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La cultura de la violación

La cultura de la violación es uno de los mayores pilares del Patriarcado y, probablemente, uno de los más difíciles de visibilizar. Asimismo, la cultura de la violación no consiste única y exclusivamente en que un desconocido te asalte sexualmente de manera violenta en un callejón oscuro, puesto que además de ser falso (el 80% de las violaciones son por parte de un conocido¹), consiste en todos los mecanismos de control, violencia y vigilancia a los que son sometidas las mujeres. Aquello que es conocido como acoso callejero es parte de esta cultura de la violación, así como el miedo a pasear por según qué calles a según qué horas sin la compañía de un varón. Miedo que es naturalizado y considerado inevitable, ya que la esencia del hombre no puede evitar la pulsión sexual y por ende ha de agredir si necesita resolverla. Obviamente, esta consideración transgrede toda ciencia y se fundamenta en una cultura de la violación patriarcal que tiende a biologizar todas aquellas desigualdades que sufre la mujer.

En segundo lugar, no es muy complejo discernir entre lo qué es sexo consensuado y consentido y una violación. Muchas veces nos autoengañamos para no asumir que aquella persona en la que confiábamos nos ha violado, sin metáforas. Un “no es un no” y, asimismo, si estás bajo los efectos de cualquier psicotrópico (alcohol, marihuana, etc) o bien has sido manipulada o coaccionada física o verbalmente, también, es una violación. Un “sí” sólo es válido cuando se es completamente consciente de que se está consintiendo y cuando ese consentimiento no es obligado ni forzado. Al igual que no firmarías un contrato si no pudieras leer lo que pone en el mismo. Obviamente, la culpa ,y hay que incidir en ello, es del violador, pues es él el que ejerce la violencia, a pesar de cualquier condicionante externo y de cómo se encuentre la víctima en ese momento.

Fuente: Feminismo Unizar
Fuente: Feminismo Unizar

En tercer lugar, es necesario hablar de lo que se conoce como victim blaming, es decir, culpar a la víctima por haber sufrido una violación, acoso sexual o callejero. Son comunes los comentarios en los que se acusa a la víctima de ir muy provocativa, de frecuentar lugares que no debía, de dormir en su cama o de haber bebido más de la cuenta. De hecho, han sido varias las voces que han defendido a los cinco agresores de San Fermín; un ejemplo más de esta cultura de la violación. Asimismo, estas aseveraciones hacen que las mujeres sintamos pánico de hacer ciertas cosas por si nos ocurriese alguna agresión. Nos aconsejan desde jóvenes que no vayamos solas a las doce de la noche o que no nos pongamos esa falda si no queremos sufrir acoso o una agresión, de forma mucho más sútil, claro está. En cambio, a los hombres no se les dice que no violen ni acosen.

En resumen, la cultura de la violación no sólo nos puede llevar a sufrir agresiones que nos dejen marcadas física y/o psicológicamente, sino que, también, es una cultura del miedo y de la vigilancia. Una cultura que nos obliga a tener miedo de salir de noche, de ponernos según qué cosas o no transitar según qué barrios mientras que otra gran parte de la población disfruta del espacio público sin ataques de ansiedad. La cultura de la violación es una pata más del Patriarcado, una muy peligrosa y asumida.

 

 

1) Cohen, 1985.