Anticapitalismo Artículos de opinión

Hablemos de esquizofrenia

La esquizofrenia y las psicosis son lo que la mayoría de la población denomina locura, es decir, comportamientos, creencias e ideas delirantes anómalas culturalmente junto con las famosas voces que escuchan. La esquizofrenia, según el DSM-5 (DSM-V, 2013), es un espectro, es decir, existen diversas posibilidades de manifestación de la misma. Asimismo, elimina la división en categorías, que sí aparecía en el DSM-IV; estas eran: paranoide, catatónica, desorganizada, indiferenciada, residual. Como sostiene Mar Rus-Calafell y Serafín Lemos-Giráldez en su trabajo estas categorías no permitían un adecuado diagnóstico, ya que las formas de presentación de la enfermedad son muy diversas y variadas. Según el DSM-V los criterios de tipo A para diagnosticar a una persona de esquizofrenia son delirios (creencias fijas, no tienen por qué ser falsas ni tampoco verídicas), alucinaciones y habla desorganizada, siendo el primero necesario para que se dé el diagnóstico. Las alucinaciones puede ser auditivas, visuales o táctiles, no son sólo voces como algunas personas creen. Ciertamente, para una persona que no sufre el trastorno es complicado entender y comprender cómo se siente una persona ante estas alucinaciones y delirios, más si no entienden lo que está ocurriendo. En este enlace podéis ver la experiencia de una persona que comienza a sufrir los primeros síntomas de la esquizofrenia. Asimismo, recordar que, salvo excepciones muy raras, esta no se da hasta la edad adulta y normalmente es más común en hombres que en mujeres. Pero, vamos a lo que importa ¿Cuál es el estigma que sufren las personas que son diagnosticadas con esquizofrenia? ¿Cómo les tratará la sociedad y cuál será su hueco en la misma?

Según el Disabilithy rigths California, “El estigma hace referencia a las actitudes y creencias que conducen a las personas a rechazar, evitar y temer a aquellos a quienes perciben diferentes”. Así el estigma que recae sobre las esquizofrenicas, además de su etiqueta de enferma mental, como se puede leer en

Enfermedad (mental) y estigma

Existen una serie de tópicos que se repiten una y otra vez sobre las personas que tienen esquizofrenia. Se dice de estas personas que son violentas, así como sus actitudes se perciben como anómalas y cómicas. Obviamente, también influyen otros factores dentro de este estigma, como son la predisposición de las familias y si estas viven en un ámbito rural o no. Ciertamente, sobre la violencia diversos son los estudios que demuestran que la violencia solo se produce en un dos por cientos de los casos y que, por tanto, no es una proporción relevante como para considerar a todas las enfermas de esquizofrenia como sujetos violentos que han de ser encerrados en cárceles o psiquiátricos. Aunque ciertamente, existen diversos estudios, más o menos sesgados, que muestran que esta supuesta peligrosidad sí que se puede dar pero sigue siendo residual. De hecho, es más común que esta violencia se dé hacia las personas que sufren esquizofrenia que a la inversa, así lo atestigua este estudio. Ello implica que la sociedad ya se distancie de ellas para no ser agredidos, aunque ello se base en suposiciones falsas.

También, este distanciamiento implica ser un objeto aislado de la sociedad, ya que se percibe a esta persona como un individuo anómalo y que, por tanto, no encaja dentro ni de los esquemas culturales de dicha sociedad ni dentro del orden capitalista y patriarcal. Por ello, la persona con esquizofrenia, a pesar de la medicación y de sus efectos secundarios, se ve obligada a permanecer encerrada, es decir, dentro del psiquiátrico, de la cárcel o dentro de la casa familiar. De esta manera, la enferma se ve obligada a depender sin que el estado muestre un verdadero interés en reinsertar a dicha enferma y sin casi prestaciones, puesto que la salud mental no está en el orden del día, prueba de ello es que dicha salud no se encuentra en ninguno de los programas electorales de los cuatro partidos más importantes (PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos). No existe, pues, para ella más posibilidad que la de ser aquel residuo del sistema, que ha de ser escondido, estigmatizado para que no moleste, para que la supuesta paz social se mantenga y que no nos sintamos incómodas ante la salud mental, pues si existe no ha de verse, mucho menos cuando estamos ante enfermedades mentales graves, como la esquizofrenia.