Amor Libre

Un apunte sobre el concepto de pareja y los afectos

En una sociedad como la actual, donde la institución de la familia se desnaturaliza, es importante entender qué significa la pareja. (Digo que se desnaturaliza porque, en la Europa y los EEUU de la sociedad de consumo, se facilita tal desestructuración. Sospecho tambien que esto tiene mucho que ver con las formas totalmente ahistóricas y liberales de entender el mundo.) Y digo que es importante, que es esencial, porque cada vez más entendemos el resto de relaciones sociales como nuestro propio reflejo. Me explico.

Partiendo del presupuesto de que somos fundamentalmente un vínculo, las relaciones sociales que tomamos y decidimos tomar…: anteriormente, la familia (con todas sus contradicciones, más y menos estructurales) era el gran vínculo intergeneracional. Esto se ha perdido; en una sociedad de multitudes, de tecnología y de consumo, los espacios se diluyen, y se forman otra clase de relaciones. Es una tendencia.

En resumen, y para no extenderme: cada vez más, las relaciones de intercambio material han sustituido a la mayoría de las otras. La ideología liberal se ha ido instalando cada vez más en nuestra cultura, con todas sus contradicciones intrínsecas. (No hace falta decir que las tensiones de tal ideología, impresas ya en nosotras, son contradictorias a nuestras tensiones naturales; distanciarnos cada vez más de nuestro propio entorno material y afectivo es una peligrosa arma de adormecimiento masivo). Por ello, en general, nos entendemos (y no tomo en consideración aquí la propia exploración interna de la persona, también importante), fundamentalmente, en nuestras relaciones con los demás. [De hecho, el concepto de persona surge precisamente de las máscaras de cierto teatro, entendidas como representaciones arquetípicas. Para más información: Carl Gustav Jung]. El concepto de pareja toma ahí una importancia clave, diluyéndose como están la mayoría de especies de vínculos sociales.

Creo que con lo anterior he podido hacer una introducción decente acerca de la importancia de comprender las relaciones propias. Pero no sólo hay que entender qué papel juega cada una en la idea de pareja. Mejor: todas nuestras relaciones son esenciales. Y creo que hacer un esfuerzo para atender correctamente a las relaciones sociales que tomamos es importante por las mismas razones.

Ahora bien, creo que también he destacado adecuadamente que el concepto de pareja juega hoy uno de los papeles clave entre ellas. Diluidas muchas de las formas de relacionarse en sociedad, el concepto de amor parece enquistarse alrededor de un dogma receloso y mordaz. Evidentemente: la idea del amor no deja de ser la que tomemos. Pero hay una normatividad y una disciplina detrás de ese nombre. La hay detrás de todos los conceptos, pero a veces es más dañina. Y cuando el amor se toma como exclusividad, es muy dañino. (No creo que el amor sea exclusividad; yo parto de unos presupuestos históricos y generales, y para mí el amor es la idea misma de afecto).

Siguiendo: lo que quiero decir es que la idea de pareja está completamente atravesada, en nuestra cultura, por la de amor. Y si el amor puede entenderse como aquel afecto, aquel darse al mundo, aquel desbordarse de una misma para completarse, entonces, la pareja es un modo de entender la estabilidad, de hacer de nuestra vida una forma de institución particularizada.

Esto no es malo; al contrario, personalmente pienso que es, a momentos, una de las necesidades humanas. Pero hay que revisarla. Porque para entenderla así hay que entenderla, en un sentido mayor; hay que atender al concepto de amor, hay que asumir qué queremos nosotras hacer del amor mismo, y qué queremos hacer de nosotras mismas en relación al amor. Porque la pareja es un modo de entendernos fuera de nosotras mismas; es un modo concreto de relacionarnos con el mundo. En pocas palabras: la pareja es una forma de asumir qué somos. Hay más que esto, claro: también es un qué queremos ser, y un qué queremos dejar de ser, y también un qué nos dice nuestra cultura inmediata y nuestro mundo sobre ello.

En fin, es un nudo ideológico, que puede analizarse pero que, en última instancia, no deja de referir a nuestras emociones irracionales. Por eso mismo, si no somos capaces de entender cuál es nuestro propio papel en ellas, y de ser adecuadamente, no tenemos modo de sentirnos bien con nosotras mismas. No es muy diferente si acudimos a cualquier otra clase de relación de afecto.

Al fin y al cabo, la filia griega es eso. La filia no es amor: es afecto.