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Chirbes, el autor que heredó la derrota

Rafael Chirbes nació en Tabernes de Valldigna el 27 de junio de 1949 y murió hace menos de un año en la misma localidad. Me cuesta ser objetiva y no sentir cierta lástima al recordar su fallecimiento, pues sus novelas y ensayos siempre lucharon contra la realidad, la desmemoria y aquel PSOE que se vendió y vendió a la República en esa estúpida transición. Más aún sabiendo lo que ayer ocurrió; otra vez el país “envenenado por el Franquismo”, como diría Max Aub, volvió a huir de aquel Pantano que le dio a Chirbes el éxito literario y le dio el título de escritor de la crisis. Título, que no se merecía, no porque no lo valiese, sino porque fue y es mucho más que un escritor de la crisis. Chirbes fue un escritor que supo cambiar el punto de vista, desnudar a la clase obrera española, a los herederos de la transición, un portavoz de la memoria colectiva, un fantástico crítico literario y un largo etcétera.

La crítica literaria no quiso reconocerle el mérito hasta casi sus últimos días. Resultó ser un escritor incómodo que ponía de vuelta y media a todo aquel que decidió que la Transición consistía en cambiar nombres pero no significados ni conceptos. Esa transición que decidió desterrar en el olvido todo el daño que causó el Franquismo, a todos aquellos republicanos que lucharon por impedirlo, a los exiliados que escribieron relatos alternativos, a la resistencia antifranquista. Asimismo, mostró en cada una de sus obras cómo la riqueza de España estaba manchada de sangre, de sangre franquista o capitalista. Fue un escritor con conciencia social que no recibió ningún reconocimiento hasta que a la crítica no le quedó más remedio, por no ser un palmero del poder. No obstante, también, criticó a su propio bando y a sus compañeros “desmemoriados” de generación, pues llegó a decir que el “neorepublicanismo no era más que una moda”. No hay que olvidarse de la influencia de Walter Benjamin y la necesidad de una “memoria colectiva”, presente en la mayoría de sus obras (Pecados Originales, La Larga Marcha En la Orilla).

Tampoco hay que olvidar que era un estupendo lector y que manejaba muy adecuadamente las técnicas narrativas. No son pocos los ensayos que dedica a la función del escritor, como es el caso del El Novelista Perplejo o en diversos artículos publicados por diversas revistas más o menos especializadas. Así mismo supo entender que era necesaria una nueva forma de realismo. Esta nueva forma tendrá reminiscencias de Bacon, Max Aub o Galdós. Un realismo, que se encontraba en crisis, pero que supo adaptar y reconvertir siguiendo el Principio de Arquímedes de la literatura (sustituir un objeto por otro en un lugar que no le corresponde). En definitiva, Chirbes dejó un hueco enorme en el panorama literario español actual pero sus textos, casi universales, siempre estarán para aquellos que busquen respuestas y una nueva forma de mirar, tan necesaria. Como diría, Bertolt Brecht, hay hombres “imprescindibles” y Chirbes sin duda lo es.

“Sólo sobreviven quienes consiguen creerse que son lo que no son”. (En La Orilla, Rafael Chirbes)