de los demás es una excesiva preocupación de la salud. La banalización y romantización de cualquier enfermedad mental sólo complica la ya delicada situación de las enfermas mentales, cuyo estigma ya es duro, como para que nuestra enfermedad quede reducida a un rasgo de personalidad indoloro y común.