Artículos de opinión

La ideología y su funcionamiento

¿Cómo es posible que, en nuestra sociedad actual, pese al aparente consenso sobre el sentido de términos tales como “democracia”, “libertad” o “justicia” existan en la práctica visiones tan radicalmente opuestas sobre éstos? ¿Acaso esos términos, pilares fundamentales de toda sociedad moderna, que nosotros consideramos absolutos e invariables pueden estar sujetos a interpretaciones?

La respuesta es un rotundo sí. Pero para entender el porqué de esto es necesario explicar lo que es la ideología y su funcionamiento. Según Althusser la ideología es como un velo tras el cual percibimos la realidad bajo una falsa noción de objetividad y existe en la sociedad de una forma no reflexionada teóricamente y obedece a unos intereses muy concretos. Se trata por lo tanto de una “distorsión” de la realidad, no es la realidad la que determina la ideología, sino que “realidad” e “ideología” se autorelacionan circularmente. Que vivamos en una sociedad en la que se entiende por democracia sana el mero hecho de votar cada cuatro años es tan solo un ejemplo de los muchos que podemos poner en relación a este asunto.

La noción de lo “típico” desempeña aquí un papel fundamental, ya que toda noción ideológica universal está hegemonizada (se sustituye) por algún contenido particular. Sin embargo, esta sustitución siempre es contingente, temporal. Lo cual significa que es fruto de una batalla política. En este ámbito, la lucha por la hegemonía ideológica y política consiste en la apropiación de los términos que se perciben como apolíticos o “de sentido común”. Es por eso que la ideología se presenta como no-ideología.

Un ejemplo que refleja bien esta idea es el racismo, donde los “inmigrantes” son percibidos como “ladrones” (entre otras muchas cosas). Por supuesto que habrá ladrones dentro de este grupo, como en todos, pero es el hecho de percibir estos casos concretos como universales lo que lo convierte en ideología.

Hoy en día podemos ver cómo la ideología ya no solo se manifiesta como no-ideología, sino como una forma abiertamente negada de sí misma. Para que ciertos tipos de discursos funcionen es necesario practicar la autocensura. Esto se puede apreciar en cuestiones como el fascismo emergente en varios países de occidente, en el caso del nuevo fascismo alemán se puede ver como en sus discursos tienden a negar los planteamientos nacional-socialistas pese a la clara simpatía que procesan hacia ellos. La estrategia pasa por hacer impronunciables semejantes enunciados, su discurso ideológico no incluye las aspiraciones nacional-socialistas sino que estas se expresan de manera oculta.

“El gesto de autocensura es consustancial al ejercicio del poder.”