Artículos de opinión LGTBI-GSD

Hablemos de sexo

Hablemos de sexo, sí, pero hablemos con pelos y señales. Y con ello no me refiero a que describamos con todo detalle las escenas imposibles, patriarcales y heteronormativas de la pornografía mainstream, me refiero a las ITS, embarazos no deseados y sobre dónde se encuentra el clítoris, la próstata o sobre un sexo en el que se dé cabida a otro tipo de sexualidades, identidades y orientaciones. Claro está que esto se debería y podría aplicar a otras temáticas, como la menstruación, el amor libre o la manera de establecer vínculos afectivos. No obstante, la reforma de Wert de 2012 se encargó de eliminar lo poco que se había incluido en el currículo de la ESO, aunque la ley de salud sexual y reproductiva de 2010 diga, de manera difusa, que esta se ha de incluir en el currículo. Hemos de decir, como sostienen varias sexólogas, que la educación sexual no puede consistir única y exclusivamente en enseñar a poner preservativos. La educación sexual, también, debe incluir las advertencias correspondientes a las ITS (Infecciones de transmisión sexual), así como, la prevención del embarazo, pero, también, enseñando a las personas con vaginas que sólo el 30% de ellas consiguen un orgasmo por penetración vaginal. Al igual que se debe enseñar a los adolescentes cisheteros que la pornografía y los mandatos asignados a su rol sobre la sexualidad no son más que la representación de su poder simbólico en la intimidad. De la misma manera que no se han de presuponer en las clases de dicha educación sexual que la única relación sexual posible es la que se da entre una mujer y un hombre, obviando otros géneros, sexos (intersexuales) u orientaciones. La invisibilización de otras prácticas y de otras posibilidades, como la asexualidad, implican que se generen problemas, tanto psicológicos como físicos, ya que no llevar a cabo prácticas seguras, consensuadas y sanas puede conllevar grandes riesgos.

Por último, no hay que olvidarse de una de las cosas más importantes en una relación sexual, que es el consenso. Consenso, que no sólo es decir “no”, sino que, también, es hacer entender que en determinadas situaciones un “sí” sigue siendo un “no”. Así como darse cuenta de que la coacción en una relación de pareja, ya sea con preguntas como “¿No te gusto?”, “¿No me quieres?” o con métodos menos velados siguen siendo una forma de violación, que marca de por vida a muchas mujeres. Recordar que el consenso se ha de dar durante toda la relación sexual y que, si en algún momento se quiere parar, se ha de parar, puesto que, si no, también, sería violación. Es importante y muy necesario recordar a los jóvenes (hombres) que sólo vale un “sí” y que un “no es un no aún con las bragas bajadas”, que el consenso, el respeto y la protección (preservativo) son indispensables para que se dé la relación sexual. Al fin y al cabo, es necesaria una educación sexual en todas las etapas educativas, que deje de hacer al sexo un tabú y en el que aprendamos sobre seguridad, consenso, respeto, diversas orientaciones sexuales, diversas prácticas que se alejen del falocentrismo, que el sexo no es una necesidad y que si lo hacemos es porque nos apetece y no porque la sociedad nos lleve a ello. Se necesitan clases de educación sexual para darnos cuenta de que el sexo no es más que eso pero que como todo debemos hacer siempre siendo conscientes de que atañe riesgos.