Artículos de opinión Feminismo

Agresiones, Parte I: ¿Estamos con la agredida?

Antes de nada, vamos a intentar mediante varios artículos profundizar sobre la cuestión de las agresiones machistas que vivimos las mujeres desde diferentes ángulos: la agresión, la agredida, el agresor, el círculo, etc. Y es que con 38 mujeres asesinadas por violencia machista hasta el mes de Mayo y 1.100 denuncias sólo ante la justicia por violación, así como el acoso que sufrimos y no denunciamos, plantea la necesidad de la sororidad, los cuidados y la autodefensa así como la o una mayor consciencia sobre el Patriarcado.

Todo el mundo sabe decir que las agresiones están mal y hay que condenarlas así como apoyar a la víctima, pero a la hora de la verdad, llevar las palabras y el discurso a la práctica es “bastante” difícil, tornándose la realidad bien distinta. El compañerismo, la familiaridad, el amiguismo y un largo etcétera hacen que se posicionen directa o indirectamente a favor del agresor. ¿Y cómo es esto? Pues bien cuando la víctima decide contarte que tu colega (vamos a ponerle esta etiqueta para no repetirnos, pero cualquier campo social es totalmente válido) la ha agredido y lo primero que le sueltas es: “¿estás segura?”, ”¿él? ¿cómo va a ser? Si es muy buena gente” “¿tienes alguna prueba?”, ¿lo has denunciado (vía legal)?”, “bueno, no me puedo posicionar, no estuve allí para saber si es verdad” y un largo etcétera, debería hacernos reflexionar seriamente si estamos en contra de las agresiones o sólo de las desconocidas. Y con las desconocidas casi me atrevería a decir de forma total, porque nos parece una barbaridad que 30 hombres violaran a una chica de 16 años en Brasil, pero que nuestro colega haya violado a nuestra amiga es otra historia. Debería de beber menos, no llevar ropa tan provocativa o puede que incluso ella se lo esté inventando (no sabemos muy bien por qué, pero a las mujeres les encanta inventarse que las maltratan, las acosan y las violan) aunque también puedo “apoyarla” y seguir yéndome de cervezas con él.

Pero es que ese apoyo no es real, es un apoyo para acallar la conciencia por las contradicciones aflorando al saber que no estás haciendo nada.

Seamos claros y claras; mantener una relación como si no hubiese pasado nada con el agresor y/o no posicionarse es apoyarlo tanto como apoyarlo abiertamente, así como exigir a la agredida comprensión por su postura ya que es una situación difícil para ellos (como si para ella no lo fuese nada). Estar con la agredida no es simplemente “me parecen deleznables las agresiones”, es ser consecuentes con nuestros actos a las palabras que decimos y las consignas que cantamos en las manifestaciones  o en nuestro día a día.

Cualquiera que se autodenomine feminista, que apoye el feminismo o meramente diga que apoya la lucha de las mujeres, debe hacer una profunda reflexión sobre estas actitudes y autocrítica, porque una violación no es un callejón oscuro de noche por donde iba una chica sola y fue asaltada.

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