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¿Qué es la Doctrina Juche?

Juche: la doctrina filosófica y política que rige la República Popular Democrática de Corea desde hace más de seis décadas, de inspiración antiimperialista y (más o menos) socialista; socialmente considerada como una variante o descendiente del comunismo marxista, pero ¿qué es exactamente la Doctrina Juche?

En coreano, Juche es una combinación de dos vocablos: Ju (hombre) y Che (ser un/como un Dios). Kim Jong Il lo definía así: “Juche significa que el hombre es dueño de su propio destino”. Una base filosófica que se opone por completo al materialismo marxista, ya que la filosofía materialista defiende que el ser humano está sujeto a fuerzas y factores externas, ajenas a la voluntad; “un hombre puede mover una montaña, incluso si su fe es tan pequeña como un grano de arroz”, en otras palabras: no hay nada que el ser humano no pueda hacer si quiere, una visión puramente idealista e individualista del ser humano que reniega del análisis social concreto de cada situación.

El Juche sostiene que el ser humano es un ser superior a los animales por naturaleza, y no simplemente una forma evolucionada como dice el marxismo. El humano tiene tres características especiales que lo separan y lo colocan por encima de los animales: la independencia, quiere controlar su propia vida y se niega a ser esclavizado o controlado por otros hombres o por la naturaleza; la creatividad, tiene la capacidad de pensar fuera de su propia realidad y visualizar otras realidades (idealismo platónico); y la conciencia, el hombre nace con sentimientos de compasión y de consideración para con sus semejantes. Una premisa que también se opone al marxismo, el cual defiende que “el ser humano es un ser social, no natural”, es decir, que su moral y su conciencia dependen de la moral y la conciencia hegemónicas en la sociedad.

Un punto en común con el marxismo es la base dialéctica, pero desde un punto de vista por completo individualista, la historia se ve como una lucha continua llevada a cabo por la humanidad para formar una sociedad que respete la independencia individual, dividida en fases cada vez más emancipadoras, como el propio nombre de la doctrina sugiere, esta lucha continua es una búsqueda de la “divinización” de los individuos, las fuerzas impulsoras de esta lucha son ideas creadas por individuos y por líderes, otro punto contrapuesto al marxismo, que defiende que las masas son quienes hacen la historia, no los individuos. Mientras Marx formó su visión de la historia bajo una combinación entre Hegel y Feurbach; Kim Il Sung se inclinó hacia Hegel y descartó a Feuerbach, exactamente la misma base que Aleksandr Dugin para su nacional-bolchevismo.

A pesar de poseer una base dialéctica, luego contradice a ésta cuando se habla de la consecución del socialismo y de la cuestión nacional: Para el juche, la etnicidad es el pilar-base sobre el cual construir una sociedad, las naciones son vistas como formas de vida en sí mismas, que trascienden las divisiones económicas, una visión ultranacionalista muy parecida a la del fascismo mussoliano; tras la destrucción del capitalismo, y haber dado el ser humano un paso más hacia su “divinización”, considera que ya no es necesaria la lucha entre clases, y aboga por una cooperación interclasista dentro de la nación socialista, bajo un sistema autárquico que busque la verdadera independencia de Corea (curioso y gracioso es, pues, que las minas de metales norcoreanas sean explotadas por empresas canadienses, y que sobreviva gracias a las importaciones y exportaciones chinas), “un coreano burgués y un coreano proletario son ambos coreanos, y ambos comparten el interés común de oponerse a los extranjeros que deseen controlar Corea”, dijo Kim Jong Il en 2003, una visión social muy parecida a la del falangismo.

El Juche además defiende una sociedad meritocrática, al estilo de la República de Platón, cada cuál debe realizar el trabajo adecuado para su actitud natural, y el líder no es una excepción, debe gobernar quien haya nacido para ello, los líderes burocráticos estatales deben “servir y proteger” al pueblo coreano, renegando además de la lucha por la destrucción final del estado, es decir, de la consecución de la sociedad comunista.

Idealismo, búsqueda de la divinización, meritocracia, ultranacionalismo, negación de la lucha de clases y la destrucción del estado, visión de que los líderes individuales hacen la historia en vez de las masas… un cocktail ideológico que, añadido al espiritualismo típico de las sociedades orientales, sólo podía conducir a una sociedad en la que primase un exagerado culto al líder, formando un sistema de gobierno cuasi “teocrático” donde la dinastía de los Kim gobierne electoralmente a perpetuidad, gracias a su imagen social de que están “destinados por naturaleza” a liderar al pueblo coreano, y a escribir la historia de éste. En el marco de un estado ultraburocratizado, donde se ha formado una nueva diferenciación clasista entre la burguesía burocrática y la clase obrera norcoreana.