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Entrevista a Lagarder, el periodista de los sin techo

Lagarder es un activista sin techo que viaja sin destino en defensa de los Derechos Humanos. Se autodefine como educador y aprendiz, gay, rumano, gitano, ateo, vagabundo y okupa. image1

Pregunta: A su parecer, y por su experiencia recorriendo varias comunidades autónomas de España, ¿dónde se encuentra(n) la(s) zona(s) de mayor emergencia social y humanitaria del país? ¿Hay un sector de la población más afectado? Es decir, ¿se podría enfocar la atención?

Respuesta: Cierto, he recorrido varias ciudades de España, y podría decirte que en todas me había encontrado con mucha pobreza severa, especialmente en Cádiz, Badajoz, Sevilla y Madrid. Los grupos más afectados por la pobreza son las mujeres y mayores sin techo, así como los inmigrantes del Este de Europa condenados a vivir de la rebusca en la basura. Se puede enfocar la atención partiendo de las necesidades de las personas afectadas. En la actualidad, la red de Servicios Sociales se ha privatizado en manos de empresas que buscan el lucro social con la pobreza. Sus intervenciones están enfocadas en el asistencialismo para que los aparatos creados sigan funcionando, algo terrible que hay que visibilizar y denunciar.

P: Usted se ha encontrado bastante rechazo, maltrato incluso por lo que he visto con Osuna, por parte de políticos y medios de comunicación. ¿Esto ha dificultado su lucha? ¿Qué mensaje le dedicaría a estas personas?

R: Sí, el alcalde Osuna de Mérida (PSOE) me trató con desprecio e insulto por visibilizar la desatención de las personas sin techo. En esta ruta de la pobreza por España me he topado con muchos obstáculos por parte de los políticos, que considero torpes e inútiles, así como por parte de los medios (al servicio de los políticos, que los subvencionan). El mensaje que transmitiría a los políticos es que no se olviden que son servidores del pueblo y que deben servirlo.

P: ¿Cómo cree que pueden ayudar quienes vean su activismo? Usted ha formado parte de Campamentos Dignidad, ¿qué objetivos han conseguido?

R: Buena pregunta. Me encuentro a diario con mucha gente que quiere ayudar. El problema es que muchos no saben cómo, y caen en el camino de la caridad, que tanto nos humilla a los pobres. Hay que ayudar a la gente que sufre pobreza de igual a igual: charlar, abrazar, interesarse de verdad para que cojan confianza. La solidaridad cuando se ejerce de forma desinteresada da buenos resultados, y cuando nos lo proponemos los humanos somos capaces de hacer cosas extraordinarias. Sólo hay que encontrar el espacio y tiempo para dedicarle la atención que se merece, la atención social. Hemos logrado, desde el 17 de septiembre del año pasado, visibilizar a los colectivos marginales. Queda mucho camino, pero me muestro satisfecho con esta ruta, ya que empodera a los pobres y pone en evidencia el maltrato institucional ejercido durante décadas.

P: ¿Ha militado o formado parte de algún partido o movimiento?

R: Sí, he participado en Podemos Sevilla en sus inicios pero pronto lo dejé por no priorizar a las personas sin techo y a los inmigrantes tan machacados en la ciudad de Sevilla. La prensa me suele etiquetar y relacionar con Podemos y lo quiero dejar claro: soy un activista independiente que muerde la inmoralidad de los políticos.

P: ¿Qué le incitó a hacer este valioso periodismo? ¿Qué ha influido en usted?

R: Siempre me ha gustado escribir, exprimir palabras, y en la calle me he encontrado con historias muy valiosas que la sociedad ignora. Con el tiempo las personas sin techo han empezado a nombrarme “el periodista de los sin techo”, definición que he asumido desde el principio. Este trabajo de activista y periodista de la gente marginal me ha aportado mucho, sobre todo sabiduría, que reside en los espacios que abrazan las experiencias que los pobres experimentan las veinticuatro horas del día, y había que dar valor a sus acciones tan válidas. Este trabajo también ha servido para que las personas sin techo recuperen la confianza perdida en los medios de comunicación, que en su mayor parte han transmitido noticias que no se correspondían con el sentir de la calle.

P: Por lo que he visto en su blog le han desahuciado, ¿cómo se mantiene ahora? ¿Cómo se encuentra?

R: Bueno no llegaron a desahuciarme pero sí me avisaban a diario. Fue terrible; la presión que sentía no sabía canalizarla, y gracias a los sin techo de Sevilla asumí que era otro pobre más de la ciudad. Me mantengo gracias a la solidaridad del pueblo: la gente me suele reconocer y se ofrece a ayudarme. Lo más bonito que me ha pasado fue un encuentro con una pareja de ancianos de Sevilla que me invitaron a comer. Estos actos de solidaridad me mantienen firme en mi lucha por los derechos humanos. Actualmente estoy en Madrid, duermo en la Plaza Mayor junto a 70 personas sin techo y activistas que luchan por los derechos de los refugiados. Me encuentro bien ahora, ya que he encontrado la libertad en la calle. El inicio fue duro, pero ha merecido la pena abrazar esta experiencia.

P: ¿Qué espera del futuro? Imagínese dentro de 20 años, ¿cómo cree que será esa sociedad de 2036, y cómo espera que sea?

R: Vivo más en el presente, pero analizando los acontecimientos y la sociología del pueblo es fácil darse cuenta de que vamos hacia un futuro tecnológico que apuesta por la inteligencia artificial. Somos cada vez más máquinas, pensamos demasiado y sentimos poco, y creo que una sociedad sin valores humanistas está condenada a desaparecer. Me preocupa mucho, y por ello apuesto por la inteligencia emocional como canal de comunicación que puede despertar conciencias.

P: ¿Qué piensa sobre Acnur, Amnistía Internacional o la ONU? Algunos de estos proyectos fallan a las personas: Acnur en la emergencia de Grecia o la ONU en países como Sierra Leona. ¿Hay algún proyecto de este tipo que le agrade?

R: Estas ONG que nombras están al servicio del poder. Cuentan con un potente marketing para manipular y desorientar al pueblo. Hemos visto el papel de estas organizaciones en la crisis de los refugiados. Participaron con los gobiernos en la criminalización de la pobreza, apostaron por la apertura de los “campos de concentración” en suelo europeo y no denunciaron la no-aplicación de la carta de Derechos Humanos. Miles de refugiados han pedido asilo y ACNUR, para ser más concreto, ha participado en el desmantelamiento de los campamentos de Grecia, negando la información correspondiente a muchos refugiados que actualmente están en Turquía, país que no respeta los derechos humanos. En el campamento de Calais hay una escuela de autogestión que han montado los propios refugiados y está dando buenos resultados. Este verano si consigo recaudar dinero quiero enseñar y que me enseñen en esta escuela.

P: ¿Tiene objetivos? Con este proyecto pretende dar voz a personas que por su situación de total desamparo no tienen, nadie quiere escucharles. Usted ha creado una comunidad en la que todos ellos tienen cabida y además son protagonistas, ¿hay una meta? ¿crear más que voz? ¿una institución quizá o solo concienciar? Que ya es una meta por sí solo.

R: Como te comenté el objetivo fundamental es la visibilización, para que la gente tome conciencia. En el camino surgen muchas iniciativas y una de ellas es la creación de una Plataforma nacional para las personas sin techo y canalizar el esfuerzo de mucha gente que trabaja con los colectivos marginales. Con suerte, quizás en otoño tendremos la plataforma como herramienta para avanzar y conseguir dignificar la vida de los ciencuenta mil sin techo de España, ya que con la dignidad y solidaridad no se hace negocio. Apuesto por una red de servicios sociales públicos y lucharé hasta el final para recuperarlos.

P: Aunque el problema no es sencillo, ¿dónde cree que residen las causas? ¿Cuáles son las soluciones?

R: Hay muchas causas que determinan que haya pobres, y una de ellas y la más importante es el capitalismo, sistema generador de pobreza. El capitalismo hace sentirse culpable al pobre por su condición social y le criminaliza constantemente para que no salga de este círculo. La solución principal es la educación, ya que tiene capacidad de empoderar a las personas.