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El Che Guevara, criminalización, idealización y mercantilización.

Hoy se cumplen 88 años del nacimiento, en Rosario (Argentina), de Ernesto Guevara de la Serna, quien en su época como comandante revolucionario sería apodado “El Che”.

Una figura controvertida: criminalizado, vendido como un asesino, sádico, genocida, que fusilaba gente por gusto, por unos; idealizado (tal vez en demasía) por otros, recordado como un símbolo revolucionario, un héroe antiimperialista, y un ejemplo de internacionalismo. En este artículo intentaré realizar un análisis sobre su figura.

Nacido en el seno de una familia terrateniente y aristocrática en Rosario, graduado en medicina en la Universidad de Buenos Aires, todos los ingredientes que se pueden esperar del típico niño pijo que pretende vivir de forma acomodada toda su vida, pero ese no era Ernesto, en la Universidad empezó a demostrar una fuerte conciencia por las luchas sociales y el antiimperialismo, inspirado sobretodo por el pensamiento de Karl Marx, la URSS gobernada por Iosif Stalin, y, sorpresivamente, por la aparición del movimiento peronista, solía animar a los trabajadores domésticos de su casa y las de sus amigos a votar a Perón (tremendamente odiado por las clases altas de Argentina).

A principios de los años 50 emprendió varios viajes por América Latina junto a sus grandes amigos Alberto Granado y Carlos Ferrer; viajando precariamente, en moto, huyendo de la vida burguesa que le ofrecía su familia, conociendo a multitud de luchadores sociales y antiimperialistas, desarrollando su filosofía y su ideología. Así, en 1954 se estableció en México, y allí conocido a otro hombre que sería su gran inspiración: Fidel Castro Ruz, exiliado allí desde el fracaso del Asalto al Cuartel Moncada en 1953. En 1956 se unió a la expedición de su nuevo amigo a bordo del yate Granma, para dirigirse a Cuba y derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista. Ya en Cuba, desde las montañas de Sierra Maestra comenzaron una guerra de guerrillas, durante la cuál él recibió su conocido apodo de “El Che” por parte de sus camaradas de lucha. Desde las montañas lograron llegar hasta Santa Clara y luego hasta La Habana el 1 de enero de 1959, derrocando a la dictadura de Batista.

Tras la victoria de la Revolución Cubana, el Che fue designado responsable de la Fortaleza de La Cabaña, y más tarde Presidente del Banco Nacional, y Ministro de Industria. Pero para el Che la labor no había acabado, debía extender la Revolución y no podía mantenerse en Cuba. A principios de 1965 renunció a sus cargos, le escribió una carta de despedida a Fidel, y emprendió un viaje a África para apoyar a los rebeldes congoleños contra la dictadura de Joseph Kasa-Vubu, una expedición que duró siete meses y supuso un fracaso tras otro, finalmente abandonándola. Al año siguiente viajó a Bolivia, para luchar contra la dictadura de René Barrientos y extender la Revolución por América Latina, sin embargo, el 8 de octubre fue capturado por agentes de la CIA, y al día siguiente fue fusilado mientras gritaba “Dispara, cobarde, solo vas a matar a un hombre”, el hombre moría, su figura se hacía inmortal.

Uno de los argumentos más usados por sus detractores son las ejecuciones que ordenó en la Fortaleza de la Cabaña, multitud de antiguos militares y colaboradores del derrocado régimen de Batista fueron fusilados, acusados de crímenes de guerra. Sus detractores han mantenido siempre que fueron fusilamientos sin garantías ni juicios apropiados, cosa totalmente falsa, pues se estableció un sistema judicial con tribunales de primera instancia y un tribunal de apelación bajo su presidencia, que desarrollaron su actuación en audiencias públicas, con fiscales acusadores, abogados defensores y testigos. Otro de los argumentos que usan contra él es su odio hacia los homosexuales, acusándole de haberlos encerrado en campos de concentración, e incluso de haberlos fusilado; sin embargo, no hay pruebas ni testimonios de que fusilara a nadie por su orientación sexual, sí es verdad que la Revolución Cubana implantó unos campos de trabajo para personas no aptas para el servicio militar (aunque al final acabaron copados casi únicamente por homosexuales), las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, donde muchos gays fueron encerrados bajo el lema “el trabajo os hará hombres”; no obstante, estos campos estuvieron operativos entre 1965 y 1968, cuando el Che ya ni siquiera vía en Cuba. También es digno de mención que el gobierno cubano, desde entonces, ha procurado indemnizar, insertar y cerrar las heridas de las víctimas que fueron encerradas en las UMAP durante sus únicos tres años de funcionamiento, el mismo Fidel Castro ha dicho multitud de veces que aquél “fue el peor y más imperdonable error de su vida”. También se le ha acusado de racista, acusación que se cae al ver que durante la Revolución Cubana él mismo pedía liderar e integrarse en los batallones formados por negros, y que decidió voluntariamente ir a África a luchar por extender la revolución.

No obstante, el Che también es una figura excesivamente idealizada por la izquierda, no hay que olvidar que, aunque ni los fusilaba ni los encerraba en las UMAP, no le hacían ninguna gracia los gays, cosa que puede ser comprensible para la época, pero nunca justificable ni perdonable. Ni que, aunque fue un prolífico escritor de libros estrategia revolucionaria, es imperativo señalar que sus teorías son excesivamente izquierdistas.

Pero, si el Che es tan odiado y criminalizado por el sistema capitalista, ¿por qué se ha mercantilizado tanto su imagen? Todo el mundo habrá visto camisetas con la famoso foto del Guevara, tomada por Alberto Korda en 1964, pero, ¿a qué se debe esta comercialización? La respuesta puede tenerla Lenin, cuando, en uno de sus escritos (no recuerdo ahora mismo si “El Estado y la Revolución” o “Imperialismo: Fase Superior del Capitalismo”) analiza cómo la oligarquía pretendía convertir a Marx en una figura benévola para la burguesía, a pesar de haberle criminalizado hasta la saciedad en vida; y también Manuel Navarrete, quien en su artículo “Culto a la Derrota” analiza cómo personajes que fueron “derrotados” en vida (como el Che, Allende, Malcolm X, Luther King o Trotsky) son vendidos de forma benévola, mientras aquéllos que lograron “vencer” en vida (Lenin, Stalin, Castro o Chávez) son incesantemente criminalizados, intentando vendernos que la revolución es admirable, pero salir vencedor de ella no lo es tanto.