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Un fantasma recorre África, el fantasma de Sankara

África, a pesar de ser el continente más rico en recursos naturales, es el más pobre económicamente hablando, fruto de siglos de expolio colonial, ante la alianza entre las corruptas oligarquías nacionales y las rapaces oligarquías occidentales, que se han llenado los bolsillos a costa de la miseria y la esclavitud de los pueblos africanos.

El pequeño país de Burkina Faso no es una excepción, a pesar de ser un país rico en manganeso, mármol, cobre, níquel, plomo, fosfato, plata, zinc, y sobre todo oro, es uno de los 30 países más pobres del mundo.

Conquistada por el Imperio Colonial Francés a finales del siglo XIX, formando parte de la colonia del Alto Volta Francés, obtuvo la independencia en 1960, recibiendo el nombre de República de Alto Volta, tras la resolución descolonización de la ONU tras la II Guerra Mundial. Sin embargo, a pesar de la independencia, los yacimientos de oro siguieron siendo explotados por empresas francesas y estadounidenses, que recibían los favores de una serie de sucesivos gobiernos militares y golpistas que mandaron en el Alto Volta a lo largo de dos décadas. En este país había una mortalidad infantil de 180 muertes por cada mil bebés, una esperanza de vida de 40 años, una tasa de analfabetismo del 50% y una tasa de escolarización del 16%, y sólo había 117 médicos y 4 hospitales en todo el país, mayormente concentrados en la capital Uagadugú.

Esta situación comenzó a cambiar el 4 de agosto de 1983, cuando estalló una insurrección cívico-militar que derrocó al dictador títere de turno, Jean-Baptiste Ouédraogo. Una revolución organizada por una sección marxista y antiimperialista del ejército, el Grupo de Oficiales Comunistas, liderados por Thomas Isidore Noël Sankara, un joven y carismático capitán de por entonces 33 años.

La primera medida del gobierno revolucionario fue la de vender los coches oficiales de lujo, el coche presidencial pasó a ser un modesto Renault 5; la reducción de sueldo de todos los funcionarios, y la obligación para todos los funcionarios de donar el sueldo de un mes para destinarlo a fines sociales.

La segunda medida fue una reforma agraria que expropió las tierras de los terratenientes para que pasasen al poder de los campesinos, hasta entonces, a pesar de ser un país con mucha tierra fértil y útil para el cultivo, Alto Volta debía comprar fuera sus productos y endeudarse hasta el límite, lo que provocaba sucesivas hambrunas, esta reforma agraria propició que el país fuese autosuficiente, e incrementó la producción un 120% en dos años; fomentando además el consumo de algodón nacional haciendo obligatorio que todos los representantes estatales vistiesen textiles nacionales. El gobierno de Thomas Sankara además nacionalizó la industria, la minería y los yacimientos de recursos naturales, expropiando a las rapaces empresas francesas y yankees que expoliaban los minerales. Y también se abolieron los poderes feudales de los líderes tribales, que perdieron su derecho a cobrar tributos o de obligar a trabajar a los campesinos para ello.

El gobierno revolucionario también implantó una campaña de alfabetización y construyó cientos de escuelas, en cuatro años lograron que el analfabetismo pasase del 50% al 19%; implantó también una sanidad gratuita y universal, vacunando a 2.5 millones de bebés contra la meningitis, la fiebre amarilla y el sarampión, haciendo que la mortalidad infantil cayese en picado. Además, fue el primer gobierno africano en denunciar públicamente el peligro de la epidemia de SIDA, y en empezar una campaña para su erradicación. Se construyeron más de 100 km de vías ferroviarias, acueductos y pozos, un proyecto que el Banco Mundial se negó a subvencionar.

Pero tal vez lo más novedoso fueron las medidas para combatir las desigualdades de género, algo prácticamente inédito en el África Negra por entonces: quedaron prohibidas la ablación clitoriana y vaginal, la poligamia y los matrimonios forzados; se fomentó la participación del hombre en las tareas domésticas y la incorporación de la mujer al entorno laboral y universitario; se lanzó una campaña contra la violencia machista; se luchó por erradicar la trata de prostitutas, altísima en el paísse propició además por primera vez la incorporación de las mujeres a los cargos ministeriales y al ejército.

Sankara trató de inculcar el sentimiento revolucionario en el pueblo, el 4 de agosto de 1984 cambió la bandera, el escudo y el nombre del país, que pasó a llamarse Burkina Faso (Patria de las Personas Íntegras, mezclando los dos principales idiomas nativos). Como un convencido panafricanista, trató de organizar un Frente Africano contra el pago de la deuda externa al FMI, denunciando que la deuda era un instrumento para someter a las naciones, “Si no pagamos, los prestamistas no morirán de hambre, eso es seguro; pero si pagamos nosotros sí que moriremos, eso también es seguro”.

Sólo tres meses después de ese discurso, el 15 de octubre de 1987, Sankara fue asesinado, descuartizado y enterrado en una tumba desconocida para no convertirla en punto de peregrinación, en un golpe de estado organizado por su estrecho colaborador Blaïse Compaoré, sobornado por el gobierno francés de François Mitterrand y el gobierno títere de Costa de Marfil.

En 1990 Compaoré implantó la “Rectificación de la Revolución”, aboliendo todas las medidas sociales y antiimperialistas de la Revolución. Hoy en día Burkina Faso es el 27º país más pobre del mundo, y el alto paro ha provocado más de 3 millones de emigraciones. Compaoré gobernó el país tras una serie de elecciones fraudulentas hasta que fue derrocado por una insurrección popular en noviembre de 2014, que le obligó a huir, disturbios y batallas campales donde los manifestantes aludían continuamente al espíritu de Thomas Sankara. Por desgracia este revolución fue traicionada y parada por el ejército, que impuso un gobierno militar interino, hasta que en 2015 se celebraron elecciones, en las que resultó vencedor el socialdemócrata Roch Marc Christian Kaboré.