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Las relaciones entre el movimiento sionista y el III Reich

Parecerá paradójico, incluso kafkiano, que el régimen antisemita por antonomasia, como es conocida la Alemania Nazi, y el movimiento sionista, incipiente durante la primera mitad del siglo XX, pudieran mantener buenas relaciones institucionales. Pero cobra sentido al ver que las emigraciones masivas de judíos hacia Palestina durante el siglo XX, debidas al auge que experimentó la ideología sionista entre la población judía europea, era una buena solución para librarse de los judíos alemanes, además de que eso podía encajar perfectamente dentro del principio nacionalsocialista del “Espacio Vital”, basada en la unidad de cada raza o etnia dentro de una sola nación separada de las demás, buscando la pureza de cada raza y el anti-multiculturalismo.

Es por eso que durante los primeros años del régimen nazi en los años 30, éste apoyó al sionismo de manera significativa en el proyecto de emigración judía a Palestina. El sionismo experimentó una importante progresión durante el nazismo. Publicaciones como el Jüdische Rundschau (Revisión Judía), periódico de la Federación Sionista de Alemania, incrementaron potencialmente sus ventas, y en febrero de 1936 se celebró en Berlín la Convención Sionista.

El 25 de agosto de 1933, el gobierno nazi y la Federación Sionista de Alemania firmaron el Acuerdo Haavara (“traslado” en hebreo), en el que se pactó que el que el gobierno alemán facilitaría y colaboraría en el traslado de miles de judíos alemanes hacia Palestina (por entonces protectorado británico). Leopold von Mildenstein (un importante oficial de las SS) y Kurt Tuchler (representante de la Federación Sionista de Alemania) realizaron juntos un recorrido de seis meses por Palestina para verificar el desarrollo y expansión de los asentamientos de colonos judíos en territorio palestino. A su regreso, Von Mildenstein publicó a finales de 1934 una serie de doce artículos para el importante diario berlinés Der Angriff, donde expresaba su admiración “por los extraordinarios logros de los colonos sionistas en Palestina”. Este periódico emitió un medalla conmemorativa de dicha visita, en la que se exhibía la esvástica nazi en una cara, y en la otra la estrella de David, como muestra de los estrechos lazos entre el sionismo y el III Reich. Según refleja un artículo del historiador Mark Weber de 1993: “A principios de 1935, un navío de pasajeros con rumbo al puerto de Haifa, en Palestina, dejaba el puerto alemán de Bremerhaven. En su popa llevaba escrito su nombre en letras hebreas: “Tel Aviv”, mientras una bandera con la esvástica nazi flameaba en el mástil. Y aunque la nave era propiedad de los sionistas, su capitán era un miembro del Partido Nacional Socialista Alemán”. En 1938 Hermann Göring presentó el “Plan Madagascar”, donde señalaba a Madagascar como un posible destino y futuro hogar de la etnia judía, como alternativa a Palestina, una idea aceptada pero rápidamente desechada.

Hablemos ahora de líder sionista judeo-ruso Vladimir “Zeev” Zhabotinsky, considerado como el padre ideológico del sionismo revisionista (derechista); fundador del grupo paramilitar sionista de extrema derecha Irgún, conocido por el Atentado del Hotel Rey David de Jerusalén (91 muertos) contra diplomáticos británicos y la Masacre de Deir Yassin (120 muertos) contra civiles árabes, que tras la proclamación del Estado de Israel en 1948 pasó a ser un partido político, cambiando su nombre por “Herut” y pasando en 1973 a llamarse Likud, el actual partido gobernante en Israel (Albert Einstein llegó a definirlo como: “un partido político con un enorme parecido en cuanto a su organización, métodos, filosofía política y planteamientos sociales, a los Partidos Nazi y Fascista.”). “Hitler” Zhabotinsky (como le apodaba David Ben Gurion) era un confeso admirador de la organización social, el sistema monetario y la cultura ultranacionalista de la Alemania Nazi y (sobre todo) de la Italia Fascista, Mussolini llegó a decir sobre él en 1935: “Para el éxito del sionismo, los judíos necesitan tener un estado judío, con una bandera judía, y una lengua judía. La persona que verdaderamente entiende eso es su fascista particular, Zhabotinsky.” (cabe destacar que Benzion Netanyahu, padre del actual primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, era secretario personal de Zhabotinsky).

Durante la II Guerra Mundial, el gobierno nazi trató de acercar posturas entre los sionistas revisionistas y los nacionalistas palestinos para tenerlos a ambos como aliados contra Gran Bretaña, en 1941 Hitler se reunió con el líder nacionalista palestino Amin al-Husseini (Mufti de Jerusalén) para tratar los problemas de la población árabe en palestina y la convivencia con los judíos (a pesar de que Netanyahu afirmase recientemente que fue el Mufti quien convenció a Hitler de gasear a los judíos, afirmación irrisoria cuyo único objetivo era encender aún más el conflicto palestino-israelí).

Ahora viene lo más sorprendente de todo: en la II Guerra Mundial en el ejército nazi lucharon miles de soldados judíos, se calcula que más de 150.000 judíos lucharon junto a los alemanes, de los cuáles 30.000 fueron condecorados y 19.000 fueron ascendidos, y llegó a haber batallones enteros de mischlinge (mitad judíos mitad alemanes), siendo todos estos soldados (sino la gran mayoría) partidarios de la emigración sionista hacia Palestina, que lucharon a pesar de conocer que el gobierno al que servían mantenía hacinados en campos de concentración a sus semejantes, unos campos de concentración donde los mantenían hasta que pudiesen llevarlos a Palestina, aunque optaron finalmente por la llamada “Solución Final”, optando por exterminar a 6 millones de judíos (cifras OFICIALES que es mejor no discutir si no se quieren buscar problemas) a muchos de ellos por la falta de recursos debida a la guerra, lo cuál resulta aún más aberrante y denota un profundo desprecio por vidas humanas, un agravante para añadir al del odio racial, siendo la gran mayoría de las víctimas judíos ortodoxos jaredíes (opuestos al sionismo y al establecimiento del Estado de Israel) y judíos laicos contrarios a migrar a Palestina. Ese Holocausto que tanto dinero ha dado a Hollywood a base de películas, un Hollywood que tanto se ha olvidado del más de medio millón de gitanos asesinados en el Porraimos (para quienes no había ningún plan de relocalización, el plan desde el principio era exterminarlos), por no hablar del genocidio de personas LGTB y discapacitados mentales, o las estrilizaciones masivas de drogadictos o delincuentes comunes.

Muchos fascistas a lo largo de la historia han pretendido relacionar directamente el sionismo y el marxismo, es bien cierto que el fundador del sionismo moderno, Theodor Herzl, era un socialista convencido y amigo personal de Marx y Engels, aunque su idea de crear un estado socialista en la tierra de “Israel” quedó en papel mojado hace 70 años, cuando los supuestos sionistas socialistas demostraron ser sólo cómplices de Occidente que de socialistas tienen lo mismo que el PSOE; y también es cierto que muchos revolucionarios marxistas como el propio Marx, Lenin, Rosa Luxemburg, Trotsky o Stalin tenían sangre judía, lo cuál no significa que fuesen partidarios del sionismo, es más, Lenin tachó al Bund (organización sionista socialista rusa) de “separatistas” y “enemigos de clase”, y Stalin en “El marxismo y la cuestión nacional” negó la identidad nacional de la etnia judía mundial, aduciendo la pérdida de las características culturales, lingüísticas o geográficas comunes; a pesar de lo cuál la URSS gobernada por Stalin fue el primer país en reconocer al Estado de Israel, creyendo que sería un buen aliado socialista, pero luego fue el primer país en deslegitimarlo al ver que eran meros aliados del imperialismo occidental, y tras ver el éxodo (valga la ironía) masivo obligado de árabes palestinos.