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España, país de pandereta

‘España, país de charanga y pandereta’. Así definía nuestro país el célebre poeta Antonio Machado, y cierto es que muy probablemente dichas palabras sigan teniendo vigencia hasta el fin de los tiempos.

A principios de mes conocíamos la noticia de que nuestro ex ministro de Industria, José Manuel Soria, era propuesto para el ejecutivo del Banco Mundial por Mariano Rajoy para representar a España. Las circunstancias son las siguientes: Soria dimitió al ser descubierto en el escándalo de los ‘Papeles de Panamá’. Ya es inconcebible que un señor ministro de nuestro país esté inmiscuido en tamaña trama mundial de corrupción, y que encima dimita alegando ‘motivos personales’ y no el auténtico motivo; pero es que encima va a ser ‘premiado’ con este puesto de privilegio en el cual pagará, literalmente, menos impuestos que un puesto de salchichas cobrando un sueldo mínimo al día. En otros países se castiga a los corruptos, en el nuestro se les premia.

Por otro lado, el Banco Mundial se presenta como una institución cuyo objetivo principal es erradicar la pobreza en el mundo. Su propia pobreza, será, porque teniendo en cuenta la índole de componentes como el señor Soria no parece que estén demasiado preocupados por los problemas de las clases bajas ni del tercer mundo. Hay que tener en cuenta varios factores, como que Soria ya escribía para el ‘Canarias7’ (diario de referencia en Canarias) en su época de alcalde de Las Palmas de Gran Canaria artículos a favor de la expulsión de los inmigrantes ilegales. Y no se quedaba ahí. Tomaba medidas para echar él mismo a los sin techo, como la demolición del edificio Woermann. En su lugar por supuesto autorizó la construcción de una torre de lujo. En su época de ministro, además, ha sido responsable de joyas como el ‘impuesto al sol’ o algo contra lo que los canarios estuvieron luchando ferozmente durante mucho tiempo para que no se llevara a cabo: Las prospecciones de las petroleras en las costas de Lanzarote y Fuerteventura. Si este hombre no siente aprecio ni por su propia tierra, ¿cómo podemos esperar que sienta ni la más mínima pena por los pobres del resto del mundo?.

Los españoles, a pesar de todos, no protestamos. Si no prestamos atención a Twitter, es como si nada hubiera pasado. Somos nosotros los que permitimos que las cosas sigan así. Mientras que en otros países los cargos públicos dimiten por cargar tíckets de parking a las arcas públicas, en el nuestro ni si quiera dimiten por utilizar a los servicios de inteligencia que deberían trabajar por nuestra seguridad para sus propias guerras políticas, como el ministro Jorge Fernández Diaz. El caso de Soria es la punta del iceberg. Son más de 50 casos de corrupción investigados por vía judicial los que protagoniza el Partido Popular, y a pesar de todo, la intención de voto a esta empresa criminal diseñada para saquear a los españoles sigue subiendo. A lo mejor deberíamos dejar de quejarnos y buscar el motivo. Hablemos de psicología social:

En psicología social, en el apartado de persuasión, se habla de que hay dos rutas argumentales para llevar ésta acabo: Una es la argumentación central y otra es la argumentación periférica. La argumentación por vía central es aquella que se basa en argumentos racionales para llevar a cabo la persuasión y se utiliza sobre todo con el público informado, mientras que la argumentación por vía periférica utiliza argumentos que se basan más en la estética, en la forma y las apariencias, dejando de lado la racionalidad. Ahora bien, sabiendo esto y conociendo la actualidad tanto política como informativa es fácil atar cabos: la gente hablará más de las reinas magas de Manuela Carmena que de la trama Púnica o de la trama Gürtel, porque la masa en su mayoría no se moverá por argumentación central al no estar inmiscuida en el panorama político. La secretaría de comunicación del Partido Popular sabe esto muy bien.

El caso es: ¿por qué es España país de charanga y pandereta? ¿Es porque a los españoles nos resulta indiferente que nos sigan saqueando? ¿Es porque el espectro político siempre estuvo demasiado a la derecha? ¿O más bien porque la misma derecha nos tiene calada desde siempre y sabe cómo mover a la masa?

¿No será que los españoles tenemos miedo a la libertad?