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Gracias a la confluencia

Superada la resaca electoral, el panorama que deja el 26J exige una seria reflexión. Es el momento de abordar un debate serio y sincero donde los intereses partidistas no eviten señalar las claves del desastre. Porque en contra de lo que ya se predica desde varios sectores en los platós de televisión, no hay una sola causa que explique este resultado, y todo lo que sea simplificar el problema agrava aún más la situación. Por ello acusar a la “confluencia” de ser la causa de la desaparición de un millón de votantes, es además de falso, irresponsable y peligroso.

Firmar la confluencia no era un cheque en blanco que garantizase la mayoría absoluta, el acuerdo requería de un esfuerzo extra que nos permitiese llegar a la gente, algo que no hemos conseguimos por varias razones.

El primer error fue retrasar lo inevitable y concurrir en candidaturas separadas el 20D (a excepción de Catalunya y Galicia, donde los resultados ratificaron la necesidad de confluir). Esa campaña desanimó a un electorado que se vio obligado a elegir y a aguantar los ataques cruzados entre ambas fuerzas, lo que desgastó tanto a Izquierda Unida como a Podemos. La lucha fraticida dio munición tanto a los críticos con la confluencia como a nuestros adversarios políticos, y por supuesto, esa munición fue utilizada.

La actitud tras el 20D no ayudó. Cinco meses perdidos, en los que la ciudadanía percibió la realidad política como un juego de sillas. Se saturó a la gente con mensajes vacíos cargados de prepotencia y arrogancia, lo que a medio plazo provocó una desmovilización del electorado y un aumento de la abstención entre los potenciales votantes de Unidos Podemos.

La confluencia nació así imperfecta, no solo por lo ya mencionado, sino también por la imposición de “cuneros” y la nula voluntad de negociar y cooperar en algunos territorios. Faltó tiempo para transmitir nuestro mensaje, y una estrategia comunicativa basada en captar votantes de centro, propició una perdida de votos en la izquierda. Hablar más del PSOE que del programa propio despistaba al electorado casi tanto como definirse socialdemócrata tras renegar del Marxismo-Leninismo y decir que hablar en términos izquierda-derecha no funcionaba.

No se puede movilizar a votantes antiOTAN con un JEMAD como cabeza de lista, ni pretender que provincias pequeñas voten a un candidato que jamás había pisado la circunscripción por la que se presentaba, y tampoco puedes buscar votos cuando has pasado de la “cal viva” a darle a Zapatero el titulo de “mejor presidente de España”.

Todo esto mientras las estructuras del estado orquestaban una campaña de terror mediático, nada nuevo. Venezuela, el Brexit y las colas en los supermercados han podido más que la ilusión de nuestra campaña.Por ello apelar a la manipulación mediática como causa del descalabro es un argumento que carece de validez, ya que entraba dentro de lo previsto.

El cúmulo de errores propios sumado a los ataques externos e internos han provocado un resultado decepcionate pero suficiente como para hacernos reaccionar y seguir haciendo más fuerte la necesaria confluencia.

 

Néstor Prieto
Salmantino, políticamente incorrecto.