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Las preguntas que rodean al ministro Fernández Díaz

– Nuevo escándalo en el PP

– ¿Otro? Si salen a escándalo por día…

Algo así se habrá vivido en cientos de conversaciones matutinas bajo el sol de justicia que acostumbra a haber en junio a lo largo y ancho del país. Y sí, es cierto que el gobierno, a base de escándalos, ha conseguido inmunizarnos a casi todo. Sin embargo, esto es diferente. No se trata de un caso de corrupción, al menos no económica. Se trata de corrupción de todo un sistema democrático en su conjunto, se trata de utilización de la maquinaria del Estado como arma arrojadiza contra contendientes electorales. Y es precisamente por ello por lo que el Díazgate -o el ERCgate, como se apresuró a calificarlo Rufián- ha despertado tal revuelo en un país acostumbrado a los escándalos. Y es que, entre los muchos escándalos que se habían vivido, aún no teníamos la vacuna que nos inmunizara ante unas grabaciones en las que podemos oír al ministro del interior, Jorge Fernández Díaz, tratando de buscar trapos sucios sobre dirigentes del independentismo catalán, como el republicano Oriol Junqueras, e incluso sobre familiares suyos, en una conversación con el jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña.

Y de entre la oscuridad, las nieblas del escándalo, entre las sombras que parecen apuntar a un Estado corrupto desde sus entrañas surgen, como es habitual en estos casos, las preguntas en torno al mismo ministro que tenía un ángel de la guarda llamado Marcelo que le ayudaba a aparcar, que acudía al Valle de los Caídos para “meditar” o que fue responsable político del asesinato de 15 inmigrantes en las costas de El Tarajal.

1. ¿Qué poder tiene el Ministro del Interior en un estado que se presupone de derecho y con una mínima separación de poderes?

¿Hasta qué punto no somos todos víctimas, como apuntaba esta mañana Oriol Junqueras, cabeza de Esquerra Republicana? ¿Cuántos han precedido a los independentistas ERC y CDC en las investigaciones del señor ministro? ¿Realmente los miembros del ejecutivo usan su poder en beneficio personal de forma impune?

Todas estas preguntas, de responderse afirmativamente, tendrían una importancia capital pues podría sepultar definitivamente la idea de estado de derecho en España, pues implicarían que la Administración en su conjunto funcionaría como una organización cuasi-mafiosa en donde todo estaría a servicio de un poder ejecutivo trufado de corruptores y una jerarquía esperando a ser corrompida.

2. ¿Es tan sencillo grabar las conversaciones privadas del máximo dirigente de la seguridad nacional?

A fin de cuentas, el señor Fernández Díaz, como ministro del interior, es el responsable último de la seguridad de todos los españoles. Debido a ello, sería coherente imaginar una alta confidencialidad de muchas de sus conversaciones, algunas de las cuales podrían atañer directamente a la propia seguridad nacional. Si, como apunta de Alonso (director de la Oficina Antifraude de Cataluña), la conversación pudo ser grabada por “alguien cercano al ministro”, tras colocar un micrófono en su despacho, no sería sino un agravante a una situación ya de por sí comprometida y compremetedora para la democracia en España. Significaría, pues, que además de una democracia notablemente débil, podríamos ser vulnerables.

3. ¿El Presidente del Gobierno conocía todo esto?

En un extracto de la conversación filtrada por el diario digital Público, el ministro en funciones llega a decir, literalmente, “el presidente del Gobierno lo sabe”. La cosa, sin embargo, no acaba ahí. Si ya fuera grabe que Mariano Rajoy conociera las intenciones del ministro de utilizar las cloacas del Estado en beneficio propio, el señor Fernández Díaz continúa la conversación diciendo: “es un hombre discreto donde los haya. Por supuesto, su mano derecha no sabe lo que hace su mano izquierda. Yo le conozco muy bien, de muchos años”. Estas declaraciones podían suponer el fin del mito de las manzanas podridas y de la ignorancia del presidente en todo el entramado criminal (como un juez ha calificado) que se había creado en el Partido Popular.

Mariano Rajoy, por su parte, ya ha salido en defensa de su ministro y sobre el que, sostiene, no hay ninguna acusación que considere “reprobable”, como ya consideró anteriormente con Camps, Bárcenas, De la Serna o Fabra, entre muchos otros.

4. ¿Cómo es posible que ningún periódico nacional de los de mayor tirada en el conjunto de España traten de tapar en sus portadas el escándalo?

Puede llegar a entenderse la victimización del ministro por parte de su propio partido, e incluso las acusaciones de conspiración en su contra, pues, de ser ciertas las acusaciones, podrían ser parte de un modus operandi sistematizado más que de un caso puntual.

Sin embargo, ¿cómo es posible que ninguno de los principales periódicos nacionales consideren relevante un escándalo de tal trascendencia?

Hipótesis sobre el 26-J, el Brexit, vetos en los pactos postelectorales, el “marxismo” de Podemos e IU y, por supuesto, la selección española, son percibidos como más trascendentales por medios como El País, El Mundo, La Razón, 20 Minutos, La Vanguardia, El Periódico o ABC, 7 de los 9 medios más leídos en España en 2015, según el Estudio General de Medios.

5. ¿Qué es necesario para que dimita Jorge Fernández Díaz?

El ministro del interior no consideró razón suficiente el asesinato por parte de guardias civiles de 15 inmigrantes en las costas de España, quienes, casualmente, no fueron finalmente condenados por “falta de pruebas”. Tampoco consideró razón suficiente para dimitir la irresponsable declaración de que ETA querría un gobierno del PSOE, junto con Podemos e IU, incluso siendo él el responsable de la lucha antiterrorista dentro del estado español. También se negó que su coloquio con Rodrigo Rato, en el mismo despacho en que ocurrió la conversación que hoy es noticia, el cual estaba siendo investigado por “la autoridad judicial, la Fiscalía Anticorrupción y la Unidad de Inteligencia Financiera (UNIF) de la Agencia Tributaria”, fuera motivo para decidir dejar la carpeta de interior. Obviamente, hoy tampoco considera que esta filtración le obligue a marcharse.

Lo más sorprendente, o tenebroso, de todo es que tampoco hay nadie dentro del gobierno que considere que ninguno de estos motivos -ni tan siquiera la reincidencia- sean suficientemente importantes como para hacerle dimitir.

6. ¿Qué legitimidad tiene ahora el gobierno del PP para hacer referencia a los “presos políticos” venezolanos, quienes han sido juzgados ante un tribunal, después de esto?

La respuesta a esta pregunta, a modo de reflexión, os la dejamos a cada una de vosotras.