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Vallejo-Nájera y la psiquiatría en el franquismo (I)

El franquismo quiso verse a sí mismo de diferentes maneras: la producción discursiva franquista se vistió de revolucionaria, con el lema francés ─igualdad, libertad y fraternidad1─ como vertebrador; se quiso tomar como católica, en defensa de los valores cristianos; se tornó también española, como combatiente de una supuesta doctrina «anti-española», encarnada por la II República, el socialismo y el liberalismo; y, en especial, bebía de la ambigüedad política de ese personaje que era Franco.

Ahora bien, estas contradicciones (pocos se atreverían a rehusar este concepto viendo lo escrito), concretadas aquí en numerosas y muy cruentas prácticas de represión, se sitúan en el marco político de una Europa atravesada por una fuerte crisis. La década de los 30′ se abre en todo el mundo capitalista con la gran depresión heredada de la década anterior, cuyo inicio fue señalado con el crack de 1929 ─ esta gran depresión «fue la mayor catástrofe económica en tiempos de paz de la historia de la humanidad»2. Frente a estos momentos, difíciles para la mayoría de países capitalistas ─los apoyados en el patrón oro, fundamentalmente─, se abrió el momento político idóneo para el llamado [en Ciencias Políticas] populismo.

El populismo nace en momentos de crisis social y política (y, por norma general, es la económica la que determina las dos anteriores) para atender a las necesidades políticas del pueblo, cayendo en simplificaciones y reducciones de las ideas ─estén más apegadas a un corpus filosófico-político más complejo o no, como sería el caso de las apelaciones a la inmigración como problema mayor. Y, hacia los años 20′ y 30′, abre su momento en toda Europa. En Italia, el fenómeno fascista triunfa, como lo haría más tarde en España el franquismo ─la dictadura militar de Primo de Rivera, que trató de imitar la naturaleza corporativista y autoritaria del fascismo alla Duce no cuajó, en los años anteriores─ y en Alemania el nazismo3.

Las tensiones discursivas de las que hemos hablado anteriormente expresan, en la dictadura de Franco, cuáles van a ser los caminos a recorrer por el régimen, en cuanto a propaganda. No está de más recordar, entonces, que la gran baza del franquismo va a ser, en esencia, esa propaganda: los espacios de adoctrinamiento masivo, que van a debilitar todas las potenciales estructuras de libre pensamiento o de pensamiento alternativo en general, están situados con el objetivo primordial de salvaguardar los «factores afectivos básicos (religiosidad, patriotismo, responsabilidad, inclinación a los valores éticos), propios del verdadero español»4. En otras palabras: el núcleo discursivo del régimen franquista consistía en una exaltación de los valores de la patria.

Y, en aquella patria que el bando nacional buscaba para el futuro del país, el discurso ya estaba, por supuesto, instalado. No en vano, Azaña comenta que «la República advino en plena crisis; (…) el Estado tuvo que intervenir (…) para acudir a lo más urgente. Todas las intervenciones del Estado en los conflictos de la economía eran mal miradas, considerándolas como los avances de un estatismo amenazador»5. No en vano, hoy en día hablamos del bando nacional, a pesar de que los dos bandos de la Guerra Civil ─no olvidemos: uno constitucionalista y otro anti-constitucionalista─ luchaban por su España. No en vano, la etiqueta más realista con la cual se denomina al régimen es la de nacional-católico, como el partido del Duce era el Nacional Fascista, o del mismo modo que el régimen del Führer se instauró como nacional-socialismo.

Es precisamente en la Alemania nazi donde se da uno de los fenómenos más llamativos ─que no es, sin embargo, endémico de este país ni de este momento histórico─: la experimentación clínica con los presos, generalmente judíos, pero también negros, homosexuales, marxistas y otros sujetos indeseables para las aspiraciones arias. Lo que la experimentación clínica supone aquí, junto a la consideración única del sujeto de castigo como continente de cierta fuerza de trabajo, es una transformación de tal sujeto de castigo en un mero objeto de prácticas, en un objeto donde sencillamente operan las simplificaciones que construyen una nueva identidad, tanto más fuerte cuanto más se siente como negada a sí misma. La CIA ha practicado también esta operación repetidamente con muchos de sus presos políticos, en cárceles con ya marcadas polémicas, como Guantánamo6.

Esto es algo que sucede también en la España de Franco: los esclavos republicanos constituyen en muchos casos la mano de obra necesaria para la construcción de varias de las empresas del ahora IBEX7; muchos de ellos olvidaron qué significaba ser humano, libre8; y, finalmente, se hicieron ensayos y experimentos clínicos a numerosos presos republicanos. Por su parte, el marxismo era tratado como una enfermedad mental, con toda la gravedad que la idea de la eugenesia imprimiera en la situación. Estos dos elementos ─los ensayos clínicos y el marxismo como enfermedad─ se conjugaban como práctica en el personaje de Antonio Vallejo-Nájera.

Las ideas de Vallejo-Nájera, expresadas en la documentación clínica ─con su tratado Eugenesia de la Hispanidad como eje central para este trabajo─ y en el peritaje de diferentes casos, recogidos en los periódicos de la época, son una expresión clara de cómo el relato franquista del marxismo9 como perversión y peligro ha ocupado su lugar en el mismo discurso de la verdad clínica. De forma similar a cómo Hitler aprovecharía el antisemitismo de la sociedad alemana, los sectores reaccionarios acogieron el anti-marxismo que ya era compartido por la Iglesia (enemiga de la República para ella misma, como mostrarían los debates), y lo asumieron como forma de vida. La situación resultaría provechosa en el futuro, por ejemplo con los Pactos de Madrid de 195310.

La propaganda, sin embargo, era toda praxis, toda forma de vida; y esto es algo que el régimen franquista supo entender desde su misma agrupación ideológica, en la Guerra Civil. Un capitán del bando nacional le contaba a una periodista inglesa, en 1937: «Tenemos que matar, matar y matar, ¿sabe usted? Son como animales. Y no cabe esperar que se liberen del virus del bolchevismo. Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste»11.

Las ideas de Vallejo-Nájera, sin embargo, correspondían a una identificación clínica, científica… exacta, del marxismo como enfermedad, y por tanto del marxista como enfermo. En el discurso de la propaganda, sus palabras son vistas con estatus de verdad, de validez. Y el peritaje psiquiátrico del marxista es la forma de verdad par excellance in concreto, empírica, discursiva…: performativa. La forma constitutiva de este peritaje revela, primero y antes que nada, un discurso moralista, que pretende la redención de la raza como medio para su regeneración ─elemento que une claramente a las aspiraciones cristianas, incluso medievales, de Franco, y el ideario trascendentalista, con tintes fascistas, de la Falange de José Antonio Primo de Rivera12.

Pero antes de adentrarnos en el ideario reaccionario de Vallejo-Nájera, convendría que habláramos de la situación general de las instituciones psiquiátricas y el cuidado a los enfermos, como marco en el que se da toda esta constelación de factores y espacios de representación con pretendido carácter de veracidad.

 

Los rostros ocultos y Vallejo-Nájera.

De acuerdo con Olga Villasante13, la primera legislación en España que contribuyó a introducir la enfermería psiquiátrica y el trabajo de cuidados mentales fue la que se implantaba con la Gaceta de Madrid del 20 de mayo de 1932 (número 141, páginas 1334-1336)14. Además de la legislación alrededor de la administración psíquico-sanitaria y la distribución de personal, también se especifica el «Programa oficial de estudios para obtener el certificado de aptitud de “enfermero psiquiátrico”».

En él, el discurso psiquiátrico ─entre clínico y penal─ está plenamente integrado. No en vano, se establece un régimen de control que juega con elementos presentes en las cárceles o presentes en los hospitales: las relaciones con el exterior están mediadas por el equipo administrativo; las consideradas como virtudes morales son cualificadas; la atención y los cuidados son los propios de los de cualquier otra enfermedad (a pesar de que la observación del grupo es un elemento que sólo se recogerá más adelante); se pasa a analizar, incluso, la misma vida sexual ─gustos incluidos─ del enfermo; etcétera…

Por otro lado, la comparación entre un centro psiquiátrico (para la época, un manicomio) y otro centro penitenciario no es solamente una sombra que podamos dibujar a través de análisis: en España, las instancias psiquiátricas nacen precisamente de la «honda preocupación» que percibe el ministro de Gracia y Justicia por la cohabitación de los reclusos delincuentes con los denominados enajenados mentales.15 De hecho, esta división nace bajo la dependencia de la Dirección General de Sanidad, con el nombre de «Sección de Psiquiatría e Higiene Mental» (cursivas propias): lo que se pone bajo exploración no es propiamente la neurosis, ni las anormalidades sexuales…, ni siquiera a los agresivos; lo que se sitúa como objeto de prácticas es a los anormales.

Los rostros ocultos están situados bajo la máscara de lo anormal, de lo que se excluye. Cualquier discurso (como espacio de representación colectivo) y cualquier lenguaje constituyente estarán a su disposición en materia de acotación de identidades bajo categorías específicas, identificadas con los sujetos políticos emergentes ─ cuya ontología se verá apercibida como un nuevo centro de gravedad en el esquema político funcional del lugar social e histórico…

La psiquiatría, y su historia misma lo termina por probar, muy difícilmente constituye una verdadera rama de ninguna ciencia. Como señala González Duro:

La psiquiatría evalúa las conductas individuales, clasificándolas en normales y anormales; “trata” sólo las anormales, pero negándoles apriorísticamente su historicidad y sus posibles conexiones con las relaciones sociales y de producción. Rechaza “científicamente” el sufrimiento psicológico, o que éste tenga algo que ver con el poder, con la opresión o con la explotación del hombre por el hombre. Todo responde a una supuesta enfermedad mental, de origen interno o intrapsíquico, que puede aparecer casi misteriosamente en cualquier individuo, sin relación alguna con sus circunstancias concretas. Sólo pueden curarla los médicos, con métodos rigurosamente “científicos”. Se trata, pues, de una ideología. 16

Y si la Guerra Civil abre una herida que no se cerrará ni en lo transcurrido del siglo XXI, la II República ofrece antes numerosos avances en materia de tratamiento institucional de los percibidos como enfermos mentales. Desde 1931 hasta 1934, se toman decisiones que van desde la supresión de los hierros y los grilletes, hasta la creación de un reformatorio de vagos y maleantes en Alcalá de Henares.17

Y ¿qué mayor condición de posibilidad de formación de ideología que una Guerra Civil que resulta en la derrota de todo signo de democracia y libertad? Es en este contexto donde Vallejo-Nájera, el psiquiatra que tomamos de ejemplo, explora sus aspiraciones filogermánicas para su propia patria. Estas ideas nacional-católicas se conjugan con el tomismo propio de una escolástica medieval, tal y como se expone más largamente en cierta conferencia de José Lázaro.18

Pero la trayectoria de Vallejo-Nájera no es sólo claramente filogermánica (filonazi, en realidad); su historia marca los puntos clave en los que se configuraría no sólo su trayectoria profesional, sino también, de forma metafórica, la doctrina psiquiátrico-penal que seguiría el franquismo, con este psiquiatra como figura de cabecera, y con sus aspiraciones ─eugenesia de por medio─ como ideales a forjar ─al menos, como hemos dicho, discursivamente.

Así, podemos rastrear los inicios profesionales de Vallejo-Nájera (nacido en Palencia en 1889 y fallecido en Madrid en 1962) hasta su ingreso en el Cuerpo de Sanidad Militar, en 1909. Tras recibir diferentes condecoraciones, en el período de la Primera Guerra Mundial se marcha a Alemania, donde conoce de primera mano la situación de las prisiones y manicomios del lugar, y donde entabla cierta relación con el psiquiatra alemán Emil Kraepelin.

Kraepelin fue, como hemos señalado, un psiquiatra, director de la clínica psiquiátrica de Munich desde 1903 hasta su muerte, en 1926. Como señala la Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales (1968, Gale)19, era contrario a la pena capital y a la violencia contra los presos, así como a muchas de las costumbres de la época, como el alcohol o el tabaco ─ teniendo, sin embargo, pocos problemas para reconocer la institución del matrimonio como forma de canalizar adecuadamente la eugenesia. Esa visión eugenetista se conjugó, y en especial tras la Primera Guerra Mundial, con su patriotismo alemán: Kraepelin pasó a ser una suerte de frontsoldat intelectual, un mito al servicio de las aspiraciones morales alemanas.20

Los estudios de Kraepelin acerca de los desórdenes mentales en pos de una leve idea eugenetista ─y provenientes de perspectivas clásicas como la de Galton, inmersas en las ideas del darwinismo social─ calaron en el espíritu patrio de Vallejo-Nájera. Pero, del mismo modo que sería muy aventurado sostener que Kraepelin hubiera apoyado el nazismo de haber vivido los años suficientes, sería muy arriesgado afirmar que las ideas de Vallejo-Nájera eran, como las del discurso franquista, el abierto asesinato de los republicanos, los marxistas, los homosexuales, etcétera ─los anormales, en fin.21 Sobre esto hablaremos más adelante.

 

NOTAS:

1 En los documentos de Memoria de la Guerra Española, César Vidal, Belacqua.

2 En Historia económica mundial, de Francisco Comín Comín, Alianza (2011), página 520.

3 Aunque el franquismo pervirtiera con su ambigüedad y su forma reaccionaria el fenómeno de la Falange, que tenía más parecido al futurismo fascista que a las ideas absolutistas de la Edad Media.

4 En Violencia y Salud Mental, de la Asociación Española de Neuropsiquiatría Estudios (2009), página 45.

5 De Causas de la guerra de España, Manuel Azaña, Crítica (2014), página 154-155.

8 Marcos Ana escribe en Decidme cómo es un árbol, Tabla Rasa y Ediciones Urano (2007), páginas 35-36: «Decidme cómo es un árbol./ Decidme el canto del río/ cuando se cubre de pájaros».

9 En realidad refiere a la figura del comunismo, que invoca la praxis efectiva que surge del análisis, en contraposición a ese modo de entender el mundo que es el marxismo; pero en general la noción se entiende sin dificultades.

10 Ver Los convenios hispano-americanos de 1953, de Mª del Rocío Piñeiro Álvarez. Disponible online en el portal Dialnet: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2479566.pdf

11 De La Guerra Civil española, Paul Preston, Círculo de lectores (2016).

12 Véase como ejemplo el discurso presente en el artículo Lo femenino y la Falange: «Los que militamos en ella tenemos que renunciar a las comodidades, al descanso, incluso a amistades antiguas y a afectos muy hondos. Tenemos que tener nuestra carne dispuesta a la desgarradura de la herida. Tenemos que contar con la muerte —bien nos lo enseñaron bastantes de nuestros mejores—como con un acto de servicio». Disponible en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional: http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0027338928&search (página 5).

13 Ver: La formación de “enfermeros psiquiátricos” durante la posguerra, de Olga Villasante (2015), disponible en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5265700.

15 El Decreto será publicado en la Gaceta de Madrid del 18 de agosto de 1917 (número 230, páginas 453-455), estando disponible online en: https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1917/230/A00453-00455.pdf

16 Publicado en el Extra/7 (sobre el control social), de la ed. El Viejo Topo. Reproducido online en rebeldemule.org: http://www.rebeldemule.org/foro/biblioteca/tema7881.html

17 Ver el trabajo Un siglo de psiquiatría penitenciaria, de Barrios Flores. Disponible online en: http://sanipe.es/OJS/index.php/RESP/article/viewFile/174/712

18 La evolución de la psicopatología española en el Siglo XX, 1er Congreso Virtual de Psiquiatría. Disponible online en: https://www.psiquiatria.com/congreso_old/mesas/mesa34/conferencias/34_ci_b.htm

19 La entrada se puede consultar online en: http://www.encyclopedia.com/topic/Emil_Kraepelin.aspx, Eynseck.

20 Como apunta Hobsbawm: «El llamado “soldado de frente” (frontsoldat) ocuparía un lugar destacado en la mitología de los movimientos de la derecha radical ─Hitler sería uno de ellos─ y sería un elemento importante en los primeros grupos armados ultranacionalistas, como los oficiales que asesinaron a los líderes comunistas alemanes Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg a principios de 1919, los squadristi italianos y el Freikrops alemán». En Historia del siglo XX, ed. Crítica, Barcelona, 1995, página 131.

21 En cualquier caso, las dificultades que presentaba una posguerra que había dejado a más de 700.000 republicanos fuera de su país y más de 150.000 republicanos asesinados en la Guerra Civil (casi 265.000 si se cuentan también los caídos del bando sublevado), eran máximas cuando se trataba de reconstruir los daños materiales de la producción nacional. Por ellos, los más de 210.000 presos republicanos en diferentes cárceles y campos de concentración iban siendo liberados. Datos: Las consecuencias demográficas de la Guerra Civil, Ortega y Silvestre, 2005, disponible online en: http://www.usc.es/estaticos/congresos/histec05/a2_ortega_silvestre.pdf; y Franquismo: prisiones y prisioneros, Julián Chaves Palacios. Disponible online en: http://www.burgos1936.com/_utiles/otros/Publicaciones/6._Franquismo_prisiones_y_prisioneros.pdf