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La verdad sobre el Tíbet

Hoy cumple 81 años Tenzin Gyatso, el XIV Dalai Lama, máxima figura del budismo lamaísta, un hombre que desde hace 60 años ha luchado desde el exilio contra la ocupación china del Tíbet, espoleado desde Occidente, vendido como un pacifista demócrata, un ejemplo a seguir por el mundo entero. Pero ¿quién es realmente Tenzin Gyatso? y ¿cuál es la realidad histórica del Tíbet?

El Tíbet es una meseta situada en el centro de Asia, rodeada por el Himalaya, que pertenece a China desde el siglo XVII, tras siglos de lucha contra Mongolia por controlar el territorio, pero que ha permanecido siempre aislada de ésta debido a lo remoto del lugar y la falta de comunicación.

El Tíbet estuvo dominado y gobernado por el budismo desde el siglo X, regido por un sistema estatal de monarquía absolutista y teocrática, donde la figura del Dalai Lama, además de ser el máximo representante de la rama lamaísta del budismo, también era el líder supremo del Tíbet, a pesar de que en la teoría estaba subordinado a los sucesivos gobiernos centrales mongoles o chinos.

Allí estaba instaurado un tipo especial de feudalismo, donde sólo 626 personas, los monjes budistas jerarcas y la nobleza secular, poseían el 93% de la tierra y la riqueza nacional. El 80% de la población eran siervos, el 5% esclavos propiedad de la clase alta, y el 10% eran monjes pobres que trabajaban como peones; éstos trabajaban forzosamente durante 16-18 horas diarias, siendo obligatorio entregar a los señores feudales el 70% de la cosecha, a pesar de la supuesta regla lamaísta de la no violencia, éstos eran azotados continuamente, y no era raro que fuesen asesinados o sus brazos cortados por las autoridades, por “holgazanear”. Los únicos que no sufrían en exceso el despotismo del régimen eran los pocos pueblos nómadas del lugar.

La mortalidad infantil alcanzaba el 43% en 1950. La viruela afectaba a una tercera parte de la población, en 1925 exterminó a 7 mil personas en Lhasa. La lepra, la tuberculosis, el bocio, el tétanos y las enfermedades venéreas causaban gran mortalidad. La esperanza de vida en 1950 era de 35 años. En 1951 el 95% de la población era analfabeta; y la escritura solo estaba orientada al culto religioso.

Como siempre en cualquier parte del mundo, las mujeres eran las más desfavorecidas. Los jerarcas budistas les impedían levantar los ojos mas allá de la rodilla de un hombre. Dar a luz gemelos era prueba de que una mujer había copulado con un espíritu malo y en las zonas rurales era frecuente que se quemase a la madre y a los gemelos recién nacidos. Un hombre adinerado podía tener muchas esposas y un noble con poca tierra tenia que “compartir” a su mujer con sus hermanos. La propia palabra tibetana “kimen” (mujer) significa “nacida inferior”; las mujeres tenían que rezar por “reencarnarse en un hombre en otra vida”.

En este sistema feudal, aislado del incipiente mundo capitalista, no estaba permitido el uso de arados de hierro, extraer carbón, pescar, cazar, ni hacer innovaciones sanitarias de ningún tipo, no había medio de comunicación ni ninguna industria por elemental que fuera; y permaneció vigente en el Tíbet hasta mediados del Siglo XX.

Momento de volver a hablar de Tenzin Gyatso. Era 1944 cuando el jovencísimo Dalai Lama, de 9 años, conoció al alpinista austriaco Heinrich Harrer, con quien rápidamente entabló una estrecha amistad, y que acabó convirtiéndose en su mentor, una historia llevada al cine en 1997 con “7 Años en el Tíbet”, protagonizada por Brad Pitt y basada en el libro del propio Harrer, unos éxitos comerciales donde sin embargo se oculta que Harrer era por entonces un destacado miembro de las SS de la Alemania Nazi.

Esta situación comenzó a cambiar con la victoria de la revolución comunista en China en 1949. Para el gobierno de Mao era prioritario extender la revolución hacia el Tíbet y eliminar a sus dictatoriales elementos reaccionarios, en 1950 el Ejército Popular de Liberación ocupó el Tíbet, y tras derrotar en una batalla al ejército feudal, le hicieron una propuesta al gobierno tibetano: Si el Tibet se integraba en la República Popular de China, el gobierno tibetano podría seguir gobernando temporalmente bajo la dirección del gobierno central popular. Los comunistas no abolirían las practicas feudales ni tomarían medidas en contra de la religión hasta que el pueblo no apoyase la revolución, y el EPL protegería las fronteras para evitar una intervención imperialista. El gobierno feudal aceptó la propuesta y firmó el Acuerdo de 17 Puntos. El 26 de octubre de 1951 el EPL entró pacíficamente en Lhasa, siendo recibidos por muchos habitantes como “libertadores”.

El gobierno comunista empezó a construir carreteras, hospitales, escuelas, cableados de teléfono e imprentas, hasta entonces inexistentes en el Tíbet, y los trabajadores tibetanos recibieron sueldos por primera vez en la historia por construirlos, y los comunistas animaban a los siervos a dejar de pagar el alquiler a los monasterios y a la nobleza; pero también hubo errores durante esta ocupación, los pueblos nómadas se vieron obligados a cambiar su forma de vida, lo que resultó opresivo para ellos. Ante esta situación, los terratenientes tibetanos organizaron una rebelión en 1956; y mercenarios tibetanos, fundamentalistas budistas armados y entrenados por la CIA en Japón y Guam, reentraron clandestinamente. Esta rebelión fue rápidamente sofocada por el EPL, ayudado por los propios siervos, y el Dalai Lama se vio obligado a exiliarse en la India, llevándose con él a toda la nobleza y el alto clero y todas sus riquezas. Declaró un gobierno en el exilio en 1959, siendo apoyado por Occidente, hasta entonces ningún país en el mundo había reconocido al Tíbet. El Dalai Lama y el nazi Heinrich Harrer se convirtieron en iconos mundiales contra el socialismo chino.

Con la llegada del capitalismo a China, el Tíbet fue una de las zonas más afectadas, la pobreza subió un 15%, lo cuál generó multitud de protestas y disturbios en la década de los 90, violenta y sangrientamente reprimidos por el Partido “Comunista” Chino. En 2014, el juez español Ismael Moreno, utilizando la justicia universal, ordenó a la Interpol la detención de Jiang Zemin, presidente chino de 1993 a 2003, por delitos de genocidio, torturas y crímenes de lesa humanidad en la represión al pueblo tibetano.

El gobierno chino ha ofrecido a Gyatso abrir un diálogo a cambio de que reconozca la pertenencia del Tíbet a China. En 2011 renunció a cualquier cargo político en el Tíbet, para quedar solo como líder espiritual y religioso. Paradójicamente (no valoraré ahora si también hipócritamente), Gyatso se ha descrito recientemente como “marxista”(https://actualidad.rt.com/sociedad/163329-dalai-lama-marxista).