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La CDU propone prohibir el burka y el niqab en espacios públicos

La Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) ha tramitado este pasado viernes una propuesta, convenida asimismo con los democratacristianos responsables regionales, para restringir el uso del burka y el niqab en espacios públicos. Según ElPaís, el documento pactado afirma: «El completo ocultamiento de la mujer musulmana a través del burka o el niqab es un impedimento para su integración y es contrario a la igualdad y a la dignidad de la mujer. El velo integral, por lo tanto, debe ser prohibido para funcionarias públicas, en los jardines de infancia, en las escuelas, universidades, tribunales y oficinas públicas, como también en manifestaciones y en la conducción de vehículos» [cursivas nuestras]. La propuesta se produce un mes después de un atentado posiblemente perpetrado por el DAESH.

Por otro lado, el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) ha asegurado que la propuesta no contará con su apoyo, mientras el partido liberal-conservador islamófobo Alternativa para Alemania (AfD) gana popularidad, y aprovechan la crisis de los refugiados y la fuerte propaganda nacionalista contra la religión musulmana. (Hay que destacar aquí, asimismo, que Alemania no sería el primer país europeo en prohibir el burka: Reino Unido, Francia o Bélgica ya lo hicieron). Entretanto, la CDU ─el partido de la canciller Angela Merkel─ pierde apoyos, forzada a adoptar políticas concretas que negocien con los otros actores políticos aunque también de acuerdo a su ideario conservador y en el marco de una Europa relativamente débil. Buena expresión de ello es el que la mitad de la población alemana encuestada asocie el ataque mencionado con la política de asilo llevada a cabo por el Gobierno alemán.

Esta misma política de asilo, que resulta dura contra la inmigración especialmente en nuestra crisis de los refugiados, es fuertemente resaltada cuando se contrasta con la venta de armas que la Unión Europea ─capitaneada por Alemania─, en última instancia, negocia para las fuerzas del DAESH. Esta política de exteriores de la UE es uno de los grandes factores que ha contribuido a aumentar de forma drástica la población musulmana en Alemania, que sobrepasa los cinco millones de habitantes ─de los cuales había ya cuatro millones en 2010, sin embargo, y teniendo que la población inmigrante pasó de ser el 8,8% del total en el país germano en 2007 a ser el 9,2% en 2015 [datos de Eurostat 1 2 3]. Los buenos datos, tanto de la economía alemana como del balance de la inmigración en el país, señalan la influencia de la islamofobia en la cada vez más diluida opinión pública ─que definitivamente sí limita la integración de las personas con una adscripción religiosa no mayoritaria en el país.

Finalmente, este debate público tiende a asumirse desde una postura fundamentalmente etnocéntrica, que maltrata en su perspectiva a la religión islámica, pero que pretende erigirse en defensa de la mujer y su libertad y dignidad, como mostrábamos antes. El argumentario más clásico (el más conservador) se alimenta de la idea de que el Islam es una religión y una cultura única, que por definición maltrata a las mujeres; en esa concepción, el burka sería un signo de opresión, pero se obviaría por completo la hiper-sexualización del cuerpo femineizado, o los muy fuertes y contradictorios patrones de belleza patriarcales adoptados en la cultura occidental. De acuerdo con Brigitte Vasallo, «este mensaje [el debate sobre la prohibición del burka] se lanza para hacer una cortina de humo sobre temas que son mucho más importantes y para criminalizar a según qué culturas y librar de culpa a otras. Sin embargo, en el Estado español llevamos 88 mujeres asesinadas este mismo año [2014], lo que tendría que ser un escándalo de dimensiones astronómicas y no lo es».

[Imagen de cabecera: Steve Evans, sujeta a licencia Creative Commons].