Internacional

Tony Blair reconoce que la invasión de Irak fue forzada por Estados Unidos

El informe Chilcot, que ha visto la luz esta mañana, ha sido preparado durante seis años por expertos militares y políticos que han analizado el conflicto iraquí desde el comienzo de la guerra, en 2003. Además, ha contado con la supervisión del Tribunal de Derechos Humanos de La Haya y de numerosas asociaciones humanitarias que participaron en las labores de reconstrucción y reabastecimiento de las zonas urbanas y rurales del país asiático. El mismo informe desvela que en los meses previos a la invasión del país por parte de Estados Unidos, se puso en marcha una máquina de propaganda por parte del gobierno laborista de Blair, en Reino Unido, y del gobierno de José María Aznar, en España, con la cual intentaban hacer ver a la población que sus respectivos órganos ejecutivos estaban haciendo todo lo posible para evitar el conflicto, mientras que, por otro lado, estos periodos de justificación del “pacifismo de Estado” coincide con un aumento significativo de la inversión en compra de armas y material bélico a empresas, principalmente, rusas y estadounidenses. Además, el informe indaga en los errores de la operación llevada a cabo por el llamado “triángulo de las Azores” (como se conoce al trío Bush-Blair-Aznar): cinco años después de que haya finalizado el conflicto, Irak se ha convertido en un Estado fallido donde los ultraconservadores ostentan el Primer Ministerio y los pro-kurdos de izquierda, la Presidencia del país. Todas estas tensiones políticas han repercutido enormemente en la población, donde sólo un 7% tiene acceso garantizado a luz, gas y agua diaria. Además, el norte del país se encuentra en especial inestabilidad debido a las reivindicaciones independentistas de la etnia kurda.

Hoy, Tony Blair (ex-Primer Ministro británico) ha admitido que no se llevaron a cabo todos los esfuerzos posibles para evitar el estallido de una Guerra Civil que ha dejado más de 150.000 asesinados y otro millón más de desplazados a causa de los bombardeos continuados y los atentados de Estado Islámico. Desde finales de 2002 hasta marzo de 2003, según él, los gobiernos norteamericano, británico y español agotaron todos los esfuerzos por pacificar la zona mediante el diálogo y la acción mediadora de la ONU. En marzo de 2003, Blair asegura que Aznar tiró la toalla y Bush estaba decidido ir a la guerra, por lo que su posición era determinante. La presión de la OTAN y Estados Unidos, declara Blair, decantó la balanza a favor de la entrada de Reino Unido en el conflicto, que se institucionalizó en la cumbre de las Azores el 16 de marzo de 2003. Los términos allí acordados incluían la participación de las Naciones Unidas. Sin embargo, Blair opina que la presencia de este órgano tan sólo era simbólica: “Era necesario dar la impresión de que Irak sería administrada bajo la autoridad de Naciones Unidas”, señalan Chilcot y Blair.