Editorial Estado Español

Editorial: España, vuelva usted mañana

«Una gota de pura valentía
vale más que un océano cobarde».

Las elecciones generales del 26J han marcado ya, con sus resultados, la trayectoria a corto y medio plazo de los partidos participantes. También, y aunque esto no se destaque demasiado en la mayoría de los medios de comunicación, han señalado a las encuestas como máquinas de desinformar. Sin embargo, precisamente por no haber sido algo que los medios hayan comentado en su necesaria medida, esta idea no va a quedar impresa en muchas.

La línea seguida es la lógica, la natural: frente a unos resultados claramente decepcionantes para los tres partidos que siguen a los populares, el Partido Socialista ha decidido devolverle la pelota a Unidos Podemos, y delegar en ellos la responsabilidad del sistema electoral futuro ─que es lo que finalmente significa el «no vamos a apoyar ni a abstenernos frente al Partido Popular» de Hernando. Lo que los socialistas han aprendido ahora es a imitar el tono calmado y decepcionado de Podemos en estas elecciones. Por otro lado, el equipo de Unidos Podemos no tiene la llave para desterrar las políticas criminales del Partido Popular, después de todo.

En los pasados cinco años, hemos asistido a sus dolorosas prácticas políticas, de todo color. Las que nos vienen antes a la cabeza son, evidentemente, las más gruesas: la detención de dos titiriteros y las varias Operaciones Araña, las repetidas mentiras del ex ministro Soria, las escuchas de Fernández Díaz y la posterior amenaza al diario Público, la continuada prevaricación y el cobro de comisiones infladas, el cambio del artículo 135, la abdicación del Jefe de Estado sin referéndum, las muertes de Melilla… Todo esto va a seguir formando parte de nuestro ADN.

Finalmente, las razones de tales resultados son, en profundidad, complejas y difíciles de explorar. Las más evidentes, sin embargo, saltan a la vista: la polarización del espectro político, la apelación al voto útil y la desinformación, unidas con el fuerte pegamento del miedo y de una mayoría social que todavía entiende la realidad con las gafas de la vieja cultura que algunos llaman franquismo sociológico… todo ello ha contribuido claramente a los resultados actuales. Se da el caso de que los mayores de 55 años han decidido apoyar, con su voto, unas políticas que poco falta para poder tildar legalmente de criminales ─ y que destruyen paso a paso las condiciones de posibilidad que harían del futuro de las jóvenes algo digno per se.

Sin embargo, la dignidad no tiene que estar necesariamente en las condiciones. Las antiguas luchadoras que hicieron la democracia de este país y de muchos otros nos enseñaron que la dignidad está también en las calles, haciendo de una vida próspera un derecho, y no un privilegio. En la vida cotidiana se levanta, con actos cotidianos, esa dignidad, frente a la cual nada puede vencer: está en el ayudar, en el cariño y la ternura, en el leer y en el pensar. Las urnas son un instante, quizá de importancia; pero nunca sustituirán a todas las vidas finitas e irrepetibles con las que, unidas, podemos entender un país y un mundo mejor.